A vivir que son dos díasLa píldora de Enric González
Opinión

Blanco o negro

Los trenes de toda la vida funcionaban regular tirando a mal y Rodalies, los cercanías catalanes, era un desastre apabullante. Pero ay, el Ave, qué maravilla

El periodista Enric González. / Cadena SER

Barcelona

A veces somos un poco exagerados. Propensos a los bandazos. O estamos en un extremo o estamos en el otro.

Hace exactamente dos semanas creíamos disponer de la mejor red europea de alta velocidad. Los trenes de toda la vida funcionaban regular tirando a mal y Rodalies, los cercanías catalanes, era un desastre apabullante. Pero ay, el Ave, qué maravilla. Las vías tenían tanta calidad y resistencia que, en cosa de pocos meses, las locomotoras iban a ponerse a 350 kilómetros por hora entre Madrid y Barcelona. Lo cual permitiría que circularan aún más trenes y más viajeros.

De eso, decía, hace dos semanas. El 18 de enero hubo un trágico accidente ferroviario en Andalucía. El primero de la alta velocidad. Murieron 45 personas. Todo mi afecto para sus familiares.

Desde ese accidente, la alta velocidad española es la más lenta del mundo. Los maquinistas deben circular poco a poco, porque resulta que las vías no son fiables. Hay menos pasajeros porque tienen miedo. Lo que hace dos semanas suscitaba la admiración planetaria es hoy una ruina y un peligro.

Pero ni antes, supongo, era tan maravillosa la alta velocidad, ni ahora estará tan mal la vía como para viajar a paso de tortuga. Da lo mismo. Somos de blanco o negro.

Podríamos poner otros ejemplos de exageración. Lo del debate sobre la guerra civil que iba a celebrarse en Sevilla, sin ir más lejos. Resulta que se ha suspendido porque estaba a punto de provocar otra guerra civil, por suerte virtual, o sea, inventada. El escándalo consistía, básicamente, en que en el debate había fachas y en el título faltaban interrogantes. A algunos les pareció intolerable que en un debate sobre la guerra civil estuvieran quienes por desgracia la ganaron, es decir, los fachas sin interrogantes.

Ya puestos, permitan que exagere yo también: cada día una borrasca y el gobierno sin dimitir.

Me llamo Enric González. Les deseo un fin de semana exageradamente feliz.