Antonio Villareal, periodista: “Las tertulias son opiniones, no verdades”
El periodista presenta 'Tertulianos: un viaje a la industria de la opinión en España' (editorial Península), un ensayo que retrata la industria de la opinión que vive entre la precariedad y el poder, entre la teatralidad y la política real

Madrid
Antonio Villarreal, periodista, explica que durante el franquismo y la predemocracia hablar de política en la radio era prácticamente imposible. Cuando nacieron las primeras tertulias durante la Transición se vivieron como una pequeña conquista, un símbolo de la libertad de expresión. En los años ochenta, los participantes eran eruditos —directores de periódico, catedráticos, dramaturgos o científicos— y las tertulias eran más bien escasas. Cuatro décadas después, el panorama es otro: las tertulias se han multiplicado y también los rostros y voces que las habitan, reflejo de un país que, al compás del tiempo, ha mudado de piel y de costumbres.
El periodista cordobés recuerda que, en el pasado “los tertulianos, en lugar de mirar a sus compañeros —o a sus adversarios—, buscaban el ojo de la cámara para pronunciar una frase que cuajara”. Hoy la conversación no termina cuando se apagan los focos. Las redes sociales permiten una “tertulia infinita”, sostenida por algunos participantes a los que define como auténticos “creadores de contenido”. A su juicio “no se limitan a acudir al plató: prolongan la discusión en internet, se responden unos a otros y regresan a la siguiente tertulia con el ambiente previamente calentado”.
Hablando con una investigadora de Tarragona esta recordó su estancia en la BBC de Escocia donde al preguntar cómo organizaban las tertulias se encontraron horrorizados ante el modelo español: “¿Cómo mides cuánto habla cada uno?”, “¿Cómo compruebas que hay equilibrio en lo que se dice?”, “¿Cómo verificas?”. Esa preocupación por el rigor conecta con lo que Villarreal detectó en sus entrevistas: “Mucha gente hablaba de forma extraña y ahí me di cuenta de que no es un entretenimiento inocuo; la mayoría solo se informan escuchando una única tertulia de un corte concreto”. Para él “la opinión pública, en cierto modo, ha pasado de ser la opinión de los tertulianos”, y advierte que incluso los periódicos se están dejando influir por enfoques cada vez más “tertulianeados”.
El periodista subraya que, aunque los medios tienen una línea editorial, “hacen un esfuerzo por incluir distintos matices ideológicos dentro de ella, porque lo que necesitas para que una tertulia funcione es pluralismo”. Al mismo tiempo, señala que las cadenas aún ejercen cierto control sobre el debate a través del moderador capaz de “nivelar el campo hacia un sitio o hacia otro”. Con cierta ironía, reconoce que "lo que nos fustiga es que desaparezcan los periodistas las tertulias y sean sustituidos por tertulianos ultra profesionales que hablan mejor".




