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Fernando Colomo: El director que nunca ha cambiado

El realizador de películas como Tigres de papel, ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?, Bajarse al moro o Las delicias del jardín cumple 80 años.

Corría la primera mitad de los años setenta y Fernando Colomo rodaba sus primeros cortometrajes, como Pomporrutas imperiales. Había nacido en 1946 en plena posguerra. Era madrileño, aunque no de Madrid capital, sino de Navalcarnero. El cine siempre fue su vocación. A los dieciocho años intentó matricularse en la Escuela Oficial de Cine, pero no le dejaron porque se exigía tener al menos veintiuno. Así que estudió primero arquitectura en la Universidad y, una vez licenciado, cumplió su sueño de entrar en la Escuela de cine. “Mi paso por la escuela de cine fue muy provechoso. Todos los días había dos o tres películas. Me iba a la escuela, veía cine, hacía contactos. En fin, ibas aprendiendo. También veías cómo se planificaba, cómo los compañeros iban haciendo las prácticas y aprendíamos mucho. También de todos los errores que se iban cometiendo”, recuerda.

Al mismo tiempo trabajaba como arquitecto y con lo que ganaba financiaba sus primeros cortos. Su amigo, el director de fotografía Javier Aguirresarobe, no salía de su asombro. “Javier estaba alucinado porque me decía que, cuando cobraba por un chalé, me iba a Kodak a comprar negativo para rodar. Y, efectivamente, mi obsesión era tener dinero para el negativo”, rememora Colomo.

Por fin, en 1977, decidió arriesgarse y rodar su primer largometraje. Para financiarlo creó en régimen de cooperativa una productora vendiendo participaciones a sus parientes y amigos a los que también pedía prestadas sus casas para rodar los interiores. Unos meses después se estrenaba la película. Era Tigres de papel que, con un estilo novedoso que mantenía el espíritu aficionado de sus cortos, reflejaba los cambios, los ideales y las contradicciones de los jóvenes progres durante la transición. Colomo pretendía hacer una película seria, con una fuerte carga ideológica, pero cuando la película se proyectó en el Festival de San Sebastián descubrió que el público se partía de risa con los diálogos y acabó promocionándola como una comedia.

Tigres de papel fue también la primera película de Carmen Maura que, un año después, volvía a ponerse a las órdenes del director en ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? Estas dos películas marcaron el nacimiento de un pequeño subgénero dentro del cine español: la comedia madrileña, de la que Colomo, muy a su pesar, se convirtió en su principal representante. “Yo intenté hacer algo totalmente distinto y desde luego creo que lo conseguí, pero no quería que me encasillaran en un tipo de cine y, a pesar de eso, creo que me encasillaron. Con lo cual es imposible huir del encasillamiento”, explica. Y es que al director nunca le ha gustado esa etiqueta. Lo de comedia, vale, porque es su género habitual, pero si muchas de sus películas transcurren en Madrid es solo porque rodar en la ciudad le resultaba más barato. También ha rodado en otras ciudades españolas e incluso fuera de España. Cuarteto de La Habana, por ejemplo, la rodó en Cuba. La línea del cielo, en Nueva York; El efecto mariposa, en Londres y Miss Caribe en México.

Como decimos, la inmensa mayoría de sus películas son comedias, aunque hay alguna excepción, como El Caballero del dragón que rodó en 1985. Una gran superproducción de fantasía con reparto internacional que mezclaba la Edad Media con extraterrestres y que fue un fracaso económico, además de provocarle mil dolores de cabeza. “Yo creo que después de eso tenía que haber ido al psiquiatra porque ¿a quién se le ocurre hacer una película como esa?”, recuerda. “En su momento fue la película más cara del cine español y fue realmente una especie de máster de todo lo que no debes hacer. Aprendí muchísimo y Klaus Kinski fue la pesadilla del rodaje. Era un tipo imposible. Estaba siempre como cabreado”.

A lo largo de su carrera, Fernando Colomo las ha visto de todos los colores. “Mi vida es una serie de éxito, fracaso, éxito, fracaso, éxito, fracaso”, dice. En efecto, en su filmografía, hay bastantes éxitos de taquilla, como La vida alegre, Bajarse al moro o, más recientemente, La tribu, que fue vista por más de un millón de espectadores en el año 2018. Era la historia de un grupo de limpiadoras que formaban un grupo de baile. “Son personajes que me interesan, personajes que me fascinan y que son personajes que, en general, en la sociedad, no están muy valorados porque son mujeres de una determinada edad. Ya no son sexys ni súper guapas, sino que son de distintas profesiones, tampoco muy valoradas. Pero sí que me atraía mostrar esas vidas”, explica.

En sus películas Colomo mira la realidad desde su inagotable perplejidad. Realidad que luego retrata con grandes gotas de sarcasmo e ironía, extrayendo a veces el humor de las situaciones más cotidianas. “Si consigues tener la cualidad que tiene Fernando de convertir en ficción esas cosas reales, pero distorsionándolas un poco, yo creo que está muy bien. Y luego, lo que hace muy bien Fernando es que, no siendo realista, es muy realista”, afirma Antonio Resines, uno de los actores que más veces han trabajo con el director.

Los personajes de sus películas se encuentran a menudo fuera de lugar. “Joaquín Oristrell, con el que he trabajado muchas veces en los guiones, siempre me dice que hago siempre la misma película. La de un marciano que llega, se mete en un sitio que no conoce y que se va asombrando y descubriendo todo un mundo”, reconoce el director. Los temas que ha tratado son muy variados. El mundo de la música clásica en Alegre ma non troppo; el choque de culturas y la inmigración en El Próximo Oriente. A veces, como hace con sus personajes, le gusta meterse en terrenos y temas que desconoce, como hizo en Rivales, una película ambientada en el mundo del fútbol. También encontramos en su cine un agradable toque romántico, como ocurría por ejemplo en Al sur de Granada, película que contaba la juventud del hispanista Gerald Brenan en las Alpujarras. A veces, la comedia se mezcla con el drama, como Los años bárbaros, basada en un caso real la fuga del Valle de los Caídos de dos presos durante los primeros años del franquismo. “Hay épocas de tu vida que a lo mejor te sientes mejor haciendo solo comedia y hay momentos, como de pronto en Los años bárbaros, que te apetece mirar un poco hacia el pasado, no para intentar comprenderlo sino para intentar verlo desde el presente. Meterte como en la piel de esos personajes”, afirma Colomo.

Uno de sus temas más queridos y que aparece en varias de sus películas es el mundo del arte. En La banda Picasso nos mostraba al pintor de joven, acusado de estar involucrado en el robo de la Gioconda. También el mundo del arte es el tema central de su última película, Las delicias del jardín, en la que él mismo y su hijo, el pintor Pablo Colomo, interpretan a dos artistas que han de trabajar juntos en un cuadro basado en El Jardín de las Delicias de El Bosco. “La verdad es que ha sido una forma de trabajar muy natural, porque vivimos juntos y es una historia de un padre y de un hijo que viven juntos”.

Las delicias del jardín nos lleva a hablar de otra faceta de Fernando Colomo: la de actor. El director aparece en pequeños cameos en muchas de sus películas, pero también en papeles secundarios de películas ajenas, como en Todo es mentira, de Álvaro Fernández Armero. “La verdad es que me escogió porque me vio en otra intervención anterior, que era en Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo. Entonces me llamó a casa y me dio una de las grandes alegrías de mi vida”, nos cuenta.

A veces se crece y los cameos y papeles secundarios se le quedan cortos. Tanto en Las delicias del jardín como en otra de sus películas, Isla Bonita, Colomo es el principal protagonista. Por Isla Bonita fue incluso nominado al Goya como actor revelación. También destaca su faceta de productor, que comenzó en 1980 produciendo Ópera prima de Fernando Trueba. Desde entonces ha producido una veintena de películas y ha dado la alternativa a directores como Mariano Barroso, Daniel Calparsoro o Icíar Bollaín. “Me hace gracia porque yo he producido mucho. A veces pienso que no debía haber producido tanto porque me han estado quitando Goyas”, dice divertido.

A sus 80 años Fernando Colomo no tiene ninguna intención de parar y no deja de experimentar y divertirse con el cine, igual que hacía cuando rodaba aquellos primeros cortos. “Una de las particularidades de Las delicias del jardín es que la hemos rodado con móviles”, explicó cuando se estrenó la película. Y es que ya lo dice siempre Carmen Maura: “Fernando Colomo es el único director que, en todo este tiempo, no ha cambiado”.

 

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