"Tenía una esvástica en su muñeca": la anécdota más surrealista de Manuel Burque ayudando a una anciana "superentrañable"
El humorista reconoce que tuvo que hacer de tripas corazón

"Tenía una esvástica en su muñeca": la anécdota más surrealista de Manuel Burque ayudando a una anciana "superentrañable"
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Madrid
A todos nos gusta agradar de vez en cuando. Nos gusta que la gente se lo pase bien con nosotros y que se lleve una buena primera impresión de nuestra persona. De ahí que acabemos actuando en determinados escenarios de una manera que tal vez no haríamos si estuviéramos solos. Y todo ello simplemente por tratar de encajar en un escenario en concreto. Lo hago yo, lo haces tú... y también Manuel Burque, quien ha comenzado el último programa del Me pasa una cosa compartiendo la que sin duda alguna es una de las anécdotas más surrealistas que le han pasado nunca.
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El director del programa relata que la anécdota en cuestión se produjo hace relativamente poco, cuando Manuel Burque se dirigía a casa de unos amigos para comer con ellos: "De pronto, me encontré con una anciana que me parecía como muy entrañable. Me dijo que le dolía un poco el brazo y que a ver si le podía ayudar con las bolsas de la compra". Y, a pesar de que llegaba ya tarde a la comida, el humorista decidió ayudar a la señora para que no se pensara que era un egoísta.
La esvástica de la anciana nazi
Entonces cogió las bolsas y se las llevó a casa. Una vez en el ascensor, Manuel Burque descubrió que la señora llevaba una pequeña esvástica tatuada en la muñeca: "Era una vieja nazi. Y dirás claro, cómo no va a haber una vieja nazi. Hace unos años eran nazis normales, y ahora son nazis viejos. Entonces yo pensé que tal vez le dolía el brazo por eso mismo. Luego pensé que a lo mejor era una vieja rebeldía y que ya lo había superado, así que decidí confiar en que la señora ya había cambiado".
Por todo ello, Manuel Burque hizo de tripas corazón y procedió a subirle las bolsas hasta su casa sin hacer mención alguna al tema de la esvástica. Con el objetivo de romper el hielo, el humorista comenzó a hablarle sobre un tema trivial como el tiempo, diciéndole que habían subido las temperaturas y que ahora daba gusto estar en la calle. Sin embargo, la señora le respondió que ahora no había quien saliera a la calle porque estaba toda llena de chusma.
"Yo por ahí no paso"
Todo ello para, a continuación, explicarle que ya no quedaban personas como ellos dos. Manuel Burque se pensaba que se refería a que ya no quedaban personas majas en el mundo, pero la anciana se refería a que ya no quedaban personas blancas por la calle. De ahí su enfado con el mundo y que no quisiera salir para no rodearse de esa supuesta chusma. Sin embargo, Manuel Burque siguió acompañando a la señora hasta casa: "Quería caerle bien. No quería que pensara que era un joven maleducado, así que seguí adelante".
Total, que llegaron a casa, y Manuel Burque vio que tenía plantas de plástico por todos lados. Algo que no le gustó nada y que le llevó a abandonar la casa de inmediato: "Yo por ahí no paso. Entonces dejé las bolsas en el suelo y me fui. Pero luego volví, le pedí perdón, y le coloqué la compra en la nevera porque me daba mucha pena. Y, al final, acabamos viendo un documental nazi". Por lo tanto, lo que iba a ser una comida con sus amigos, acabó convirtiéndose en el visionado de un documental nazi en el hogar de una anciana nazi que no era tan entrañable como pintaba.

David Justo
(Astrabudua, 1991) Periodista especializado en tecnología que aborda la vida digital desde otro punto...




