Mujeres, jóvenes y sin apellidos ilustres: así cambia el paradigma la nueva hornada de jueces y fiscales
La periodista Isabel Vega entrevista en 'Hora 25' a Ángela Sanz (jueza) y Lydia Ojeda (fiscal), que tras años de formación acaban de encabezar sus respectivas promociones

El banquillo | Mujeres, jóvenes y sin apellidos ilustres: así es la última hornada de jueces y fiscales
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Madrid
La imagen pública de la judicatura en España suele construirse a partir de unos pocos nombres propios muy mediáticos. Jueces y fiscales conocidos por decisiones controvertidas o por su presencia constante en los titulares acaban funcionando, para parte de la ciudadanía, como representación del conjunto. Sin embargo, la realidad de quienes integran hoy la carrera judicial y fiscal dista mucho de ese estereotipo.
La última promoción de la Escuela Judicial, la número 74, es un buen ejemplo. Son 121 nuevos jueces y juezas que recogieron destino esta semana en Barcelona, en un acto presidido por el Rey. El 70,25% son mujeres, con una edad media de 29 años. Han empleado, de media, cinco años y cuatro meses en preparar la oposición y, en su mayoría, no proceden de familias vinculadas al mundo jurídico. Solo un 6,03% tiene jueces en su familia directa y apenas un 15% cuenta con algún pariente dedicado al Derecho, principalmente como abogado.
En la carrera fiscal el patrón es muy similar. La última promoción, que culminó su formación el pasado mes de diciembre, está compuesta por 76 fiscales, más del 75% mujeres. Aunque no existen estadísticas tan detalladas sobre el origen familiar como en el caso de los jueces, el perfil también rompe con la idea de una élite hereditaria y homogénea.
Más información
Tras años de estudio en solitario, ambas carreras desembocan en una fase de formación intensa y práctica. Jueces y fiscales deben trasladarse a Barcelona o Madrid para completar su preparación en la Escuela Judicial o en el Centro de Estudios Jurídicos, respectivamente. Durante ese periodo perciben una retribución de unos 1.400 euros mensuales, insuficiente para vivir en solitario en esas ciudades, lo que les obliga a compartir piso y a construir, casi desde cero, una red personal y profesional.
Ángela Sanz y Lydia Ojeda, dos casos de jóvenes brillantes en el juzgado
Entre quienes han destacado en esta última hornada están Ángela Sanz y Lydia Ojeda. Sanz fue la primera de su promoción en la Escuela Judicial. Tiene 30 años y aprobó la oposición en poco más de cuatro. Ojeda, de 27, encabezó la promoción de fiscales y superó el proceso en algo más de tres años.
"Todo el mundo sabe lo que es ser juez, pero la figura de un fiscal está muy difuminada. Ni yo misma lo sabía muy bien. Mi preparador era fiscal y decidí seguir sus pasos. Me pudo la figura de protección y su intervención activa en el juicio", ha dicho Sanz sobre su motivación para emprender su carrera como fiscal.
La formación, coinciden ambas, está muy lejos de limitarse a memorizar leyes. En las aulas se simulan juicios, se redactan resoluciones, se analizan casos reales y se aprende a tomar decisiones bajo supervisión. Después llegan las prácticas en juzgados y fiscalías reales, primero tuteladas y luego con mayor autonomía.
"En la Escuela Judicial, además de clases teóricas, hay una parte práctica. También se hace una especie de simulación de juicios y participan compañeros del Colegio de Abogados para enfrentarnos a lo que será nuestro día a día", explica Sanz sobre el proceso formativo para jueces.
Además, ha explicado una práctica que es habitual en esas simulaciones: la de enfrentarse a actores. "A veces vienen actores a hacer representaciones de denunciantes y denunciados para escenificar lo que va a ser un juicio real", ha explicado la jueza.
De la práctica al mundo real
Sin embargo, ese paso al 'mundo real' no está exento de choque. La juventud, la percepción de inexperiencia o el desconocimiento ciudadano sobre cómo funciona la Justicia aparecen desde el primer día. También la presión mediática cuando a una jueza recién salida de la escuela le toca asumir una causa compleja o muy expuesta.
"No lo llevo muy bien. Si que es cierto que no tenemos la misma experiencia que un magistrado con 20 años de experiencia a sus espaldas. Pero estamos formados y preparados igualmente. Muchos compañeros se ponen a nuestra disposición para cualquier cosa que necesitamos teniendo en cuenta la independencia que exige la profesión", ha explicado Sanz.
Por su parte, Ojeda también ha contado su experiencia en el otro lado. "He encontrado comentarios sobre mi edad. Lo último que se esperan es ver a una persona tan joven como fiscal", ha afirmado Ojeda.
Las dos siguen la actualidad judicial, aunque con distancia, y reconocen que existe un fuerte estereotipo social sobre jueces y fiscales, alimentado por los casos más visibles. Frente a eso, reivindican una Justicia cotidiana, menos conocida, ejercida por profesionales jóvenes, formados y conscientes de la importancia de explicar mejor lo que hacen.
"Diría que el ciudadano medio tiene un profundo respeto por la institución. A la hora de hacer un juicio se ve cuando llegan a sala. La gente, como regla general, no sabe cómo actuar en sala. Hay personas que levantan la mano para intervenir, por ejemplo", ha finalizado la jueza.




