¿Qué hay detrás del intento de Trump de controlar las elecciones de noviembre?
El presidente tensa una vez más las costuras de la Constitución al exigir que sea el Gobierno federal, y no los Estados, el que monitorice los comicios
Estados Unidos se prepara para las elecciones de medio mandato
Madrid
En Estados Unidos quedan menos de nueve meses para las elecciones de mitad de mandato que se celebrarán el 3 de noviembre. Ese día se votará para renovar la Cámara de Representantes entera y un tercio del Senado. Los republicanos controlan ahora ambas cámaras del Congreso, pero a día de hoy las encuestas a nivel nacional auguran una contundente derrota para Trump y los suyos. El presidente ya ha dicho varias veces que no pueden permitirse perder esas elecciones o los demócratas intentarán procesarle y desalojarle del poder. Pero nunca había ido tan lejos en su retórica como esta semana. Ha pedido abiertamente tener el control de ese proceso electoral. El argumento, evitar un fraude como el de las elecciones presidenciales de 2020 que perdió frente a Joe Biden. Fraude que nunca existió.
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Vamos a ir de lo particular a lo general para poner un poco de contexto. Esta semana ha habido una elección especial para cubrir una vacante en el Senado de Texas, estado eminentemente republicano. El candidato demócrata ha ganado por 14 puntos. Pero lo más llamativo es que en el distrito en cuestión, hace poco más de un año, Trump ganó por 17 puntos. Es decir, ha habido un vuelco de 31 puntos en favor de los demócratas. ¿Es algo circunstancial o un síntoma? Trump se desvinculó de inmediato diciendo que "es una elección local de Texas en la que yo no tengo nada que ver". Cuando la periodista le preguntó si le preocupa ese resultado de cara a las elecciones de noviembre, Trump dijo que "yo no estoy en la papeleta y no sé si ese resultado es extrapolable o no a esos comicios".
A nivel nacional, todas las encuestas dan una amplia ventaja a los demócratas de entre 5 y 8 puntos. Todas dan por seguro que recuperarán el control de la Cámara de Representantes. El Senado, sin embargo, es mucho más difícil, porque sólo se renuevan 35 de los 100 escaños y los republicanos tienen ahora una ventaja de seis (53-47). Pero empieza a haber sondeos que tampoco lo descartan. Si ambas cámaras cambiaran de manos, sería una debacle absoluta para Trump.
Este es el marco electoral en el que el presidente ha lanzado esta semana su bomba. La Constitución de Estados Unidos establece muy claramente que son los Estados los encargados de monitorizar los procesos electorales. Sin embargo, Trump quiere que sea el Gobierno federal quien lo haga. Lo dijo en un programa del comentarista ultraconservador y fiel seguidor del "trumpismo", Dan Bongino: "Los republicanos deberían tomar el control de la votación en al menos quince lugares. Deberían nacionalizar el proceso de votación".
En Estados Unidos hay 50 estados, pero Trump quiere nacionalizar el proceso en "al menos 15". ¿Por qué esa cifra? Quizá mirando los resultados de las elecciones presidenciales de 2024 se entienda. Trump ganó en 31 estados y perdió en 19.
Uno de los estados en los que perdió fue Minnesota. En ese pequeño estado de apenas seis millones de habitantes y con la tasa de inmigración más baja del país, apenas el 2% de la población, el presidente desplegó a 3.000 agentes de su policía de fronteras. Lo que ha pasado allí es sobradamente conocido. Lo que ha trascendido menos es que la administración Trump ofreció al gobernador de Minnesota y ex candidato demócrata a la vicepresidencia en las últimas elecciones, Tim Walz, retirar a los agentes si le daba acceso al censo electoral. Walz se negó en redondo.
Una petición similar se ha hecho en Colorado, otro estado que Trump perdió en 2024. Ha pedido acceder al censo con todos los datos y ante la negativa de las autoridades estatales ha demandado a la secretaria de Estado de Colorado. Jena Griswold ha explicado en redes por qué se ha negado: "He dicho que no porque Trump no tiene ningún derecho legal a reclamar esa información y no voy a permitir que Trump cuestione nuestras elecciones y ataque a votantes americanos".
Como los Estados se están negando a dar acceso al censo, Trump ha tirado por elevación y ha pedido que el Gobierno federal tome el control de las elecciones. Después de soltar su bomba, los periodistas le pidieron explicaciones en el Despacho Oval: "Mirad Detroit, Pennsylvania, Filadelfia, Atlanta... Mirad los lugares con una corrupción horrible en las elecciones. El gobierno federal no debería permitir eso. El gobierno federal debería intervenir. Si los estados no son capaces de contar los votos legal y honestamente, entonces alguien debería tomar el control".
Pero, ¿eso cómo se hace? Aquí es donde Trump tiene un problema porque no lo puede hacer por decreto. Necesita al Congreso sí o sí. Lo podría hacer de dos formas. La primera sería a través de una enmienda constitucional porque es una propuesta que choca frontalmente con lo que establece la Carta Magna. Pero eso exigiría el apoyo de dos tercios del Congreso y tres cuartas partes de los 50 Estados. Es decir, esa vía es imposible. La segunda opción es a través de una reforma legal (Save Act) que tumbe las leyes electorales estatales y tampoco tendría ni de lejos los 60 votos necesarios en el Senado. El senador republicano, Thom Tillis, que por cierto no va a optar a la reelección y se puede permitir hablar así a Trump, lo explicó muy gráficamente: "Hasta mi nieta se da cuenta de que no tenemos los votos para sacar adelante esa reforma".
Todo eso Trump también lo sabe. Entonces, ¿a qué obedece esta estrategia? Está preparando el camino para repetir lo que hizo en 2020. No reconocer el resultado electoral si no le gusta. Hay veces que las cosas son exactamente lo que parecen.
Miguel Á. Muñoz Encinas
He trabajado en todos los programas informativos...He trabajado en todos los programas informativos de la SER (Hoy por Hoy, Hora 25, Hora 14, boletines horarios). También he dirigido los contenidos de Radio Madrid y CadenaSER.com y he sido enviado especial a elecciones presidenciales de EEUU, a la elección del Papa Benedicto XVI o a la crisis del Maidán en Ucrania.