"Vuelves a descubrir quién eras": 'No sé cómo era antes', el podcast que retrata la huella del maltrato
El proyecto de Podium y SER Podcast narra, en cinco episodios, el testimonio real de Ángela, una mujer que logró romper el silencio tras más de una década de violencia

El podcast 'No sé cómo era antes' retrata la violencia de género a través de los ojos de Ángela
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Madrid
Un mensaje desesperado enviado por Instagram a una desconocida fue el primer paso. Ángela necesitaba poner en palabras la violencia que llevaba más de diez años viviendo dentro de una relación abusiva. Ese gesto íntimo, casi anónimo, es el punto de partida de No sé cómo era antes, un documental sonoro que se estrena esta semana en Podium Podcast y SER Podcast y que narra, en primera persona, el proceso de una víctima real de violencia machista.
El proyecto es fruto de más de un año de investigación de los periodistas Sara Selva y Manu Tomillo. "Queríamos entender qué estaba pasando para que tantas mujeres acudieran a la cuenta de Instagram de una desconocida para contar lo que les ocurría", explica Selva en La Ventana. Fue Cristina Fallarás quien les puso en contacto con Ángela y con Elena, la expareja del agresor. "Salimos de aquella primera entrevista sin saber qué decirnos, conscientes de la magnitud de lo que habíamos escuchado y de que teníamos que contarlo".
Lo que iba a ser un relato coral acabó convirtiéndose en una historia singular que, precisamente por eso, representa a muchas. "Entendimos que su caso podía ser el de otras tantas mujeres y que así se explicaba mejor la problemática", señala Tomillo. Ángela se convirtió en el eje del relato y también en quien dio título al podcast. "Habla de cómo la violencia te transforma, de cómo vuelves a descubrir quién eras y quién eres ahora. Y de cómo esas dos partes conviven", explica Selva.
La violencia que despoja y la red que sostiene
A lo largo de los cinco episodios, psicólogas especializadas ayudan a entender por qué salir de una relación violenta no es una cuestión de voluntad. "La responsabilidad nunca puede recaer en la víctima", insiste Tomillo. "Hay mecanismos cerebrales que lo impiden. La pregunta no es por qué ella no se va, sino por qué el agresor disfruta haciendo daño".
Ángela lo explica con una metáfora contundente: "Da igual cuánto sepas de violencia o lo consciente que seas; es como pedirle a un adicto a la heroína que no toque un kilo de droga que tiene en su habitación". La culpa, la dependencia emocional y la violencia psicológica generan un estado de confusión constante, una disociación en la que ya no sabes si te quieren o te odian, si lo que pasa es real o no.
El documental pone el foco en esa cotidianidad de la violencia, en los pequeños gestos que la normalizan y la hacen invisible. "Te permite imaginarte un mundo en el que eso pasa", apunta Selva. Y cuando Ángela reconstruye la cronología completa de los hechos, el impacto es devastador. "Ahí es cuando los oyentes y nosotros entendemos la brutalidad. Su voz tiene una fuerza que lo multiplica", añade Tomillo.
Pero la historia también es la de una red de apoyo inesperada. Elena, la ex del agresor, se convierte en un pilar fundamental. "Ellas se sostienen y hoy son una familia", cuenta Selva. Una red construida junto a otras mujeres, demostrando que salir del silencio rara vez es un acto individual.
Nombrarse víctima, señalar al culpable
El proyecto interpela también a los hombres y a la sociedad en su conjunto. Tomillo lo resume desde la autocrítica: "Si entre hombres no somos capaces de frenar un comentario despectivo, ¿cómo podemos exigir a una mujer que denuncie siendo víctima?". Una reflexión que atraviesa todo el relato.
Ángela reivindica además una palabra incómoda: víctima. "A veces da miedo usarla", explica Selva, "pero ella la reclama: hay una víctima porque hay un agresor y hay un culpable". Crear espacios donde el testimonio no sea cuestionado se vuelve esencial. "Que exista un lugar donde te escuchan sin poner en duda lo que cuentas es fundamental".
Para quienes lo han contado, el impacto ha sido profundo. "Como periodista, este proyecto me ha cambiado muchísimo", reconoce Selva tras un año de trabajo. No sé cómo era antes no solo narra una historia de violencia, sino también la importancia de escucharla sin condiciones.





