Me pasa una cosa
Sociedad

"Me da igual que invite la casa": Manuel Burque carga contra los chupitos que te dan en los restaurantes

En España es habitual que muchos restaurantes ofrezcan un licor "de cortesía de la casa" al terminar la comida

"Me da igual que invite la casa": Manuel Burque carga contra los chupitos que te dan en los restaurantes

La cantante y actriz española Angy Fernández ha sido la última invitada del programa Me pasa una cosa, presentado por Manuel Burque. En este espacio, los invitados suelen abrirse y compartir sus mayores fobias, y Angy no fue una excepción: confesó que su mayor temor es vomitar.

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A partir de esa revelación, Burque aprovechó para contar qué es lo que a él le provoca rechazo y ganas de vomitar: los chupitos. En España es habitual que muchos restaurantes ofrezcan un licor "de cortesía de la casa" al terminar la comida, pero para el presentador esta costumbre es cualquier cosa menos agradable.

"Hay una cosa que a mí me da muchas ganas de vomitar, que es el licorcito que te regalan en los restaurantes", explicó. Aclaró que su problema no es con los buenos licores, sino con los que se ofrecen gratuitamente al final de las comidas, que —según él— solo gustan "a los borrachines y a la gente fanática de lo gratis".

"A mí los licores me saben a ambientador de coche, sin aire acondicionado, con las ventanas cerradas, un agosto del verano de 1988", añadió con tono exagerado. Entre todos ellos, hay uno que le resulta especialmente desagradable: "Ese engrudo amarillo fosforito, como denso. El licor de hierbas".

El director de Nadie sabe nada lanzó incluso una propuesta a los restaurantes: dejar de regalar chupitos y ofrecer otra cosa. "Me molesta especialmente que te lo regalen como si fuese un gran gesto de generosidad. Si me quieres dar algo gratis, no me cobres el pan. Que nos cobran el pan a 3 euros".

Para rematar, Burque relató una experiencia reciente en un restaurante al que acudió con su pareja. "Al acabar, vino el camarero y nos dijo que un chupito invitaba la casa. Mi chica pidió crema de orujo, que le gusta mucho. Yo dije que no quería nada en repetidas ocasiones, pero el camarero insistió hasta que lo pedí", contó.

Finalmente, se lo bebió entero, presionado por la mirada insistente del camarero, aunque estuvo a punto de tener una arcada. "Y lo peor de todo es que, al final, cuando vamos a pagar, miro el ticket y me lo había cobrado".

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