Anna Vicen Renner, coach de pareja: "El móvil está generando más problemas que una infidelidad"
Casi el 70% de las parejas españolas usa pantallas en la cama antes de dormir y uno de cada tres se acuesta sintiéndose ignorado, según un estudio impulsado por Pikolín

Anna Vicen Renner, coach de pareja: "El móvil está generando más problemas que una infidelidad"
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Madrid
"Dos es compañía, tres es multitud". El viejo refrán cobra un nuevo sentido en el dormitorio de muchas parejas. Ese tercero, y a veces cuarto, en discordia ya no es una persona: es el móvil. Un reciente estudio señala que casi el 70% de las parejas españolas de entre 25 y 65 años utiliza pantallas en la cama antes de dormir. Y el impacto no es menor: casi la mitad cree que su pareja prefiere el teléfono antes que a ellos cuando están acostados, y uno de cada tres se duerme con la sensación de haber sido ignorado.
Anna Vicen Renner, coach especializada en relaciones de pareja y colaboradora en la campaña de concienciación, lo ve a diario en consulta. "Las personas llegan diciendo que falta intimidad, que están desconectadas y que les gustaría conectar más. Cuando pregunto por el móvil… empiezan a salir cosas", cuenta en La Ventana.
Caricias a la pantalla
La pregunta que lanza Anna es incómoda pero reveladora: "¿Cuánto tiempo acariciamos la pantalla del móvil y cuánto el cuerpo de nuestra pareja?". El teléfono, explica, absorbe la máxima atención y desplaza momentos que antes estaban dedicados a la conversación, al contacto físico o simplemente al silencio compartido.
"El móvil está generando más problemas que una infidelidad", afirma. No porque haya engaño, sino porque el mensaje implícito es demoledor: lo que ocurre en la pantalla parece más interesante que la persona que tenemos al lado. "Hoy lo más importante es el tiempo que compartimos, y se lo estamos entregando a otro lugar".
Incluso en parejas que funcionan bien, el móvil se convierte en un "miembro más". Es causa y consecuencia de la desconexión. Y, a diferencia de un libro, está diseñado para no soltarlo. "El móvil está pensado para que no quieras dejarlo", advierte.
El deseo también se resiente
El problema no es solo emocional. También afecta al deseo. "Esa adrenalina ya te la está dando el teléfono", explica Anna. La constante estimulación digital reduce el espacio para la curiosidad, la seducción y el descubrimiento mutuo. Cuando uno de los dos está absorto en la pantalla, el otro puede interpretar que no resulta interesante, lo que termina afectando a la autoestima.
La solución no pasa por demonizar la tecnología, sino por pactar límites. Una de las dinámicas que propone es sencilla: acordar que el dormitorio sea un espacio libre de móviles. "Es un compromiso de pareja". Pequeños retos que ayudan a recuperar la conversación que nace de dentro: "¿Cómo estás? ¿Qué sueños tienes? ¿Qué miedos?".
Preguntarse qué relación queremos tener con el teléfono es, en el fondo, preguntarse qué pareja queremos ser y qué ejemplo deseamos dar a las próximas generaciones.
"Porque cuando el móvil desaparece de la mesilla, pueden reaparecer otras cosas: unas manos que acarician, una pregunta que va más allá de la superficie, una conversación que atrapa intelectualmente". Y eso, recuerda Anna, también es profundamente estimulante.




