El poder del pueblo: la Bundesliga roza el lleno y LaLiga se queda a medio gas
Según 'Transfermarkt', la competición alemana cuenta con 16 clubes que superan el 90% de ocupación en sus estadios, mientras que LaLiga apenas alcanza esa cifra con dos equipos
Imagen del Allianz Arena lleno de aficionados del Bayern de Múnich / F. Noever
Hay un viejo dicho que atraviesa generaciones y fronteras: "poderoso caballero es don Dinero". Pocas competiciones lo encarnan hoy con tanta fidelidad como la Premier League. Convertida para muchos en la mejor liga del mundo, su hegemonía no nace solo del talento sobre el césped, sino de un músculo económico descomunal. Un poder que se construyó a fuego lento, a base de años de inversión masiva, de pérdidas asumidas sin pudor y de una paciencia financiera que solo dio frutos mucho tiempo después. Ahora, con la maquinaria ya en marcha, la sensación es que no tienen rival.
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LaLiga, en lo deportivo, sigue resistiéndose a perder el paso. Compite, se reinventa, pelea cada eliminatoria europea. Pero la brecha se ensancha lentamente, casi de forma imperceptible, cada vez que la Champions empareja a un club español con uno inglés. Fuera del campo, la distancia es aún más visible. La Premier presume de estadios icónicos, modernos, en constante renovación, pensados para aumentar aforos y convertir cada partido en una experiencia. Son templos que seducen al aficionado y, de paso, al futbolista extranjero. Basta un ejemplo: Carlos Vicente ha dejado el Deportivo Alavés para marcharse al Birmingham City, un club de la Segunda División inglesa. Un movimiento que hace saltar todas las alarmas.
La solución germana: el 50 + 1
Y entonces surge la gran pregunta entre los aficionados al fútbol español: ¿cómo competir contra clubes que parecen jugar con una tarjeta de crédito infinita? Tal vez la respuesta no esté ni en España ni en Inglaterra, sino un poco más al este, en Alemania. La Bundesliga ha recorrido un camino muy distinto. Con los años, ha ido blindando su sistema financiero tras aprender, a base de golpes, lo cerca que estuvo de perderlo todo. En los años 80 y 90, el fútbol alemán vivió una transición tan brusca como peligrosa: pasó de ser un deporte amateur profesionalizado a un auténtico negocio del espectáculo. Muchos clubes, gestionados por directivos más apasionados que formados en economía, entraron en una carrera armamentística de fichajes que casi acaba con el fútbol germano.
En aquella época, los ingresos televisivos eran testimoniales. La taquilla era la gran fuente de supervivencia. Aun así, los clubes comenzaron a pagar salarios de estrellas para competir en Europa, estirando la cuerda hasta límites insostenibles. El caso del Borussia Dortmund es el ejemplo más paradigmático. Tras conquistar la Champions en 1997, el club se lanzó a un gasto desmedido, fichó a precio de oro y se convirtió en el primer club alemán en salir a bolsa, en el año 2000. La burbuja no tardó en estallar. En 2005, el Dortmund estuvo a solo unas horas de la bancarrota total y tuvo que pedir un préstamo de emergencia a su eterno rival, el Bayern de Múnich, simplemente para poder pagar las nóminas.
Con varios gigantes al borde del abismo pero respaldados por millones de aficionados, la Liga Alemana (DFL) decidió actuar. De aquel caos nacieron dos medidas que hoy son la envidia del fútbol europeo. La primera, el proceso de licenciamiento más estricto del continente: si un club no demuestra salud financiera antes de comenzar la temporada, no compite. Da igual su nombre o su historia. La segunda, la famosa regla del 50+1, introducida en 1998. Una norma pensada no para frenar el crecimiento, sino para salvar al fútbol alemán de sí mismo: permite la entrada de capital privado, pero impide que un inversor se adueñe del club, lo traslade, lo rebautice o dispare los precios para tapar agujeros financieros. No fue un freno al progreso, sino un seguro de vida tras una década en la que el fútbol alemán estuvo a punto de vender su alma —y su estabilidad— al mejor postor.
En Alemania, las entradas a precio popular
Las consecuencias de ese modelo se notan en las gradas. Al seguir en manos de los socios, los clubes mantienen precios populares. Las entradas más baratas suelen oscilar entre 20 y 40 euros; incluso las mejores localidades, aunque superen los 100, continúan por debajo de muchos precios de Primera División en España. El resultado es inmediato: estadios llenos y una conexión emocional fortísima entre club y afición.
Las cifras lo confirman. Según Transfermarkt, Borussia Dortmund y Bayern de Múnich registran un 100% de asistencia. El Hamburgo se queda a solo 90 espectadores del lleno absoluto. Unión Berlín alcanza el 99,9%, Colonia y St. Pauli el 99,8%, Werder Bremen el 99,5%, Leverkusen el 99,4%, Stuttgart el 99,3%… hasta llegar al Leipzig, decimosexto, con un 92,3%. En total, dieciséis equipos de la Bundesliga superan el 92,3% de ocupación.
La comparación con LaLiga es dolorosa. No hay ni un solo estadio con lleno total. Mestalla roza el 90,5% y San Mamés el 90,3%. A partir de ahí, el vacío. Bernabéu, Metropolitano y Camp Nou quedan por debajo, bajando del 90% de asistencia. En Alemania, dieciséis clubes están por encima de ese porcentaje.
La lectura es clara. Entradas más asequibles y un salario mínimo más alto —2.343 euros mensuales en Alemania frente a los 1.221 de España— han reforzado el vínculo entre afición y club. El fútbol alemán entendió a tiempo que sin gente en las gradas no hay negocio sostenible. Quizá ha llegado el momento de reflexionar y preguntarnos qué estamos haciendo mal en nuestra competición. Aún estamos a tiempo.
Marcos Gómez-Díaz
Periodista deportivo en la Cadena SER, con una...Periodista deportivo en la Cadena SER, con una pasión inagotable por el fútbol y su capacidad para emocionar. Licenciado en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la Universidad CEU San Pablo. Antes escribía sobre fútbol en Biwenger Fantasy, donde descubrí que las estadísticas también cuentan grandes historias.