Gisèle Pelicot narra en sus memorias cómo fue ver las imágenes de las violaciones de su exmarido: "Era una muñeca de trapo"
En sus memorias, que salen a la luz el próximo 17 de febrero, la víctima también explica por qué quiso que el juicio fuese público

La mujer, de 73 años, fue sedada durante años por su marido para ser violada por él y, por al menos, otros 50 hombres. (Photo by Julien Goldstein/Getty Images) / Julien Goldstein

El rostro de Gisèle Pelicot, una mujer septagenaria de origen francés, se ha convertido desde hace un par de años en la imagen del feminismo y la lucha contra la violencia machista. Hace año y medio que la justicia francesa condenó a su exmarido, Dominique Pelicot, a 20 años de cárcel, por violarla en múltiples ocasiones durante casi una década sin su conocimiento, además de drogarla para que otro medio centenar de hombres hicieran lo mismo con ella.
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El próximo 17 de febrero, a sus 73 años, Gisèle publica un libro con sus memorias bajo el título Un himno a la vida, en el que desvela, entre otras cosas, por qué no quiso que el proceso judicial fuera a puerta cerrada. "A medida que se acercaba el juicio, me imaginaba ser rehén de sus miradas, de sus mentiras, de su cobardía y de su desprecio", asegura.
La decisión de Pelicot de que el proceso no fuera a puerta cerrada, como le había propuesto el tribunal, fue considerada como un signo de coraje, que ella justificó como una manera de que "la vergüenza cambie de bando", que es el subtítulo de su libro, escrito junto a la periodista y novelista Judith Perrignon. Una decisión que, reconoce, no hubiese sido la misma si hubiera tenido 20 años menos.
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Dominique Pelicot, condenado a 20 años por las violaciones a su exmujer Gisèle
En su relato, la mujer describe cómo llegó a imaginar que los "50 hombres serían una masa", con "sus hombros pegados, como un muro" y que sus voces ocultarían la suya. Se preguntó si un proceso a puerta cerrada no sería "un regalo" para ellos: "¿No les estaba protegiendo al cerrar la puerta?". "Nadie sabría lo que me habían hecho. Ningún periodista estaría ahí para escribir sus nombres junto a sus crímenes. Ningún desconocido vendría a mirarles a la cara preguntándose cómo se reconoce a un violador entre tus vecinos y colegas. Y, sobre todo, ninguna mujer podría sentarse en la sala para sentirse menos sola", escribe la víctima, que señala: "Si yo no me di cuenta de nada, forzosamente eso les ha debido pasar a otras".
"Era una muñeca de trapo"
Uno de los momentos más reseñables de su relato es en el que cuenta cómo vivió el momento en el que un comisario le convocó en noviembre de 2020. Jamás podría haber imaginado lo que iba a descubrir entonces y, inicialmente, pensó que se trataba de una acusación a su marido, que fue sorprendido en el pasado fotografiando bajo la falda de una mujer. Algo que él ya le había confesado y que ella había perdonado a condición de que Dominique se comprometiese a recibir ayuda psicológica.
Hasta que el investigador le enseñó unas fotos incautadas a su esposo, extractos de las grabaciones que hacía de las violaciones de estos hombres hacia ella y que él mismo organizaba. "No conocía a los individuos. Ni a esa mujer. Tenía el rostro tan flácido. La boca tan caída. Era una muñeca de trapo", relata Pelicot, que no daba crédito a las palabras del policía que le aseguraba que era ella.




