Hammershøi, el maestro del silencio que invita a escucharnos
El Thyssen dedica al artista danés su primera gran retrospectiva en España
'Interior con mujer al piano' de Vilhelm Hammershøi
Contaba Isabel Coixet a El Cine en la SER que la fotografía de su última película 'Tres adioses' está inspirada en la luz y los colores de Vilhelm Hammershøi (1864-1916). No sabía muy bien por qué, decía, por eso que transmite la pintura del danés, y que en la directora catalana provoca una especie de necesidad, de urgencia. Solo con esa luz y esos colores veía Coixet la Roma que quería retratar, la que no aparece en Tripadvisor, la que se oculta entre callejuelas lejos del ruido y el turismo de masas. Su director de fotografía, Guido Michelotti, no conocía la obra del danés. El artista tampoco es muy conocido para el gran público en España, donde apenas ha sido expuesto, a pesar de la relevancia que tuvo a finales del XIX y principios del siglo XX, con aquellos interiores que lo convirtieron en maestro de lo íntimo y lo cotidiano.
Hammershøi tiene mucho de cinematográfico, sus encuadres parecen fotogramas, y ha inspirado a muchos otros cineastas, como Lars von Trier. De hecho, la gran exposición que le dio a conocer en España comparaba sus analogías visuales y temáticas con la filmografía de Dreyer, considerada una de las figuras más relevantes del cine europeo. Eso fue hace casi 20 años en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. Ahora el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta esta primera gran retrospectiva, a través de 90 óleos y dibujos del artista y de algunos de sus contemporáneos, que permiten contextualizar su obra, y relacionarlo con otros maestros, como los holandeses del siglo XVII y grandes figuras del siglo XIX y XX, como Edward Hopper. "Es un artista muy interesante porque coincide con todo el movimiento simbolista y con el comienzo de las vanguardias", explica la comisaria Clara Marcellán, conservadora de Pintura Moderna del museo, que por primera vez entró en contacto con la obra de Hammershøi precisamente en aquella muestra del CCCB.
'Una habitación en la casa del artista en Strandgade, Copenhague, con la mujer del artista' de Vilhelm Hammershøi
Inicios: paisajes y retratos
Hammershøi empezó a formarse a finales de la década de 1870 en la Academia de Bellas Artes de Copenhague, formación que compaginó con clases en escuelas más independientes. En aquellos años comenzó a pintar sus primeros paisajes y figuras, que ya situaba de espaldas, y con esa paleta de colores, que no le abandonará durante toda su trayectoria. "Es una paleta muy reducida, aunque yo invito a todo el mundo a que se acerque a mirar las obras, a que se tome su tiempo porque es un pintor que trabaja con muchas capas, con muchos matices, también se pueden ver amarillos, rosas, azules".
Muy a su pesar, el artista alcanzó la fama con sus interiores, pero siempre le interesaron más sus paisajes y sus retratos, "sobre todo, le gustaba pintar a la gente más cercana, él decía que no le gustaba retratar a extraños", y a los que la exposición dedica varias secciones. En esos retratos, la gran protagonista fue su mujer, Ida Ilsted, una figura que hoy se está rescatando, "no fue simplemente una mera modelo para él, le acompañaba en todos sus viajes, y en sus estancias en París y Londres. Ella cuenta en sus cartas que hablaban de lo que Hammershøi hacía, se encargaba de ayudarle a encontrar los sitios en los que pintar. Incluso, se cree que hizo algunas de las fotografías que pudieron inspirar algunas de sus obras".
Pero fueron los interiores de aquellas casas en las que vivió, los que se convirtieron en sus motivos más destacados. "¿Cómo me metí en esto?" se preguntaba el artista, "surgió así y ahora es moderno, todo el mundo quiere interiores". Sobre todo, aquel número 30 de Strandgade, en Copenhague, en el que vivió durante 10 años y que llegó a pintar hasta en 60 ocasiones. Interiores muy depurados, sin apenas elementos de decoración donde, sobre todo, predominan esos blancos, grises y negros de sus inicios, y que terminarán por convertirse en lo más reconocible de su obra. "Desde un principio tiene unos motivos, un lenguaje y una paleta muy restringida, pero que va a mantener en esas atmósferas que recreó durante toda su trayectoria".
'Puertas abiertas' de Vilhelm Hammershøi / Photographer Pernille Klemp / Th
El pintor del silencio
La exposición lleva por título 'El ojo que escucha', y hace referencia a la relación de su pintura con el silencio y la calma que transmite. "También tiene que ver con su interés por la música -él tocaba el chelo y su mujer el piano-, y que podemos ver no solo a través del uso del color, también de esa reducción de elementos. Parece que está utilizando ese vacío de sus estancias como una llamada de atención, como una invitación a escuchar. Sus obras funcionan como una pausa que precede a la música, al sonido".
Ese vacío, ese silencio acabaron por definir su obra, "es lo que le identifica, le da un lugar de honor en la historia silenciosa del arte", apunta Marcellán. "Pero a mí me gusta pensar que ese silencio no es un silencio vacío, sino que es un silencio que invita a algo más, que crea una expectación, que te hace enfrentarte a sus cuadros con una actitud de calma, de quietud, de observación, de contemplación y que también te invita a proyectar. Pienso en el discurso de Juan Mayorga, cuando entró en la Real Academia, y que hablaba de los escenarios enmudecidos en el teatro. A mí me parece que en Hammershøi hay algo muy teatral, aunque no hay drama, sí que hay unos escenarios enmudecidos que invitan, no solo a escuchar lo que va a venir, sino a escucharse a uno mismo".
Críptico y enigmático, el artista danés apenas da pistas de lo que está pasando en sus composiciones, dejando la escena sin elementos anecdóticos que puedan ayudarte a componer la historia. "En sus obras parece que el tiempo se ha suspendido, parece que todo se ha quedado congelado y, a veces, es verdad que cuesta entender qué es lo que está ocurriendo. Creo que en parte por eso también resulta tan atractivo, porque te quedas expectante y enganchado a lo que está ocurriendo dentro del cuadro".
A pesar del éxito y relevancia que disfrutó en vida, la irrupción de las vanguardias le hicieron caer en el olvido. Tampoco ayudó que falleciera joven. Era 1916, apenas tenía 51 años. "Es el momento en el que se están consolidando las vanguardias y él queda fuera de ese discurso. En los años 30 ya ha quedado totalmente fuera del canon, se le ha olvidado, no es lo que los museos quieren enseñar en sus colecciones". Habrá que esperar hasta la década de 1980 para que se empiece a recuperar su figura en Dinamarca, a través de exposiciones y de una gran monográfica, que le devolvió al discurso artístico. Su obra en el mercado cotiza hoy entre los 10 y los 15 millones de dólares. El Thyssen permite ahora poder descubrirlo con esta muestra excepcional, abierta al público desde el próximo 17 de febrero hasta el 31 de mayo.
'Autorretrato. La casa de campo Spurveskjul, en Sorgenfri, al norte de Copenhague' de Vilhelm Hammershøi