Marieta
La Unión Europea está llena de buenas intenciones

Brcelona
La Unión Europea está llena de buenas intenciones. Bastantes de ellas se recogen en un documento llamado Agenda 2030, patrocinado por la ONU. Los europeos nos comprometimos, y seguimos comprometiéndonos, cueste lo que cueste, a reducir las emisiones de carbono y los residuos plásticos, a combatir el cambio climático y muchas otras cosas. Cosas que son necesarias y están muy bien.
Pero cada vez que pienso en esos objetivos me acuerdo, por desgracia, de “Marinette”, una canción que Georges Brassens, gran poeta francés, escribió hace 70 años. Marinette era una chica que frustraba sistemáticamente a su enamorado.
El añorado Javier Krahe hizo una traducción de “Marinette”. La tituló “Marieta”. Leo, y no se me escandalicen, una de las estrofas: “Y cuando por su santo le compré una bicicleta, la bella, la traidora ya se había agenciado un Rolls. Pegado al manillar hice el gilipollas, madre”.
Mientras los europeos intentamos frenar la contaminación y estabilizar el clima, el resto del mundo, que es muy grande, pasa de todo. Estados Unidos vuelve al carbón. Rusia convierte en porquería todo lo que toca. China va a lo suyo. La lista de países sería muy larga. Y como hablamos de un problema planetario, lo que intenta hacer la Unión Europea no sirve de nada, o casi nada.
Leo otra estrofa de “Marieta”: “Y cuando ya por fin fui a degollar a Marieta, la bella, la traidora de un soponcio se me había muerto ya. Y yo con mi puñal como un gilipollas, madre”.
Temo que los historiadores del futuro, que quizá tengan que respirar con escafandras y vivir en refugios, retraten a los europeos de hoy como unos bobalicones bienintencionados a los que el desastre climático y la violencia del nuevo orden mundial pillaron de camino al contenedor de plásticos, con la bolsa de reciclaje bien cargada.
Es decir, que nos verán igual que al enamorado de Marieta. Con una botella de agua en la mano y el taponcito colgando, como un gilipollas, madre.
Me llamo Enric González. Les ruego que hagan lo posible por no ensuciar: las buenas obras son buenas, aunque no tengan recompensa.




