Virus contra superbacterias: la batalla final contra la resistencia a los antibióticos
Expertos en microbiología e infecciosas reclaman más ensayos clínicos y una regulación específica para acelerar la implantación de la fagoterapia en España: un tratamiento de precisión que utiliza virus para atacar a las bacterias que escapan a los antibióticos

Virus contra superbacterias: la batalla final contra la resistencia a los antibióticos
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Madrid
Basta escarbar, en sentido literal, en los jardines que rodean muchas facultades de Medicina (o cualquier casa) para encontrar un recurso con potencial para resolver uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta la ciencia: la proliferación de bacterias resistentes a los antibióticos. Se trata de los fagos, virus que tienen la capacidad de infectar bacterias de forma específica, y que se perfilan como la principal herramienta al alcance de la medicina para frenar una tendencia creciente: las infecciones que no responden a los tratamientos. Un estudio publicado en The Lancet estima que de aquí a 2050 van a matar a más de 200 millones de personas, entre muertes directas y asociadas.
De las aguas residuales a salvar vidas
Los fagos o bacteriófagos, como su propio nombre indica, son virus que infectan bacterias de forma específica. Y no son raros o difíciles de encontrar, sino que "están en todos los ambientes, en las aguas residuales, en el suelo, en estiércoles...", como explica María del Mar Tomás, médico especialista en microbiología clínica e investigadora en el INIBIC, el Instituto de Investigaciones Biomédicas de A Coruña. Pero su alta especificidad es a la vez una de sus grandes ventajas y el principal inconveniente para su uso masivo.
"Es medicina de precisión, son tan específicos que en ocasiones actúan frente a una única bacteria responsable de la infección de una persona concreta, aunque la investigación y la innovación están volcadas en ampliar el rango", apunta la también vocal de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología (SEIMC). Esta alta especificidad dificulta la producción masiva de preparados y también el desarrollo de ensayos clínicos.
De momento, se administran, fundamentalmente, en contextos de investigación o como terapias de uso compasivo: cuando no hay alternativa para el paciente se le trata con un preparado líquido que contiene virus específicos para la bacteria que ni su organismo ni los antibióticos consiguen eliminar. "Esto implica que si yo tengo un paciente que creo que podría beneficiarse de estos tratamientos, me ha pasado un par de veces, pasan semanas, si no meses, hasta que tengo el preparado. Y no podemos permitírnoslo porque si desarrolla una sepsis se muere", lamenta Javier Membrillo, presidente de SEIMC.
Catálogos de virus para acertar con cada paciente
"Es importante contar con una colección perfectamente caracterizada de fagos", continúa la doctora Tomás. "El médico manda la cepa responsable de la infección crónica o resistente al laboratorio de microbiología. Nosotros con nuestra colección hacemos una especie de chequeo, de los cien fagos que tenemos vemos, por ejemplo, que actúan diez. Y a partir de ahí hacemos los productos de terapia de fagos, de esos diez fagos que tienen actividad frente a esa bacteria. Son productos médicos biológicos, en medio líquido, que deben cumplir una serie de requisitos de la Agencia del Medicamento Europea y fabricarse en instalaciones concretas, como ocurre como las CAR-T".
La especialista plantea que sean los centros de terapias avanzadas, como los de inmunoterapia con células T, los que se encarguen también de producir preparados de fagoterapia. "Necesitamos colaborar con la Agencia Española del Medicamento y los especialistas para desarrollar guías clínicas y una regulación, y es en lo que estamos trabajando. Ya tenemos una colección de fagos. Si llega la regulación, en un año podríamos llegar a los pacientes", asegura.
En Estados Unidos, según la especialista, hay quinientos ensayos clínicos con fagos en marcha actualmente. María del Mar Tomás investiga dentro de consorcios internacionales financiados por la UE y a nivel nacional, dentro del proyecto MePRAM, con el objetivo de que estas terapias pasen de los laboratorios a las consultas, para lo que reclama más ensayos clínicos que demuestren su efectividad.




