Cuando la cultura deja de ser de todos: la tendencia al alza que encarece nuestros viajes
Cobrar por visitar monumentos y espacios culturales como la Fontana de Trevi está de moda

Varias personas observan la Fontana de Trevi iluminada. / ALESSANDRO DI MEO (EFE)

Madrid
Desde febrero de 2026, Roma cobra 2 euros para poder acceder a la parte frontal de la Fontana di Trevi, una tendencia que “está de moda” como confirma Santiago Vallejo, vicepresidente de la Mesa de Turismo. De hecho, España ya estudia poner en un futuro tasas como estas en lugares de interés turístico como la Plaza de España de Sevilla, la Playa de las Catedrales en Galicia o en la Alhambra de Granada entre otros espacios.
Pero, además de imponer nuevas tasas, en los lugares o monumentos en los que ya se cobra una entrada, la tendencia es a que el precio también suba. Es el caso, por ejemplo, del Museo del Louvre, que desde 2026 cuesta un 45% más para los ciudadanos no europeos, pasando de costar 22 euros a 32. Otro ejemplo lo encontramos en los Parques Nacionales de Estados Unidos, que desde este año ha aumentado su precio en 100 dólares para los ciudadanos no estadounidenses. Los no residentes que quieran visitar, por ejemplo, el parque Parque Nacional de Yellowstone o el Gran Cañón pagarán casi 200 dólares frente a los 80 que pagan los locales.
Pero, ¿por qué se imponen estas tasas? Principalmente para paliar la masificación y promover la conservación de los monumentos y los espacios. Concepción Foronda-Robles, coordinadora de IATUR el Instituto Andaluz de Investigación e Innovación en Turismo, explica que entre las las principales ventajas de cobrar una tasa está el tener ingresos para financiar la conservación del espacio o fomentar “la corresponsabilidad del visitante, que es el que consume, para compensar al residente”.
Sin embargo, cobrar este tipo de tasas también tiene una serie de desventajas, como la pérdida de competitividad de los destinos que las cobran frente a los que no, la falta de transparencia de las administraciones públicas sobre en qué se invierte ese dinero que se recauda, o una de las más importantes, que genera desigualdades con los segmentos de la población más vulnerables que no pueden permitirse pagar estas tasas, especialmente cuando son precios muy elevados.
La des democratización de la cultura, de hecho, contradice a los principios de la UNESCO, que dejan claro que “el patrimonio debe ser accesible tanto física como económicamente para todo el mundo”, según explica Concepción.
Alternativas a las tasas turísticas
Hay varias opciones que, a priori, parecen más justas y que persiguen la idea de la conservación de los espacios pero sin alejar la cultura de la sociedad por motivos económicos. Concepción nos explica que una de las más extendidas es el sistema de entrada gratuita, una manera de evitar aglomeraciones y las colas a la hora de visitar atractivos turísticos, porque nos obliga a reservar una plaza para nuestra visita, pero no tenemos que pagar por ella.
Otra alternativa es aplicar cuotas dinámicas, en las que los precios varían según la época del año. Esto permite que en ciertos momentos sea más barato o hasta gratis visitar zonas que en temporada alta tienen un precio más elevado y menos accesible para todo todo el mundo.
La falta de inversión pública: el principal motivo para imponer tasas
Concepción Foronda-Robles explica que, en contra de lo que se pueda pensar, el motivo principal para poner una tasa a un atractivo turístico no es la saturación sino la falta de inversión pública y de autofinanciación.
Sin estas tasas y con el déficit de financiación de los espacios, cuenta Concepción, que es imposible hacer frente a los gastos de mantenimiento y de modernización de los espacios culturales. En los últimos años, muchos de los espacios culturales están viviendo una transformación tecnológica, haciendo de sus visitas experiencias inversivas que requieren de una gran financiación.
Venecia, el claro ejemplo de que las tasas no frenan la masificación
Las tasas son útiles para conseguir más financiación para la conservación, pero no evitan otro de los problemas principales, las aglomeraciones turísticas.
"La subida de precio no necesariamente reduce la masificación. Venecia pone un precio de entrada a sus visitantes de 5 euros, pero al final el que tiene pensado ir a Venecia, va" explica Concepción.
Y habla de que la clave está en estudiar muy bien y con los datos en la mano el impacto de estas tasas y combinarlas con otras medidas.

Belu Jiménez
Periodista de informativos del fin de semana. Estudió Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad...




