Mujer, disidencia sexual, crisis del sida, artistas nunca expuestos: el Reina Sofía le da la vuelta al relato
El museo inicia la reorganización de sus fondos empezando por los últimos 50 años de historia del arte, desde la Transición hasta nuestros días
Juan Genovés. Documento nº…, 1975. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
De fondo suenan Los Planetas, y entre las primeras obras que puede ver el visitante, unos marcos quemados. Corresponden con la serie de grabados de la Suite Vollard de Picasso, que en 1971 exponía la galería Theo de Madrid. Aquellos cuadros fueron objeto del primero de los actos terroristas que el grupo paramilitar de extrema derecha los Guerrilleros de Cristo Rey llevó a cabo ese año contra obras del artista. Reclamaron su autoría con un manifiesto que decía, "Picasso, marxista, militante del Partido Comunista Español, antipatriota proxeneta, homosexual, pornógrafo". Los marcos se exponen junto a un Juan Genovés, referente de la Transición. Empezar así la reordenación de fondos del Reina Sofía es toda una declaración de intenciones.
Revisar la colección permanente era uno de los proyectos más ambiciosos del nuevo director Manuel Segade, tras más de dos años en el cargo. Un nuevo enfoque que cambia completamente el discurso del museo y que, como explicaba ante la prensa, lo que busca es construir múltiples relatos, que cuestionen el canon. "Si me preguntas qué querría conseguir con esto, sería que alguien que llegue sin tener ni idea de arte español contemporáneo ni de qué pasó en España en los últimos 50 años pueda salir con al menos un eco, y con algunos iconos visuales que le permitan reconocer de qué hablamos cuando hablamos de arte español contemporáneo".
Vista de la Sala 13 «Nuevos materialismos». En primer plano: Teresa Solar Abboud, Tuneladora, 2022. Depósito indefinido de la Fundación Museo Reina Sofía, 2022. © Teresa Solar, VEGAP, Madrid, 2026. Al fondo: Ana Laura Aláez, Tigras y felinas, 1994. Museo Reina Sofía. © Ana Laura Aláez, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía: Roberto Ruiz / ROBERTO RUIZ
David Wojnarowicz, Serie Arthur Rimbaud in New York [Arthur Rimbaud en Nueva York Series], 1978-1979 / Copia póstuma, 2004. Museo Reina Sofía. Fotografía: Roberto Ruiz. © David Wojnarowicz Estate, courtesy PPOW Gallery, New York and The Estate of David Wojnarowicz / ROBERTO RUIZ
Vista de la Sala 14 «Relacionalidades. Operaciones performativas con cuerpos extraños». Fotografía: Roberto Ruiz / ROBERTO RUIZ
Miquel Barceló, Serie de retratos de Hervé Guibert, 1990. Depósito temporal del artista, 2025. Fotografía: Roberto Ruiz. © Miquel Barceló, VEGAP, Madrid, 2026 / ROBERTO RUIZ
Vista de Sala 11 «Estructuralismo escultórico en los años setenta». Fotografía: Roberto Ruiz / ROBERTO RUIZ
Vista de la Sala 7 «Pandemia y lenguaje». A la izquierda: Félix Centurión, Medusas, 1994. Depósito indefinido de la Fundación Museo Reina Sofía, 2020 (Donación de Patricia Phelps de Cisneros en honor a Gustavo Bruzzone). A la derecha: Yeguas del Apocalipsis, Las dos Fridas, 1989 / 2015. Depósito indefinido de la Fundación Museo Reina Sofía, 2015 (adquirido con fondos donados por Juan Carlos Verme). Fotografía: Roberto Ruiz / ROBERTO RUIZ
Vista de la Sala 8 «¿Qué le hace el sida al arte?». Fotografía: Roberto Ruiz / ROBERTO RUIZ
Una reorganización que comienza en la cuarta planta del museo, más de 3.000 metros cuadrados de exposición, y que abarca desde 1975 hasta la actualidad. 50 años de historia del Arte desde España, en un nuevo recorrido que se plantea a través de tres itinerarios -historia sobre los afectos, revisión de la escultura y la institución del mercado y el arte que nos excede-, a partir de una selección de 403 obras de 224 artistas. Una relectura política que da respuesta a cómo hemos llegado al presente desde el pasado. “La tarea del museo no es releer el pasado buscando un espejo para la sociedad actual, sino permitir que las preocupaciones del presente encuentren en aquel una multitud de respuestas que permitan comprender que el hoy no es algo dado, sino un llegar a ser de construcción necesariamente colectiva. En épocas inciertas como las actuales, no se trata de imaginar futuros, sino de intentar reconocer en el presente aquellos futuros deseables que ya estaban aquí”.
Es un recorrido más accesible, dinámico, que pone en el centro de la experiencia museística al visitante, que es lineal y no siempre cronológico, y que incluye obras muy conocidas de las colecciones del Reina de artistas como Picasso, Miró, Dalí, Juan Genovés y Juan Muñoz, Esther Ferrer, Cristina García Rodero, o Andy Warhol. Pero también y, sobre todo, otros que nunca antes habían sido expuestos. En total, 258 obras, el 64%, son inéditas; más de la mitad de lo que ahora puede verse en esta planta nunca se había mostrado en la colección permanente del museo. "Rubén Bermúdez, Agnes Essonti o Pocho Guimaraes, no tenían representación. Miquel Barceló estaba vinculado a un relato diferente al suyo propio. Creo que eso también es interesante, no solo la parte inédita sino la importancia que tiene la manera de mostrarlas". "Queremos que el público identifique que la forma de mostrar es parte del lenguaje del museo, no queríamos que pareciera que hay una falta de intención. Queríamos que fuera algo más sincero". Siguen sin estar artistas como Jaume Plensa, uno de los más cotizados en el mercado actual; "hay muchos más artistas importantes del siglo XXI que no están en la colección porque no tienen todavía la pieza representativa más importante o porque es un trabajo que aún tenemos que hacer".
Vista de la Sala 21 «Prácticas de género. Coreografías sociales para el nuevo siglo». Fotografía: Roberto Ruiz / ROBERTO RUIZ
Vista de la Sala 17 «Una pintura más pintada». Fotografía: Roberto Ruiz / ROBERTO RUIZ
Rafael Canogar, Escena urbana, 1970. Museo Reina Sofía. Fotografía: Roberto Ruiz. © Rafael Canogar, VEGAP, Madrid, 2025 / ROBERTO RUIZ
Perspectiva de género y disidencia sexual
"Hemos subido al 34% de presencia de mujeres expuestas; nunca hubo tantas mujeres en una planta, pero aún no llegamos al 40% y no cumplimos con la ley de igualdad". La perspectiva de género es otro de los puntos fuertes de esta nueva reorganización; aun así, de las 26.000 obras que tiene el Reina Sofía, menos de un 15% son obras de artistas mujeres. Esta importancia del feminismo en la evolución de las prácticas artísticas y su aportación a la crítica de la representación de la mujer sirven de hilo conductor para las primeras salas del primer itinerario dedicado a los afectos en el arte contemporáneo, junto al papel decisivo del arte como herramienta de visibilización de las nuevas presencias de género y la lucha por los derechos LGTBIQ+, dando paso a una nueva representación de una sexualidad no normativa. Las performances de Judy Chicago y Esther Ferrer, acompañan las obras de otras artistas, referentes del movimiento, como Eulàlia Grau o la estadounidense Barbara Hammer.
En ese itinerario de los afectos también se aborda lo que supuso la pandemia del sida en los años 80, con obras como las de los artistas Luis Fernando Zapata, Peter Hujar, Pepe Espaliú, uno de los máximos exponentes de las estéticas del duelo, o la impactante instalación de Pepe Miralles, una de las propuestas clave de la sala. Ante una pandemia invisibilizada, el artista a modo de archivo afectivo reúne los objetos íntimos y cotidianos vinculados a la enfermedad de su amigo Juan Guillermo, muerto a causa de la pandemia de sida: su ropa, los tratamientos paliativos ante el VIH, y que desvelan la dimensión humana de la epidemia, haciendo del espacio expositivo un lugar para la memoria y el duelo compartido.
Los mismos movimientos sociales que estaban representados lo siguen estando ahora a través de las obras de arte, pero como explica Segade "la diferencia es que en esta nueva planta hay una confianza extrema en el arte para hablar de los problemas sociales y políticos". El documento pasa a un segundo plano. Los Picassos rotos lo dicen todo. Tenerlos encima en perfecto estado, ese ejercicio de restitución, ya habla de algo que no necesita documentación. Convertimos la obra de arte en el vehículo para contar la historia de su tiempo, y confiamos para que haga su trabajo. Las obras de arte exceden, es el título del tercer capítulo; ese exceso de la obra de arte en si mismo dice mucho más que cualquier documento".
No se trata de un planteamiento que quede cerrado a los cambios; "es perfectamente revisable, como las condenas en nuestro país" asegura entre risas Segade, "la idea es que la planta sea flexible". No habrá cambios, eso sí, en los próximos tres años porque queremos que el equipo se centre en las otras dos plantas. Esto es una primera tentativa que tendrá muchas declinaciones". Tampoco hay miedo ante el futuro y un posible cambio político: "He trabajado en múltiples ocasiones con gobiernos de derechas que han sido hiperrespetuosos con los discursos artísticos, por ejemplo, en el Centro de Arte Dos de Mayo o en el Centro Galego de Arte Contemporáneo. Por suerte, tenemos un espacio cultural lo suficientemente maduro para representar las cosas de otra manera".
Vista de la Sala 17 «Una pintura más pintada». Guillermo Pérez Villalta, Grupo de personas en un atrio o alegoría del arte y la vida o del presente y el futuro, 1975-1976. Museo Reina Sofía. © Guillermo Pérez Villalta, VEGAP, Madrid, 2026 / Manolo Quejido, Silla y máquina de escribir (Máquina sentada en silla), 1978-1979. Museo Reina Sofía. © Manolo Quejido, VEGAP, Madrid, 2026. Fotografía: Roberto Ruiz / ROBERTO RUIZ
Vista de la Sala 16 «Culturas videográficas de los años ochenta: La imagen sublime». Fotografía: Roberto Ruiz / ROBERTO RUIZ
Juan Luis Moraza, Éxtasis, estatus, estatua, 1994 (detalle). Museo Reina Sofía. Fotografía: Roberto Ruiz. © Juan Luis Moraza, VEGAP, Madrid, 2026 / ROBERTO RUIZ