"Se alquila almacenamiento": el 'boom' del alquiler de trasteros en la era de los minipisos
El periodista José precedo explica cómo la falta de viviendas y la reducción del tamaño de los pisos empujan a miles de familias a pagar por guardar lo que ya no cabe en casa

Madrid
El mercado inmobiliario ha encontrado un nuevo horizonte para hacer negocio: el último metro cuadrado disponible en las ciudades. Tras años de encarecimiento de la vivienda, de transformación de locales en pisos, de buhardillas reconvertidas en estudios y de hoteles cápsula que ofrecen poco más que una cama, la especulación ha puesto el foco en un espacio hasta ahora secundario: los trasteros urbanos.
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Expediente Precedo | "Se alquila almacenamiento": el 'boom' del alquiler de trasteros en la era del minipiso
El periodista José Precedo, de eldiario.es, ha explicado en Hora 25 este fenómeno. Por un lado, el acceso a la vivienda se ha convertido en el principal problema para los españoles. Según el Banco de España, faltan unas 700.000 viviendas para equilibrar el mercado. Al mismo tiempo, el Instituto Nacional de Estadística constata que el número medio de personas por hogar sigue descendiendo —actualmente en 2,5— y el Ministerio de Vivienda señala que las nuevas promociones han perdido de media ocho metros cuadrados en los dos últimos años. Se construyen pisos cada vez más pequeños para hogares cada vez más reducidos.
En las grandes ciudades proliferan apartamentos de 30 metros cuadrados, el mínimo legal habitable en muchas comunidades autónomas. Pero no es lo mismo vivir solo en ese espacio que compartirlo con pareja, hijos o compañeros de piso. La reducción del espacio disponible no solo impacta en la comodidad, sino también en la salud mental.
El psicólogo ambiental Gary W. Evans, profesor emérito de la Cornell University, desarrolló la teoría del “hacinamiento psicológico”. Sus investigaciones concluyen que el estrés no depende únicamente de los metros cuadrados, sino de la capacidad de controlar el entorno. La pérdida de privacidad y la imposibilidad de regular la interacción social dentro de casa activan mecanismos de estrés crónico. Cuando no se puede decidir estar solo en una habitación, aunque haya otras personas en casa, el cerebro interpreta que ha perdido control.
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Evans también observó que quienes viven en espacios saturados tienden a desconectarse emocionalmente como estrategia de defensa. Se debilitan vínculos familiares y se reduce la capacidad de ofrecer y recibir apoyo social. El impacto es mayor en los niños: niveles más altos de cortisol, mayor presión arterial y riesgo de “indefensión aprendida”, una sensación de que no merece la pena esforzarse porque no se puede cambiar el entorno.
Hay, sin embargo, matices. La llamada "profundidad espacial" —que no se vea todo el piso de un vistazo y existan estancias diferenciadas— puede reducir la sensación de agobio aunque los metros sean los mismos.
Y es que el mercado detecta todas las oportunidades. Si la vivienda es cada vez más pequeña y el metro cuadrado sigue disparado, el espacio extra se convierte en un lujo. Y ese lujo se alquila.
En Barcelona, en la zona de Ciutadella, un metro cuadrado de trastero puede costar 33 euros al mes. En Madrid, entre 40 y 45 euros dependiendo del barrio. En Santiago de Compostela, alrededor de 18 euros. En apenas un metro cuadrado caben entre 15 y 25 cajas medianas apiladas, una bicicleta o equipos deportivos.

Los más demandados, sin embargo, son los de cuatro metros cuadrados (2x2). Con techos altos, permiten guardar desde el árbol de Navidad hasta muebles pequeños. En Madrid o Barcelona se mueven entre 50 y 70 euros mensuales, aunque en zonas prime pueden alcanzar cifras muy superiores. Los de cinco metros cuadrados rondan los 180 o 200 euros en áreas como el entorno del estadio Santiago Bernabéu.
Lo que comenzó como una iniciativa de particulares que alquilaban espacios vacíos se ha convertido en un negocio profesionalizado. Antiguos supermercados, fruterías o comercios de barrio de 300 o 400 metros cuadrados están siendo transformados en centros con 100 o 150 trasteros gestionados íntegramente por aplicación móvil. Sin empleados, con acceso mediante código y sistemas de videovigilancia.
Empresas como Upstorage operan ya en municipios como Sabadell o Rubí, gestionando cientos de espacios en entornos urbanos. El modelo es atractivo para inversores: alquilar un local por unos 2.000 euros, invertir alrededor de 100.000 en adecuarlo, automatizar la gestión y obtener ingresos mensuales de 4.500 o 5.000 euros por centro. Rentabilidades estimadas del 20% o 25%, con ocupaciones cercanas al 100% y escasa rotación.
El trastero se convierte así en una prolongación permanente de la vivienda. Los picos de demanda llegan tras el verano, en mudanzas, separaciones o cambios laborales. Pero la mayoría de clientes no busca una solución temporal: necesita espacio extra de forma indefinida.
El fenómeno transforma también el paisaje urbano. Donde antes había un comercio con varios empleados, hoy puede haber un local cerrado, compartimentado en decenas de cubículos, gestionado desde un teléfono móvil. Menos actividad comercial, menos empleo presencial, más rentabilidad por metro cuadrado.
Surge además una pregunta de fondo: si almacenar abrigos, muebles o decoraciones supone pagar entre 600 y 1.000 euros al año, ¿acabará siendo más "rentable”" desecharlos y volver a comprarlos cuando se necesiten? La falta de espacio puede empujar a patrones de consumo menos sostenibles y más intensivos en recursos.




