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Así salvaron los gatos a Venecia de la peste: matar a un felino acabó estando penado por ley

En aquella época, tener más gatos significaba tener menos riesgo sanitario

Así salvaron los gatos a Venecia de la peste: matar a un felino acabó estando penado por ley

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Madrid

En SER Aventureros, Chema Rodríguez hizo un recorrido por algunas ciudades del mundo donde los gatos forman parte esencial del paisaje urbano y, en algunos casos, de su historia. El punto de partida fue Estambul, ciudad a la que viajó estas Navidades y donde volvió a sorprenderse con la presencia masiva de felinos.

"Esta Navidad estuve en Estambul y flipé con la cantidad de gatos que había", contó. "Los gatos no son de nadie y, al mismo tiempo, son de todos". Según explicó, esa convivencia se basa en un cuidado compartido: "Los vecinos les ponen comida, las tiendas les dejan entrar y el ayuntamiento se ocupa de la atención veterinaria". También mencionó que incluso existen máquinas expendedoras "para que los turistas puedan echar una moneda y sacar comida para los gatos".

A partir de ahí, se preguntó qué otras ciudades del mundo tienen una relación tan profunda con estos animales. Y una de las más sorprendentes fue Venecia.

Venecia: los gatos que mantuvieron a raya a las ratas

Venecia sufrió durante siglos un grave problema de ratas por su intensa actividad comercial y los grandes almacenes de grano. Como resumió Chema, "era un centro de comercio, lleno de almacenes de grano, y las ratas campaban a sus anchas". En ese contexto, los gatos se volvieron esenciales para controlar las plagas.

Para frenar el riesgo sanitario, la Serenísima protegió legalmente a los felinos: "Los gatos estaban protegidos por la propia Serenísima" y "matar un gato estaba penado en algunos periodos de la historia". Además, cuando faltaban, reforzaba la población: "En el siglo XV se hacían traslados y se traían gatos desde otros lugares del Adriático para mantener a raya a las ratas".

Esa presencia fue clave en tiempos de peste: "La presencia de gatos ayudó a controlar a las ratas, que eran el principal vector de la enfermedad"; por lo que, "en aquella época, tener más gatos significaba tener menos riesgo sanitario".

Kyoto: los gatos como símbolo espiritual

Después de Venecia, Chema recordó que en Japón el felino es una figura espiritual y estética. "El famoso muñequito del maneki-neko, el del bracito, es un gato", explicó. "Da protección al hogar". En el entorno de Tokio existe incluso un templo dedicado específicamente a los gatos, y en Kyoto proliferan cafés y calles temáticas centradas en su figura.

Bangkok y París: dos historias opuestas

Chema también mencionó Bangkok, ciudad asociada históricamente al gato siamés. "Tradicionalmente los gatos allí vivían en los palacios reales y en los templos", explicó.

Pero el caso de París es muy distinto. "En París ahora hay más ratas que gatos", lamentó. Aun así, el gato permanece en la identidad cultural de la ciudad: "En París, aunque ya no haya tantos gatos en las calles, están en la literatura de Baudelaire, en Colette, en Apollinaire, en Picasso y en el cartel mítico de Le Chat Noir".

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