'Ravalear', la fantástica serie que pone el foco en la gentrificación y los fondos buitre: "Apela a la rebelión"
El director Pol Rodríguez presenta una ficción basada en la historia de su familia que fue desahuciada de su restaurante en El Raval, en Barcelona, con Enric Auquer, Sergi López y María Rodríguez Soto

Berlín
Las barceloneses tienen un verbo, “ravalejar”, que significa pasear por uno de sus barrios más emblemáticos, El Raval. Un lugar histórico que ha enfrentado distintos vaivenes, políticos, económicos y culturales. Hoy es sinónimo de gentrificación, pero no es un fenómeno nuevo para sus vecinos. Si recuperamos En Construcción (2001), la película de José Luis Guerín, descubrimos cómo fue el gran proceso de cambio de El Raval, un proceso que se repitió, y se repite, en muchas ciudades españoles. La serie 'Ravalear', creada por Pol Rodríguez, bucea en otro de los procesos de cambio del barrio como una especie de continuación de aquello que contaba el documental ganador del Goya. "Está inspirada en lo que nos pasó a mi familia, que teníamos un restaurante en el barrio del Raval durante 90 años y en el 2021 tuvimos que cerrar con un desahucio ese proceso de lucha contra un fondo de inversión que duró más o menos unos cinco o siete años", nos cuenta el director en Berlín, donde 'Ravalear' se ha convertido en la primera serie española en pasar por este festival.
Sus padres regentaban un restaurante familiar, una casa de comidas centenaria en ese barrio. Un lugar adorado y respetado por los vecinos y donde iban a comer el menú del día desde Peret, a Alberti, pasando por estrellas internacionales como Tony Curtis, Marcello Mastroianni y cineastas de autor como el propio Guerín o Joaquim Jordà. "Yo les conozco del restaurante y, de hecho, trabajamos juntos cuando En la ciudad de Silvia, y justo cuando él estaba rodando En Construcción, yo estaba rodando con Joaquim Jordà, una película que se llama De Nens, que también hablaba de la especulación y ellos fueron el nexo de unión con Isaki Lacuesta. Estamos cerrando un círculo, pero también estamos demostrando que el problema sigue existiendo y existirá, con lo cual es un grave problema que tenemos en las ciudades", explica sobre cómo empezó en el cine, mientras echaba una mano en el restaurante, y cómo forjó su colaboración con Lacuesta, que codirige esta serie.

Fotograma de Ravalear / CEDIDA

Fotograma de Ravalear / CEDIDA
A lo largo de seis capítulos cuenta el drama de cómo el edificio entero cayó en manos de un fondo de inversión, que estaba comprando todo el barrio y cuyo objetivo era vaciar el inmueble y echar a sus vecinos, para venderlo o crear pisos turísticos. Es lo que hicieron y es lo que siguen haciendo, ahí tenemos el caso de Lavapiés en Madrid. "Básicamente, la serie va de esto, de cuánto necesitamos el progreso y a qué precio. De cuánto tienen que cambiar para evolucionar nuestras ciudades, pero qué dejamos atrás, si estamos arrasando todo con esos cambios. Me interesa mucho esa contradicción".
La serie cuenta el momento en que la familia se enfrenta al desalojo e intenta tomar cualquier tipo de medida para evitar que el pez grande se coma al pequeño. "Ravalear apela a la rebelión, de alguna manera. Abre el debate de si es ético saltarte una ley que no te está protegiendo. Básicamente, que te sientes indefenso y que no ves soluciones y tienes que tomarlas tú. Y muchas veces, en ese camino te equivocas y quizá no vas a terminar donde querías, donde pensabas que ibas a llegar", defiende el creador que ha ficcionado las tramas de cada uno de los personajes que explica cómo se permite degradar un barrio para que los vecinos de toda la vida quieren marcharse, cómo la okupación es el único recurso para los más precarios.
Rodada en las calles del Raval, reconstruyendo la histórica casa de comidas, y sumando a un montón de vecinos y vecinas como extras, Pol Rodríguez e Isaki Lacuesta, los directores de los capítulos, pixelan las caras de algunos de los vecinos, usan la cámara en mano para recorrer las estrechas calles del vecindario, las escaleras y los pisos, donde a través de la trama de los personajes, los espectadores conocemos el modus operandi de estos empresarios y cómo funcionan para hundir a las familias en un lío burocrático y legal. El documentalista Justin Webster ayudó en esa parte del argumento. "Coqueteamos con un formato más documental, con las cámaras que juegan con los zooms que nadie sepa quien está siendo rodado y mezclando a los grandes actores de la serie con un casting de gente que nunca antes había actuado". Por eso reconstruyeron el restaurante e implicaron a todo el barrio en el rodaje, sobre todo a las asociaciones y colectivos sociales con las que Pol Rodríguez ya había colaborado. "Quería que El Raval entrase en la serie a cucharadas de alguna manera y reflejar la historia solidaria que tiene el barrio desde siempre". Es así como historia de esta familia, que ve cómo toda su vida se descompone ante las burradas del capitalismo inmobiliario, se cruza con las vidas precarias de aquellos nuevos vecinos que han llegado al barrio en los últimos años. Los jóvenes marroquíes sin casa, por ejemplo, a los que dan cobijo los personajes de Enric Auquer y María Rodríguez Soto, soberbios, como el resto de actores, desde el villano Sergi López, o los veteranos Francesc Orella y Lluïsa Castell, igual que Quim Ávila. "Lo más sorprende ha sido descubrir la impunidad que tienen las altas esferas frente a todos nosotros. Es algo que sabíamos pero después de la serie creo que hemos tomado conciencia plena. También de lo importante que es crear comunidad. Es heavy que hayamos normalizado que hay luchar por tener una casa", dice María Rodríguez Soto. "Es como que todos damos por hecho los relatos del capitalismo, del mercado funciona así y es lo que hay. Por eso hay que organizarse desde abajo", insiste Auquer, actor que en su discurso de agradecimiento del Gaudí, hace justo un año, defendió la lucha contra los desahucios.
"A mí me cuesta ser optimista con el problema de la especulación, porque no es solo que a nivel político no haya interés en regular una problemática que nos afecta a todos, sino también nosotros mismos, como clase media, nos hemos convertido en turistas. Hay dos tipos de personas ahora: turistas y gente sin casa, entonces ¿qué culpabilidad tenemos nosotros mismos en todo ello?", reflexiona el director que reconoce que hay un cambio en la industria con respecto a reflejar en el cine y las series el problema de la vivienda. "Creo que ahora interesa muchísimo porque nos afecta a todos, por eso la idea era hacer un thriller sin ninguna pistola, y que en vez de una maleta con lingotes de oro, haya ladrillos".

Pepa Blanes
Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...




