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Boyero no tiene piedad con 'El agente secreto': "Estuve mirando el reloj pensando en cuándo acababa"

El crítico carga contra la duración de la película, estalla contra el uso del móvil en el cine, reflexiona sobre la incomodidad política en la Berlinale y recuerda a Robert Duvall

La Ventana del Cine con Carlos Boyero | El estreno de 'El agente secreto'

La Ventana del Cine con Carlos Boyero | El estreno de 'El agente secreto'

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Madrid

Carlos Boyero no atraviesa su momento más entusiasta en las salas. Lo reconoce sin rodeos: últimamente, antes de que empiece una película, pregunta cuánto dura. Y si la respuesta es excesiva, le entran "los temblores".

Con el estreno El agente secreto no tuvo piedad. "Estuve mirando el reloj a ver cuándo se iba a acabar y no me enteraba mucho del argumento", confiesa en La Ventana. Dice que deducía cosas, pero que necesitaba que alguien se lo explicara después. "No me entero de las películas ni me interesa. No sé si la culpa es de las películas o si yo ya estoy para allá", ironiza, aunque su gesto, mirar el reloj en plena proyección, resume mejor que cualquier crítica su hastío.

Bronca en el pase de prensa

La incomodidad no se ha quedado en la pantalla. El periodista de Vanity Fair Javier Aznar ha contado en X que lo vio llamar la atención a alguien por usar el móvil durante un pase.

Boyero lo confirma: "Le dije que se callara de una puta vez". Y no fue una sola vez. Le indigna especialmente que ocurra en un pase de prensa, donde el silencio debería ser sagrado. "Me sorprendió que nadie más protestara", añade. Para él, hablar por teléfono en medio de una proyección es una falta de educación que arruina la experiencia del cine. El crítico de cine no acude al teatro, pero ha admitido: "Si yo fuera actor y me hicieran eso en un teatro, me iría".

Berlín, política y mala conciencia

El debate se amplía al terreno político. La periodista Pepa Blanes ha apuntado la incomodidad en el jurado del Festival Internacional de Cine de Berlín ante la situación en Palestina y la financiación institucional alemana.

Boyero cree que Alemania arrastra la culpa histórica del nazismo, pero advierte que eso no puede traducirse en un apoyo incondicional a Israel "en todas sus movidas salvajes". Desconfía de la frase recurrente de que el festival "no tiene nada que ver con la política": para él, el cine siempre dialoga con su tiempo.

Aprovecha para reivindicar al director alemán Wim Wenders, al que admira por títulos como En el curso del tiempo y Alicia en las ciudades, aunque reconoce que después tuvo que "tragar bodrios" suyos. "Lo que se le da muy bien son los documentales", matiza.

El recuerdo de Robert Duvall

La conversación termina con un tono más sereno al recordar a Robert Duvall. Para Boyero, ha sido uno de los grandes: "No recuerdo ninguna interpretación suya que no me guste".

Evoca su papel en Matar a un ruiseñor, la primera vez que lo vio en pantalla, y también su célebre escena en Apocalypse Now, donde pronunciaba aquello de que el mejor olor del mundo era el del napalm por la mañana. Cuenta que lo tuvo sentado al lado en una mesa en San Sebastián y casi no fue consciente. "Nunca le vi ni viejo ni joven", dice. Solo un actor inmenso al que desea una muerte plácida "por todo el placer que nos ha dado".

 

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