Santiago Niño Becerra: "Con los parámetros actuales, jamás se resolverá el problema de la vivienda en España"
El economista advierte que la concentración urbana responde a la pura eficiencia económica: revertir la España vaciada exige inversiones estructurales, no traslados individuales

Madrid
El Gobierno ha anunciado el fondo soberano España Crece, un vehículo inversor gestionado a través del ICO que pretende movilizar 23.000 millones de euros para construir 15.000 viviendas al año. En un país donde la vivienda es ya la principal preocupación ciudadana según el CIS, la medida se presenta como un golpe de efecto.
Santiago Niño Becerra advierte en La Ventana de la magnitud de un problema que, a su juicio, desborda cualquier plan parcial. Recuerda que el Banco de España estima en 700.000 las viviendas necesarias en este momento. "Para que ahora estuviesen disponibles harían falta 1,073 billones de euros. En mi opinión, con los actuales parámetros, jamás se resolverá el problema de la vivienda en España".
Concentración y eficiencia: la lógica económica
El 90% de la población española vive en menos del 3% del territorio. La tendencia, sostiene, no es coyuntural, sino estructural y global. Ocurre en economías desarrolladas y en países en vías de desarrollo como China, donde la franja costera concentra actividad, inversión y oportunidades frente al interior.
La economía, explica, se guía por las economías de escala. "Desde un punto de vista estrictamente eficiente, es más rentable construir 500 viviendas en un solo bloque que 500 casas dispersas". La gestión de residuos, el transporte, el suministro energético o los servicios públicos resultan mucho más baratos cuando están concentrados. "Estéticamente puede ser más feo un edificio de 500 pisos que 500 casas unifamiliares desperdigadas, pero desde el punto de vista de eficiencia es así".
Incluso los grandes proyectos urbanos experimentales siguen esa lógica. Cita el caso de The Line, en Arabia Saudí, una ciudad lineal autosuficiente diseñada para concentrar a millones de personas en una franja de apenas 500 metros de ancho.
¿Puede revertirse la llamada España vaciada? Niño Becerra cree que solo sería posible mediante inversiones masivas en infraestructuras y actividad productiva. Los traslados individuales de "urbanitas" a pequeños municipios, dice, "van a solucionar muy poco" si no existe un tejido económico detrás.
Carreteras, peajes y pago por uso
El debate territorial conecta de inmediato con el de las infraestructuras. La Cámara de Comercio de Barcelona ha reclamado recuperar el pago por uso en las autopistas para frenar su "deterioro grave" y plantea que la gestión pase a manos de la Generalitat. El fin de los peajes en vías como la AP‑7 o la AP‑2 en 2021 fue celebrado, pero el debate nunca desapareció. La Comisión Europea lleva años sugiriendo un modelo similar al de otros países europeos.
Niño Becerra es claro: "El mantenimiento de las vías de comunicación ha de pagarlo quien las usa, por la distancia recorrida y según el peso del vehículo". No lo vincula a la contaminación, sino a un principio económico de coste directo.
Mientras tanto, el Ministerio de Transportes prepara un plan especial de 1.600 millones para frenar el deterioro de la red viaria. Una auditoría de la Asociación Española de la Carretera alertó de que los tramos con deterioro muy grave se han triplicado en tres años: de 13.000 kilómetros en 2022 a 34.000 en 2025. Más de la mitad de la red necesitaría intervención.
Ayudas, eficiencia y conflicto fiscal
En coherencia con su enfoque económico, el profesor cuestiona el diseño de algunas ayudas públicas. "Una persona que gana 150.000 euros al año no debería tener derecho a ayudas al transporte ni a reducciones del IVA", sostiene, apelando a la eficiencia distributiva.
En paralelo, recuerda que la lucha contra el fraude fiscal exige coordinación internacional. La ingeniería fiscal puede ser legal, pero si los países no armonizan criterios —"si uno interpreta A y otro B"— el control se diluye.
En el fondo, su tesis es constante: los problemas territoriales, de vivienda o de infraestructuras no son solo políticos o sociales. Son, sobre todo, económicos. Y mientras la lógica de la escala y la concentración siga marcando el paso, revertir la despoblación o abaratar la vivienda exigirá algo más que fondos puntuales o incentivos aislados.
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