'Moscas', el sutil drama social en blanco y negro del mexicano Fernando Eimbcke que ha emocionado en la Berlinale
El director cuenta la caída en la precariedad de una familia que tiene que enfrentarse al precio de la sanidad en México

Fotograma de Moscas / CEDIDA

Berlín
El director mexicano Fernando Eimbcke regresa a Berlinale con Moscas, una bella película de duelo y de denuncia social que compite por el Oso de Oro y que ha sido una de las obras más estimulantes de la sección oficial. El director parte de un arquetipo ya visto en el cine, en obras como Up, de Pete Docter y Bob Peterson, o Gloria de Nick Cassavetes, León el profesional, de Luc Besson, o Alicia en las ciudades de Wim Wenders, casualmente el presidente del jurado en esta edición del festival, para filmar un retrato la precariedad de México y de las relaciones familiares. "En este viaje, el héroe es el niño, el que te enseña, que siempre te está enseñando porque es lo ve todo a través de la inocencia". El adulto, en este caso, es una mujer que vive sola y aislada, se encuentra forzada a convivir con un niño que no conoce, y que acaba transformando su propio universo.
“La mosca es una presencia viva e indeseable que entra en tu vida; algo de lo que quieres deshacerte, pero que no puedes ignorar. Así funciona la vida: cuando algo entra, lo transforma todo. En ese sentido, el padre y el hijo son las moscas. Hay un claro juego metafórico ahí”, decía el director en una entrevista en la SER.
Eimbcke, reconocido por una filmografía marcada por el minimalismo visual, el uso de planos fijos, el juego con el sonido ambiente y por historias de adolescentes en momentos emocionalmente convulsos, como vimos en su debut, Temporada de patos (2004), o en Club Sándwich, con la que ganó mejor dirección en San Sebastián, propone ahora un retrato familiar y un acercamiento al duelo, sin olvidar que el contexto político y social determina el privilegio de vivir cualquier conflicto.
El nuevo filme, rodado en blanco y negro, está protagonizado por Teresa Sánchez, Bastian Escobar y Hugo Ramírez. "Me atrajo el blanco y negro por el equilibrio que aporta al melodrama, con pequeños toques de farsa; siempre he apreciado ese tipo de humor, y la influencia de Chaplin está ahí”. Una mujer solitaria que vive prácticamente aislada en su apartamento tiene que poner en alquiler una habitación de su casa para poder pagarse una operación de pie. Al cuarto llega un hombre que necesitan vivir cerca del hospital un tiempo, mientras su esposa está ingresada recibiendo un tratamiento. La condición es que no salga de la habitación más que lo justo y que no moleste. Sin que ella lo sepa, el inquilino introduce a escondidas a su hijo de nueve años, algo que detona el conflicto entre los tres personajes.
El director baja la cámara a la altura del niño protagonista y nos muestra el mundo a través de sus ojos, el nuevo departamento, la carretera, el hospital por fuera, la calle... todo lo vemos a su altura. "Fue increíble siempre tener la cámara abajo, siempre estar viendo las cosas desde el nivel del niño y nos hizo ver el mundo de una manera totalmente diferente. También los videojuegos, a través de ellos el niño entiende el mundo que le rodea y todo lo que está pasando: el esfuerzo de su padre por conseguir dinero para pagar el hospital, las medicinas y esa habitación de alquiler. También para entender la enfermedad de su madre.
"Teníamos la idea de filmar la calle como lo hizo el neorrealismo italiano, porque sabíamos que la realidad iba a tener muchas más capas de lo que nosotros pudiéramos recrear. La realidad siempre es más brutal" , dice el director que filma delicados planos, y que, con muchísima sutileza, nos va contando las circunstancias de los personajes, el pasado de esa mujer, que le ha alejado del mundo, y la precariedad de ese nuevo niño. "Contamos historias, pero las historias se mueven dentro de un contexto. En este caso el obstáculo es el dinero. Si nos ponemos en los ojos del niño, lo que está viendo es que todo gira en torno al dinero, que es el dinero lo que se está intercambiando y que la salud y el bienestar de las personas depende del dinero. Y eso es terrible", nos cuenta.
Es así como muestra la injusticia de una sanidad pública universal o de la explotación laboral. "En México hay una seguridad social, pero no alcanza a cubrir todo. No hay tantos recursos, hay muchos problemas económicos, pero creo que es una cosa que está pasando en todo el mundo, la preocupación por poder pagar la sanidad". La guionista, Vanesa Garnica, se recorrió las farmacias para saber el precio de cada medicina, fue tal la minuciosidad que todo rezuma realismo, a pesar de la construcción visual y del sonido que, como en todo su cine, el sonido cobra una gran importancia. El sonido de las maquinas del hospital, de los coches, de las ciudades, de la máquina de videojuegos, de la televisión o del teléfono. "Para mí no hay separación entre imagen y sonido, sino, no es cine".
La inclusión de Moscas en la sección principal no solo confirma el regreso de Eimbcke a uno de los festivales clave de su trayectoria, sino que refuerza el peso del cine mexicano en una de las vitrinas más influyentes del circuito internacional. En 2008 ya obtuvo aquí el Premio FIPRESCI y el Alfred Bauer por Lake Tahoe. Ahora vuelve en un momento en el que el gobierno de su país acaba de transformar su relación con la industria del cine. La presidenta, Claudia Sheinbaum, anunciaba este fin de semana anuncia ayudas de hasta un 30 por ciento en créditos fiscales a la producción de películas en un acto con productores, entre ellos la actriz Salma Hayek.

Pepa Blanes
Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...




