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Bruno Galindo: "Escribir sirve para poner en orden la vida y este libro me ha servido para ordenar la mía y la de mi familia"

El escritor hispano argentino, que podría haber sido serbocroata, se fue a Argentina para contar la historia de Guillermo Larregui, el vasco de la carretilla, y terminó descubriendo la de su familia para contar las dos en su novela 'Nadie nos llamará antepasados' (Libros del K.O)

Bruno Galindo entra con una carretilla en la Biblioteca de Hoy por Hoy

Bruno Galindo entra con una carretilla en la Biblioteca de Hoy por Hoy

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Madrid

De niño Bruno Galindo escuchaba a su abuela paterna decir en casa "ese caminó más que el vasco de la carretilla". Con el tiempo descubre que el protagonista de aquel refrán existió. Era un obrero en paro de los pozos petrolíferos del sur de Argentina que decidió en 1935 batir un récord tras hacer una apuesta en un bar. Se llamaba Guillermo Isidoro Larregui Ugarte, había nacido en Pamplona a finales del siglo XIX y cruzó el atlántico para buscarse la vida. Cuando la daba por perdida acepta el reto de cruzar el país de norte a sur empujando una carretilla, los 6000 kilómetros que separan Ushuaia de La Quiaca pasando por Buenos Aires. Y si el que fue conocido como 'el vasco de la carretilla' se marcó el reto de tan tremenda caminata, Bruno se conjuro para escribir su historia.

El conocido como "el vasco de la carretilla", en una imagen de archivo.

El conocido como "el vasco de la carretilla", en una imagen de archivo.

Y con esa idea Galindo viajó, pasados los 50 años, para seguir el rastro de aquel mito de su infancia. Quería hacer los cuatro viajes del vasco. El primero le llevó de Ushuaia a Buenos Aires, el segundo a La Quiaca, el tercero a cruzar los Andes desde Mendoza (Argentina) hasta Santiago de Chile y el cuarto , cruzando la selva, hasta Iguazú, lugar donde Larregui abandonó el nomadismo de la carretilla para abrazar el sedentarismo en una cabaña bajo las cataratas.

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La familia paterna

Hasta aquí Nadie nos llamará antepasados de Bruno Galindo podría parecer un libro de viajes, un homenaje al escritor británico Bruce Chatwin, que lo es; pero a medida que recorre la vida de Larregui y su carretilla (él lo hizo en bus y tren) va descubriendo los paralelismos con su vida familiar. Primero la de un abuelo paterno, que fue capataz de un pozo petrolífero en la misma zona de la que partió Guillermo Larregui. El hombre que venía de una tragedia familiar al perder toda la familia por una epidemia en un barco que los trasladaba a Buenos Aires, terminó casándose de segundas y creando una nueva familia a la que no trató especialmente bien. Fanfarrón, bebedor y jugador perdió todo el dinero que ganaba y tenía semiabandonados a sus hijos y a su mujer a la que maltrataba. En ese ambiente se crio el padre de Bruno Galindo.

Portada del nuevo libro de Bruno Galindo, editado por Libros del K.O.

Portada del nuevo libro de Bruno Galindo, editado por Libros del K.O.

Seguir la historia familiar de Bruno Galindo no es fácil, pero es apasionante. Por la vida de los suyos pasaron Evita, Perón y hasta el Mariscal Tito. Cuenta en un pasaje de la novela que un tío abuelo suyo que volvió a España en el 36 terminó en el campo de concentración francés de Argelès-sur- mer, donde acabadon todos los republicanos españoles. Allí conoció al cantante Luis Mariano también exiliado y a un tal Josip Broz Tito, que fue miembro en su juventud de las Brigadas internacionales y terminó siendo mariscal y presidente de Yugoslavia. Los tres personajes se encuentran en el campo de la fría playa del sur de Francia a finales de 1939 y montan un negocio que consistía en recoger colillas y revenderlas entre los refugiados cautivos. Pero lo más grande, en palabras de Bruno, es que "por las noches mi tío abuelo tocaba el violín, Luis Mariano cantaba y Tito daba luz al espectáculo con la dinamo de una bicicleta en la que pedaleaba". Contado así parece mentira, pero no lo es.

La familia materna

Tampoco lo es que Tito terminase siendo el enemigo del abuelo materno de Bruno Galindo, cuyo segundo apellido es Ravlic. Esta es la historia más brutal. Su bisabuela pertenecía a una familia noble del imperio austrohúngaro que tenía un castillo y una fábrica de chocolate. Tras la Gran Guerra dejan de tener un país y pasa a pertenecer al Reino de Yugoslavia en el que su abuela es educada en las artes y se casa con un músico. Con el estallido de la II Guerra Mundial terminan acogiendo en casa a un soldado croata herido al que cuida su abuela mientras su marido, supuestamente, da conciertos en otras ciudades. Ese herido y su abuela se enamoran, huyen y se embarcan hasta Argentina para terminar en Mendoza. Allí el termina la abandona para dedicarse a temas políticos y ella vuelve a la Yugoslavia de Tito con su familia, para después volver a Argentina a buscarlo. Una locura que sólo se entiende leyendo el libro 'Nadie nos llamará antepasados'.

Pero el momento clave es cuando la abuela materna le pide a Bruno Galindo que escriba sus memorias y le da un manuscrito en el que describe los momentos más trascendentes de su vida. Ahí descubre que es nieto de Mile Ravlic, un nazi croata que tuvo que huir tras el avance de los milicianos de Tito al final de la II Guerra Mundial. Que huye a Argentina y abandona a su abuela para terminar colaborando con el régimen de Perón, del dominicano Trujillo o del dictador paraguayo Alfredo Stroessner. Un señor que vivió como un rey y un criminal, que no quiso saber nada de su familia y que vivió en la abundancia, aunque no dejó nada a los suyos. Antes de morir que no tenía familia. La historia familiar de Bruno es la historia del siglo XX.

Bruno Galindo solo vio una vez a su abuelo croata. Y ese día coincidió que fue la primera que vio a su madre, que desapareció de su vida cuando era un bebé. Ya era mayor de edad y fue en Madrid, un encuentro a tres "yo conozco a mi abuelo y a mi madre el mismo día, mi madre tampoco había visto nunca a mi abuelo, éramos tres desconocidos". Podría seguir contando y contando, pero es tan increíble todo en la vida de nuestro autor de la semana que lo mejor es leer su libro Nadie nos llamará antepasados (Libros del K.O). Con razón dice que "escribir sirve para ordenar la vida". La suya lo necesitaba con urgencia.

Pepe Rubio

Pepe Rubio

Redactor guionista de Hoy por Hoy. Llevo a antena las secciones "Desmontando mitos" , "Viaje de ida"...

 

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