El corto español en la Berlinale: una fábula sobre el deseo reprimido
Christian Avilés compite en la sección de cortometrajes de la Berlinale con ‘Stallion y la bola de cristal’ sobre la sexualidad contenida y la resistencia a ser apagado

Fotograma del corto en Berlinale / CEDIDA

Berlín
Stallion y la bola de cristal nace de la necesidad de su director, Christian Avilés, de hablar sobre el deseo reprimido. "Especialmente el de las personas que somos queer y crecemos entendiendo que tenemos que disciplinar nuestro deseo, que no se nos permite expresarlo libremente y por lo tanto también nos obliga a crear un mundo interior, a mirar más hacia dentro que hacia fuera, porque lo que hay fuera muchas veces es hostil", explica en una entrevista con la Cadena SER.
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Con este cortometraje, de 19 minutos de duración en 116 milímetros, compite por los Osos de su categoría en la 76º edición de la Berlinale, así como por el Berlinale Schorts Cupra al mejor director.
El protagonista de la cinta es un joven enfermo de deseo, que soporta el confinamiento al que le obliga su entorno, pero lejos de claudicar, se resiste a doblegarse, a reducirse a lo que esperan de él, a romper con lo más íntimo de su propio ser. Lanza entonces un hechizo y construye una realidad más intensa y plena gracias a su fuerza interior.
El cortometraje remite en cierto modo a la tradición de la novela gótica con elementos como el encierro y un romance desbordado, pero aborda al mismo tiempo algo tan contemporáneo como la virtualidad en los afectos.
Según Avilés, "hace referencia a crecer en una generación en la que las relaciones, sobre todo en los hombres, se dan a través de una pantalla, y el peligro también que conlleva a quién te puedes encontrar al otro lado".
Para lograr su objetivo, el realizador echa mano del expresionismo, que empieza a ser una de sus señas de identidad. Siente que a través de una estética y lenguaje alejados de la realidad puede "retratar un mundo parecido al nuestro, pero concretizar al mismo tiempo la oscuridad que está subyacente y generar algo que es más propio de una fábula, pero que remite al presente".
"No sé si es marca de la casa, apero es un lugar dónde me siento cómodo trabajando", añade. "Hay algo también de compartir un misterio", que, afirma, le resulta "muy atractivo".
Un corto cuajado de simbolismos
Quizá por ello Stallion y la bola de cristal está cuajado de simbolismos: desde escobas voladoras, a la tierra que remite al suelo que pisa el ser amado, o el agua en ebullición. También el toro, encerrado y humillado. Avilés revela que las imágenes de tauromaquia le permiten también hablar de la España actual, en la que "hay una insurgencia feroz del fascismo a plena luz del día".
Sostiene que se niega a sentir miedo, pero reconoce la tristeza de ver "la facilidad con que se ha readoptado un discurso que se supone estaba ya superado".
"Pienso mucho en las personas que crecen ahora y se están descubriendo y en la hostilidad con la que se encuentran y también hay un negarse a que eso vuelva a suceder con nuevas generaciones, a que ese pensamiento opresivo gane espacio", reflexiona este joven director, guionista y compositor.
Formado en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, admite que le interesa mucho "la espiritualidad adolescente", aunque lejos de vincularla a un dogma, la asocia más bien "a una pulsión, a una pasión", que "está llena de angustia, pero también de euforia".
"Me interesa mucho explorar esto y ya estoy comenzando a verlo en la escritura de mi próximo proyecto, mi primer largomentraje. También me interesa cómo se relaciona con el sueño y el subconsciente e intentar lanzar ahí un nexo con el mundo actual en el que vivimos. Lo que está pasando alrededor y cómo habitar un lugar que a veces parece tan perturbador e inhabitable", detalla.
El realizador barcelonés no es un desconocido en la Berlinale. Ya participó en el certamen en 2023 con La herida luminosa, que ese mismo año consiguió ser nominada a los Premios del Cine Europeo.
Otros trabajos suyos son Cohete (2022) y Court-circuit (2001). Encara este festival como una oportunidad para que se aprecie su trabajo y seguir recibiendo el cariño que le están mostrando desde el pasado domingo cuando se estrenó por primera vez y en las sucesivas proyecciones a lo largo de esta semana.
Con la vista puesta en el futuro, también anhela que sirva como escaparate para recibir apoyo en sus próximos proyectos: "Que vean que realmente tienen cabida y es un trabajo que necesita respaldo. Que no se puede seguir rodando sin presupuesto, con compañeros de la escuela, ni pidiendo favores, estamos haciendo cosas que se ven fuera, que se valoran y que están en un nivel muy alto".




