Colgar la bata
Esas batas llevan muchas vidas dentro

Barcelona
Esas batas llevan muchas vidas dentro. Digo, vidas salvadas. Esas batas blancas salen estos días a las puertas de los hospitales y, con las manos con que nos toman el pulso para reconocernos, sujetan ahora pancartas pidiendo reconocimiento. Esas batas son las mismas a las que, en los días de la pandemia, aplaudimos como si fueran héroes, pero eso lo hacíamos para disimular, pues sabíamos que no eran héroes, sino víctimas. No solo por el contagio del virus, lo eran más aun por las precarias condiciones en que los arrojaron a salvar a los enfermos. Pusieron en riesgo sus vidas y las de sus familias, día a día, en una mezcla de vocación y compromiso. Pero era trabajo. Detrás de cada récord de operaciones, de trasplantes, hay también un récord de explotación de médicos que han trabajado ahí treinta horas seguidas sin que nadie los sustituya, y un récord de atención de pacientes, y un récord de días sin dormir. Hoy, llamamos vocación al esclavismo. Por esto, esas médicas y médicos, profesionales del mejor sistema de sanidad pública del mundo, ahora están en pie de huelga. Son médicos que piden que les traten como médicos. En Barcelona hubo un puente sobre unas vías, bajo el que antiguamente se amontonaban las chabolas, y que se llamaba Puente del Trabajo. Hicieron obras y ahora es una calle, que se llama Puente del Trabajo Digno. Esto significa que la palabra trabajo ya no lleva incorporada la dignidad, y hay que añadírsela para que quede clara. Por esto están en huelga los médicos, porque a su trabajo también le han quitado la dignidad. La dignidad de ser médico. No es elitismo, es vivir en condiciones. Pero no es posible, y cada vez hay más médicos que cuelgan la bata impotentes, agotados, machacados. Empezamos indignados y hemos acabado indignos.




