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Wolf, el exmarine que quiere ver el fin de la guerra en Ucrania: "Si la muerte tenía un sonido, el dron se lo ha puesto"

Miles de soldados extranjeros combaten con el Ejército ucraniano sosteniendo la esperanza de que el conflicto no se prolongue más en el tiempo

No acostumbrarse a la guerra: cuatro años de la invasión rusa en Ucrania

No acostumbrarse a la guerra: cuatro años de la invasión rusa en Ucrania

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Bucha/Madrid

En la vida, como en el ejército, no siempre se escogen las batallas por librar. Pero, llegado un punto, hay que saber elegirlas. Cuando Abel "Wolf" Sender perteneció al cuerpo de marines en Estados Unidos fue destinado en Irak o Afganistán porque le tocó, pero cuando comenzó la invasión rusa en Ucrania se fue porque así lo quiso. Desde hace cuatro años, ha visto a sus compañeros morir, ha sobrevivido a diversos ataques de drones, resiste ante el frío, pero aguanta día a día por dos razones. La primera, porque sigue vivo. La segunda, porque quiere ver con sus propios ojos el fin de esta guerra.

Con más de 25 años de experiencia, el soldado peruano estadounidense llegó junto a otros compañeros al Ejército ucraniano tras pasar el proceso de selección de su Centro de Reclutamiento para Extranjeros. "Sabíamos del juego de ajedrez de Rusia desde hace mucho tiempo", explica. Para Sender, quien vive y tiene familia en suelo europeo, las intenciones expansionistas de Putin no se ceñían solamente a Ucrania.

Sender es uno de los miles de soldados extranjeros que han ido a combatir en esta guerra. Está documentada la participación de gente proveniente de Colombia, Brasil, Italia o España en el ejército ucraniano. En el lado ruso también se ha registrado la participación de personas de Cuba, Venezuela, Corea del Norte y, recientemente, de Kenia. Por dinero, por aventura o por convicción, los ejércitos en otros conflictos se sostienen también gracias a quienes vienen de fuera.

"Cuando hay dinero de por medio se puede poner el adjetivo de mercenario", responde el exmarine sin miedo a la connotación peyorativa que se ha acuñado a quienes, como él, van a pelear a una guerra que les es ajena. "Desde un médico, una persona que va a prestar un servicio en un sitio de conflicto, de un periodista, es obvio que tienes una remuneración". Los compañeros de promoción de Sender también recibieron ofertas por parte del Ejército ruso, cuyos salarios eran similares a los ofertados por Kiev: dependiendo de las funciones, el personal médico, técnico y militar puede ganar entre 3 000 y 3 500 dólares al mes. Era claro "a quién ayudar y de quién recibir el dinero".

El sonido de la muerte

"En los cielos está la inteligencia artificial y en los suelos la brutez animal" resume Sender, para quien lo que ha caracterizado a la guerra en Ucrania es el uso de drones. Al inicio de la invasión, siete de sus compañeros de élite murieron en un ataque del que logró salir con vida pero con heridas físicas: "Si la muerte tenía un sonido, el dron se lo ha puesto".

Para Sender no hay guerra que sea justa. Aunque ha vivido más de la mitad de su vida por salarios que han provenido de la guerra, no le gusta la violencia. El de Ucrania es su quinto conflicto. Nunca antes ha podido permanecer en uno hasta ver su fin, así que, gane quien gane, mientras su resistencia y la vida se lo permitan, no volverá a casa hasta ver que la guerra acabe.

La fotografía favorita de Abel Sender, exmarine peruano estadounidense que combate con las tropas ucranianas.

La fotografía favorita de Abel Sender, exmarine peruano estadounidense que combate con las tropas ucranianas.

 

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