Australia se suma a los pedidos para excluir al expríncipe Andrés de la línea sucesoria tras su detención por sus vínculos con Epstein
Es una medida que ya habían puesto sobre la mesa representantes de varios partidos políticos en el Reino Unido y que el Gobierno laborista está valorando, aunque ha descartado llevar este asunto al Parlamento hasta que no concluya la investigación policial en marcha

Portadas de periódicos británicos con sus portadas dedicadas a la detención del expríncipe Andrés / ADAM VAUGHAN (EFE)

Londres
Australia se ha sumado este lunes a los pedidos para excluir al expríncipe Andrés de Inglaterra de la línea de sucesión al trono tras su detención el pasado jueves por sus vínculos con el pederasta Jeffrey Epstein. Una medida que ya habían puesto sobre la mesa representantes de varios partidos políticos en el Reino Unido y que el Gobierno laborista está valorando, aunque ha descartado llevar este asunto al Parlamento hasta que no concluya la investigación policial en marcha. Para que el proceso salga adelante, es necesario que cuente con el apoyo de los 15 países de la Commonwealth que mantienen a Carlos III como jefe de Estado, entre ellos Australia.
“A la luz de los recientes acontecimientos relacionados con Andrew Mountbatten-Windsor, le escribo para confirmar que mi Gobierno aceptaría cualquier propuesta para excluirlo de la línea de sucesión al trono”, ha asegurado el primer ministro australiano, Anthony Albanese, en una carta dirigida a su homólogo británico, Keir Starmer. “Se trata de acusaciones graves y los australianos se las toman muy en serio”, ha añadido, al mismo tiempo que ha coincidido con el rey en la necesidad de que la ley “siga su curso” y en que se lleve a cabo una investigación “completa, justa y adecuada”.
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Australia ha sido el primer país de la Commonwealth en pronunciarse sobre esta posibilidad. El país cuenta con un importante movimiento republicano que se hizo patente en la visita de Estado que Carlos III realizó en 2024. Organizaciones antimonárquicas convocaron manifestaciones entonces, mientras que algunos partidos políticos volvieron a poner sobre la mesa la posibilidad de celebrar un referéndum sobre el modelo de Estado. Australia ya convocó una consulta al respecto en 1999, con un 55% de los votantes a favor de mantener la monarquía frente a un 45% que se posicionó en contra.
Las presiones para que Andrés abandone el octavo puesto en la línea sucesoria, un puesto que mantiene a pesar de la retirada de sus títulos nobiliarios a finales del año pasado, han ido en aumento en los últimos días en el Reino Unido. Miembros de todos los partidos se han mostrado a favor de llevar el asunto al Parlamento, pero el Ejecutivo ha evitado comprometerse a hacerlo y ha pedido tiempo para que la policía lleve a cabo sus investigaciones.
“Estudiaremos cualquier propuesta sensata que se presente. Pero por ahora es prematuro, porque la policía está haciendo su trabajo”, ha asegurado este domingo la ministra de Educación e Igualdad, Bridget Phillipson. “Necesitan tiempo y espacio para hacerlo. Como ha dicho el rey, nadie está por encima de la ley y es justo que la policía vaya donde les lleven las pruebas, así que por ahora hay que centrarse en eso”, ha añadido.
Los agentes han llevado a cabo registros en la antigua mansión de Andrés en Windsor en los últimos días en busca de documentos relevantes para su investigación. El expríncipe fue detenido el pasado jueves por un supuesto delito de conducta indebida en el ejercicio de un cargo público después de que salieran a la luz documentos que apuntan a que pasó información confidencial a Epstein sobre sus viajes a Asia durante su etapa como enviado comercial del Reino Unido. Más de una decena de fuerzas policiales británicas investigan, de forma paralela, otros posibles delitos relacionados con la red de tráfico sexual del pederasta y sus ramificaciones en el Reino Unido, incluido el uso de aeropuertos británicos para traficar con mujeres.
La detención de Andrés, la primera de un miembro destacado de la familia real británica en más de 350 años, ha supuesto un duro golpe para la monarquía. Carlos III ha mostrado su disposición a colaborar con las autoridades y ha tomado medidas contundentes contra él en un intento de contener la indignación pública, pero las preguntas sobre hasta qué punto la institución pasó por alto durante años sus vínculos con Epstein han ido en aumento y han puesto en peligro su continuidad a largo plazo.




