Belén Martí Lluch: "¿Homero era hombre o mujer? Quién sabe, nosotras preferimos que sea mujer"
La coreógrafa nos presenta 'Cantar de gesta', la nueva pieza del colectivo de danza Mucha muchacha. Una reivindicación de los cuentos y relatos, un repaso a las grandes epopeyas y a nuestra épica y batallas contemporáneas
Belén Martí Luch presenta 'Cantar de gesta' en La Hora Extra
Belén Martí Lluch, Marina de Remedios, Ana Botía García y Marta Mármol forman Mucha muchacha, un colectivo de danza. ¿Quiénes somos y cómo lo contamos? es una de las grandes preguntas de su nueva pieza: Cantar de gesta, estreno absoluto del 26 al 28 de febrero en Contemporánea Condeduque, con todas las entradas vendidas. Es una coproducción con el Teatre Principal de Palma, por donde pasarán a continuación, y con la colaboración de Réplika Teatro, Goethe Institut de Madrid, Compañía Nacional de Danza, HEREU y el apoyo del Festival Grec.
Nos acompaña Belén, coreógrafa y bailarina, la responsable de las coreografías de Mariliendre y La Mesías, por ejemplo, de las que hablamos con ella en La Hora Extra. También de la coreografía de Juana de Arco, por Marta Pazos. En anteriores montajes han desestructurado la danza tradicional, han revisitado el folclore español y de otros orígenes o el flamenco.
Cantar de gesta es un viaje a través de la épica y la poética del pasado para hablar de las luchas del presente. Desde los poemas épicos de los sumerios hasta el Cantar de Mio Cid. Un buen puñado de leyendas cantadas o glosadas por trovadores y juglares, transmitidas oralmente, en principio, pero recogidas por escrito en un momento determinado.
Mucha muchacha en 'Cantar de gesta' / Manu Romero Sapiro
De lo individual a lo colectivo, ¿quiénes sois y cómo os contáis a vosotras mismas?
Belén: Es una pregunta vital, existencial. Creo que es una de las obras de la compañía más existencialista, por esta misma pregunta. Al final, nuestras obras son autobiográficas, hablan del momento en el que estamos viviendo, en pleno siglo XXI, en Europa, pero también hablan de nosotras como personas. Y eso hace mucho espejo con muchísimas personas. Es un poco eso, ¿quién decides que eres en tu día a día? ¿Cómo decides vivir tu vida? ¿A qué le dedicas tu energía? ¿A qué le dedicas tu corazón, tu pasión? Y qué quedará de todo ello cuando ya no estemos aquí.
Cantar de gesta es un intento por volver a las arengas, a los cuentos, a los juramentos, a los sueños alrededor del fuego. Es el origen del teatro, una comunidad, en una cueva, en torno a un fuego contando y representando historias. Hoy ese fuego, para muchos, es una chimenea de Netflix en casa. - ¿Qué poder tienen para vosotras los cuentos, los relatos, esa tradición oral? ¿Hemos perdido esos ritos colectivos, la comunidad en estos tiempos de individualismo y de pantallas?
Belén: Es bonito, porque decíamos que la obra, por la misma temática, al final es un poco meta, porque que el teatro siga existiendo, que, con todo este poder que está cogiendo la pantalla, sigamos yendo al teatro a encontrarnos, a contarnos, a vernos las caras físicamente unos a otros, pues es épico. No, no lo demos por hecho. Nosotras hemos reflexionado mucho sobre esto en estos dos últimos años de creación y de investigación. Al final, decíamos que cada uno, con la vida que tiene, puede puede hacer humildemente lo que puede hacer. Nosotras sabemos hacer esto, que es coreografiar, contar cosas, proponer mundos interiores, imaginar, imaginar movimiento, cuerpos que, con algo de suerte, reverberen de alguna manera la persona que tienes enfrente, a quien estás interpelando. En ese sentido, hablar de lo épico, hablar de esos cantares, hablar de esos relatos, tenía más sentido que nunca.
Desde los poemas épicos de los sumerios hasta El Cantar de Mio Cid. ¿De qué textos bebe esta pieza? y ¿cómo habéis reconstruido la historia, en ese proceso casi arqueológico de investigación y creación escénica?
Belén: Pues mira, al final de ninguno en concreto. Cuando empezamos a investigar sobre la épica, lo que nos gustó más fue que es un mundo riquísimo, hay literatura, pintura, cine, música, hay todo un mundo riquísimo donde inspirarte, donde coger referencias para empezar a crear. Al final, empezamos a entender que, igual que esas personas relataron y escribieron sobre sus propios mundos interiores, sobre lo que veían y sus tiempos en los que estaban viviendo, igual a nosotras nos tocaba hacer lo mismo sobre el nuestro. Desde una humildad y desde nuestros poderes pequeños, porque nosotras no somos escritoras, pero sí que nos hemos animado a dar ese salto y hay algunos textos que sí que son nuestros. La dramaturgia es nuestra y ahí hay una especie de viaje que vamos a proponer.
En Cantar de Gesta nos lanzamos a recorrer epopeyas y aventuras… ¡sin tener que cruzar mares tempestuosos ni enfrentarnos a dragones!, decís. El cantar de gesta moderno deja de referirnos a la historia fundacional de un pueblo para abordar temas, en vuestro caso, como la maternidad, el deseo, el amor y el odio. ¿Cuáles son nuestras epopeyas contemporáneas?, ¿dónde están los campos de batalla en los que nos está tocando vivir y cuáles son esos monstruos o criaturas aterradoras a las que nos enfrentamos?
Belén: No tenemos un dragón porque no podemos, porque si no, que se preparen. Es que, de hecho, ese fue el germen de que empezáramos a hacer la obra. Había un sentimiento muy intenso de decir: ¿por qué nos cuesta todo tanto? Sabiendo, a la vez, que eres un auténtico privilegiado, porque más que nunca tienes información de lo que pasa en el mundo, de lo que les pasa a otras personas. Lidiar con esa dualidad, lidiar con esta vida que te ha tocado vivir y hacer con ella lo que puedas y creas que puede trascender o servir, esa es la épica actual. Esa es nuestra épica contemporánea, sentir que tenemos que vivir con todo a la vez, y con todo también es con los cuidados que ese todo merece. Y también hablábamos mucho de querer morir. De vivir la vida sabiendo que es finita, porque hay algo ahora como de querer perdurar y no envejecer, y más en las mujeres, ¿no? De que no pasen los años, la gente parece que no quiere cumplir años, los cumpleaños ya ni siquiera son lo que eran. Así que la épica es como los grandes héroes que se metían en la batalla sabiendo que podían podían morir de una herida mortal. La conclusión a la que hemos llegado es la de mira, acepta este momento, acepta que, cuando tenga que ser, será y, mientras, hazlo lo mejor posible con amor, con ternura y siempre hacia las personas con las que estás.
Si pudierais tener un dragón, ¿a qué o a quién representaría ese dragón, aunque sea metafóricamente? ¿Cuáles son esos monstruos a los que nos enfrentamos?
Belén: Claro, es que nosotras nos reíamos porque la obra apunta cosas tan grandes. Y decíamos, pero es que no somos esas personas que ponen bombas a Trump, o sea, no podemos ser esas personas. Entonces, bueno, creo que hay ahí una lucha de varias cosas. En primer lugar, hay una responsabilidad con toda la información que hay, en la que todos tenemos que hacernos más responsables de cómo la recibimos, de cómo la tramitamos y de cómo la pensamos. Hay una responsabilidad del criterio y del pensamiento. Ese sería, quizá, nuestro dragón. Si entrenáramos el criterio y el pensamiento, quizá seamos más fuertes contra esa nube que se nos viene encima y que parece que no podemos con ella.
Belén Martí Lluch, Ana Botía García, Marina de Remedios y Marta Mármol son Mucha muchacha / Andoni García
Os ha acompañado en el texto Eva Mir, que hace poco nos presentaba Pródigo, una versión de la parábola bíblica adaptada al mundo contemporáneo. "Me interesaba mucho hablar de los afectos, de cómo estamos relacionándonos, cada vez más, desde un lugar menos humano. Un mundo inhabitable, nos decía Mir. ¿No dejan de ser la violencia y el odio, al final, la épica de todo momento?
Belén: Pues seguramente, al final la épica te lleva inevitablemente a imaginarios de batalla, a imaginarios de lucha, de sangre. Es cierto que nosotras, planteando la obra, teníamos que darle la vuelta a eso. Hay algo de que decir que lo épico, creando esta obra sobre la épica, que lo realmente revolucionario, lo realmente heroico es poner el centro en lo pequeño, en lo difícil que es estar conectado con el otro, en estar presente, en dar amor, en ser amables. Decíamos qué épica esa persona que te sonríe cuando te da el pan. O esa persona del metro que no está con el móvil, ¿no? Es una épica entendida también en lo micro, en lo micro y en lo macro.
Las fuentes documentales escritas normalmente tienen un autor hombre y suelen emanar del poder establecido en aquel momento. No sé si otra de las reflexiones de la pieza, desde el feminismo, es quién es hoy dueño del relato, quién cuenta o sigue contando hoy la historia. Afortunadamente, ya hay más narradoras, se ha avanzado.
Belén: Queremos creer que sí. Nosotras nos rodeamos de muchas compañeras mujeres, miramos a muchas creadoras de alrededor e intentamos también traer a creadoras del siglo XX. De hecho, hay un momento de la obra en la que citamos a Homero y decimos: bueno, ¿Homero era hombre o mujer? Que no se sabe, pues igual nosotras preferimos pensar que era una mujer. Desde luego, seguimos haciéndonos ese hueco, seguimos peleando por él y nos sentimos ya con más derecho, que eso es lo más importante. Ya no sentimos que tenemos que pedir permiso, eso ya es mucho. También decimos en la obra que ¿quién se acordará de nosotras? Con esa cosa de mujeres creadoras. ¿Dónde quedará todo esto? ¿Habrá servido para algo? Con un poco de suerte, quizá sí.
Belén Martí Lluch, Ana Botía García, Marina de Remedios y Marta Mármol son Mucha muchacha / Mario Zamora
El cuerpo en movimiento siempre invoca al misterio, y hace un llamado que cruza el tiempo y el espacio. ¿Cómo habéis trabajado los cuerpos?, ¿cómo se narra desde lo corporal estos relatos y reflexiones? ¿Qué aporta la danza a la historia?
Belén: Para la compañía, esta obra es importante en cuanto al lenguaje del cuerpo, porque, por primera vez, lo asumimos desde un lugar de lenguaje más libre. En nuestra primera obra, Mucha muchacha (un proceso de documentación sobre las mujeres artistas de la Generación del 27), partíamos del lenguaje más flamenco, que era parte fundamental de la obra, para rehacerlo, reinterpretarlo. En la segunda obra, Para cuatro jinetes, ocurría lo mismo a partir del folclore. En esta obra, la idea ha sido cabalgar de un lugar a otro, ha hecho que los movimientos emanaran, fueran fluyendo y se fueran construyendo. Es un cuerpo que busca transitar un viaje, un trance. Nosotras, desde que entramos a escena, no salimos, no dejamos de bailar. Es un cuerpo que busca permanecer, que busca proponer una vida a lo largo de esos minutos de gloria en la obra. Hemos buscado que ese cuerpo tuviera tuviera una personalidad propia, no sabemos qué es. Es el cuerpo de la épica, nosotras lo llamamos llamamos así.
Os he leído decir que la danza tiene una cierta visibilidad, pero sigue siendo muy pequeña y que, en España, es difícil que te contraten para más de una función seguida. En Condeduque vais a estar tres días, ¿y luego qué? ¿Cómo fomentar la danza?, ¿hay esperanza en los más jóvenes?
Belén: Es un tema que siempre intentamos tratar con positivismo, pero es que nos lo ponen muy difícil, porque al final te das cuenta de que de nosotras no depende. De nosotras depende crear, nuestra responsabilidad es proponer universos que conecten con otro público, que conecten con el mundo en el que vivimos y que eso apele a las personas. Hacer bien nuestro trabajo. La danza requiere de mucho esfuerzo político, de una programación estable, de una generación de redes que funcionen. Y el problema, ahora mismo, es que no hay un circuito de distribución real en España y menos de la danza. Las obras nacen y mueren. Eso es un desperdicio de recursos, de recursos materiales, de recursos humanos y de recursos de la creación. No sé si es una moda, pero ahora hay una manera de hacer en la que solo se produce. Eso hace que los creadores tengamos que vivir a partir de producciones casi al año, cosa que no tiene ningún sentido. Para que las producciones sean buenas, tengan algo que decir, necesitan maduración, necesitan recursos y, como decía Virginia Woolf, necesitan dinero y una habitación propia. Entonces, ¿no tendría más sentido hacer producciones mejor pagadas, con mejores medios, que tuvieran más vida, que giraran más y que pudieran estar más tiempo? Nosotras vamos a hacer sold-out en Madrid. La obra está hecha con dinero público madrileño del ayuntamiento, con dinero del Teatre Principal de Palma y con muchos colaboradores que nos acompañan. Tiene sentido que esta obra pueda llegar a esas personas que pagan sus impuestos para para la cultura, ¿no? Hace falta apostar, hace falta el boca a boca, porque la danza no tiene oportunidad del boca a boca, y hace falta generar programas de públicos. No es que la danza no interese, para nada, la danza tiene el poder transformador que tiene el teatro, que tiene la pintura, que tienen las otras artes. La responsabilidad es de las personas que tienen ese poder.