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España se convierte en polvo: las incineraciones superan por primera vez a los entierros

El periodista José Precedo explica que más de la mitad de los fallecidos en 2024 fueron cremados, según la patronal funeraria. El cambio cultural avanza con rapidez pese a que el 86% de los funerales siguen siendo religiosos

Madrid

"Polvo somos y en polvo nos convertiremos". La cita del Génesis 3:19 que durante siglos ha acompañado a generaciones de españoles y creyentes adquirió desde 2024 un significado literal. Por primera vez, las incineraciones han superado a los entierros en España. El cambio no ha sido brusco, pero sí constante y, sobre todo, silencioso. En apenas dos décadas, el país ha pasado de enterrar mayoritariamente a sus muertos a optar, en más de la mitad de los casos, por la cremación.

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Expediente Precedo | España se convierte en polvo: las incineraciones superan por primera vez a los entierros

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Como ha explicado el periodista José Precedo en Hora 25, los datos proceden de la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (PANASEF), que agrupa a empresas responsables del 70% de los servicios funerarios del país y que cada año elabora una completa radiografía del sector. Según su último informe, de las 436.118 personas fallecidas en 2024, 218.538 fueron incineradas. Es decir, el 50,11%, frente al 49,89% que representaron las inhumaciones.

El vuelco resulta aún más llamativo si se observa la evolución histórica. En 2005, solo el 16% de los fallecidos eran incinerados. En menos de veinte años, la proporción se ha triplicado hasta alcanzar la mayoría. El fenómeno es bastante homogéneo en el conjunto del país, aunque con matices: en pequeños municipios los entierros siguen siendo más habituales, mientras que en capitales de provincia las incineraciones ya superan el 60%.

Las posibles causas

La primera explicación que podría venir a la mente es la secularización. Sin embargo, según Precedo, los datos no respaldan esa hipótesis como factor determinante. El 86% de los funerales en España siguen siendo ceremonias religiosas, frente al 14% de carácter laico. Es decir, miles de familias celebran un funeral católico y optan, después, por la cremación. La pérdida de fe, por tanto, no explica por sí sola el cambio.

¿Es entonces una cuestión económica? Tampoco parece decisiva. El coste medio de un funeral con incineración asciende a 3.512 euros, mientras que uno con entierro alcanza los 3.568 euros. La diferencia es de apenas 56 euros. La mayor parte de los gastos —tanatorio, coche fúnebre, trámites administrativos o flores— son comunes en ambos casos.

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Donde sí se aprecian diferencias es en los conceptos específicos. El entierro implica el pago de nicho (entre 300 y 800 euros, según la concesión municipal), lápida y grabado (unos 500 euros de media) y tasas de cementerio variables según la localidad. En la incineración, el servicio de cremación cuesta entre 400 y 700 euros; la urna puede adquirirse desde 50 euros en adelante. En ambos casos es obligatorio el uso de ataúd.

Más relevante que el coste inicial son los gastos a medio y largo plazo. El enterramiento puede conllevar alquiler o renovación de la concesión del nicho, tasas de mantenimiento o traslados futuros. La cremación, dice Precedo, en cambio, suele poner fin a los gastos en el mismo momento del servicio.

Otro elemento clave es el peso del seguro de decesos. Según datos de Unespa, la patronal del sector asegurador que representa al 98% del mercado, 22,3 millones de españoles —el 45,6% de la población— cuentan con un seguro para cubrir los gastos funerarios. Entre los 75 y 79 años, la cobertura alcanza al 60% de las personas; entre los veinteañeros ronda el 40%, en gran parte por pólizas familiares. El coste medio ronda los 12 euros mensuales, con primas que aumentan con la edad.

La diáspora y la falta de espacio, elementos clave

Más allá del dinero, el cambio responde a transformaciones sociales profundas. La movilidad geográfica ha dispersado a las familias. Ya no es habitual que varias generaciones vivan en la misma ciudad o pueblo, lo que convierte el mantenimiento de una tumba en una carga adicional para quien permanece. Además, existe una creciente percepción de que la cremación es más sostenible y eficiente desde el punto de vista medioambiental.

La falta de espacio en cementerios urbanos también influye. España cuenta con 537 hornos crematorios, el mayor número de Europa, según datos citados por PANASEF a partir de la Sociedad de Cremación de Gran Bretaña. No es el país con mayor tasa de cremaciones —Dinamarca o Eslovenia alcanzan el 80%—, pero sí uno de los que dispone de más instalaciones, en parte por la dispersión de la población y la presencia de tanatorios en numerosos municipios.

Existe, además, un factor emocional y organizativo. El entierro exige decisiones inmediatas: lugar, tipo de sepultura, detalles de la ceremonia. La incineración permite ganar tiempo. Las cenizas pueden conservarse temporalmente y decidir su destino con mayor calma, facilitando que familiares lejanos participen en la despedida.

Cenizas a la mar

El destino final de esas cenizas, sin embargo, plantea interrogantes legales. No existe una ley estatal única que regule su dispersión en la naturaleza; la competencia recae en comunidades autónomas y ordenanzas municipales. Está prohibido esparcirlas en vías públicas, parques urbanos o zonas de alta afluencia, y las infracciones pueden acarrear multas, ha explicado el periodista en este Expediente Precedo.

En el caso del mar, la normativa se rige por un decreto de abril de 2022 que establece criterios de compatibilidad con las estrategias marinas. La Asociación Española de Protocolo ha elaborado una guía práctica que detalla los trámites: es necesario presentar una declaración responsable ante la Capitanía Marítima correspondiente y, en algunos casos, ante la autoridad portuaria. Las cenizas no pueden esparcirse libremente; deben depositarse en una urna cerrada y biodegradable, sin objetos añadidos. Las flores, si se lanzan, no pueden contener plásticos ni envoltorios.

 

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