Economía y negocios

Cuatro años después de la guerra de Ucrania, España avanza a buen ritmo en materia de autonomía energética

Los expertos consideran que de las tres claves fijadas por Bruselas en su Plan REPowerEU, España está cumpliendo en materia de renovables y diversificación de suministradores, pero aún tiene que incrementar su eficiencia energética

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, durante una rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa en Madrid.- EFE/ Kiko Huesca / Kiko Huesca (EFE)

Madrid.

Tras el estallido de la guerra de Ucrania, hace ahora cuatro años, la Comisión Europea puso sobre la mesa la necesidad de incrementar la resiliencia europea en materia energética, dado que uno de los principales proveedores de combustibles fósiles de la Unión era Rusia. Para ello, desde Bruselas se impulsó el Plan REPowerEU, que fijaba tres objetivos fundamentales: impulsar la producción autóctona de energía, es decir, de renovables renovables; tener una buena diversificación de proveedores energéticos, minimizando la dependencia de Rusia; y reducir el consumo energético.

Más información

Cuatro años después, ¿hemos pasado el examen? A juzgar por la calificación que pone el director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano, Gonzalo Escribano, parece que sí. "Si hubiese que hacer un balance global, yo creo que España sacaría un notable en comparación con otros países europeos. Yo creo que hemos hecho nuestros deberes razonablemente bien, en parte, porque también salíamos de una posición inicial, cuando estalla la guerra de Ucrania, mejor que otros países europeos porque habíamos hecho ya parte de nuestro trabajo previamente", explica.

Las renovables se incrementan más de un 24% en la electricidad

Si hablamos de renovables, en los últimos cuatro años el incremento de renovables en el mix eléctrico ha sido de un 24%. En 2021 menos de la mitad de la electricidad procedía de fuentes renovables, en 2025 superaba ya el 55%. "Ha sido muy importante el avance de las renovables en nuestro sistema y aquí eso sí que ha ayudado bastante en nuestra independencia energética. A pesar de que la electricidad solo supone entre un 20 y un 25% de la energía total que se consume en el país, si nos basamos en datos de energía primaria hemos pasado de un 16,1% de renovables en el año 2021 a un 19,1% en el año 2024", explica Marcial González, ingeniero electrónico industrial.

¿Podemos mantener este ritmo en el futuro? Los expertos consideran que sí, aunque quizá no tan rápido como nos propusimos en nuestro Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. ¿Queda recorrido? También. Hay que conseguir que todos los consumos sean renovables, no solo los eléctricos, por lo que es necesario impulsar la producción de hidrógeno renovable para poder descarbonizar los consumos que no puedan ser electrificados, que es la otra tarea que tenemos pendiente, la electrificación.

"Técnicamente no hay ningún problema en seguir aumentando la cuota de generación renovable en nuestra en nuestra red eléctrica, pero no solo vale con con eso sino también tenemos que avanzar en la que yo creo que es la asignatura pendiente ahora mismo en España que es la electrificación de los consumos", explica González.

España ya tenía un buen punto de partida en cuanto al gas natural

En relación con el segundo punto, la diversificación de proveedores de combustibles fósiles y la reducción de las compras a Rusia, era una tarea en la que ya partíamos con ventaja. No hemos diversificado más nuestros proveedores, entonces eran 15, hoy siguen siendo 15, pero estamos en una buena posición.

"España, históricamente, por su condición de casi isla energética, ha tenido que primar mucho esa opcionalidad y tenemos empresas que conocen bien el mercado de gas natural licuado (GNL), que tienen contratos importantes que conocen bien a los suministradores de las empresas exportadoras y, por tanto, a mi juicio, España está en una posición mucho más cómoda y mucho menos vulnerable para afrontar esos posibles comportamientos estratégicos, por ejemplo de Estados Unidos que otros países" explica Escribano, que descarta que estemos generando una nueva vulnerabilidad al incrementar las compras de GNL a Estados Unidos -que es ya el segundo proveedor, con una cuota de mercado cercana al 30%, solo por detrás de Argelia.

Que España cuente con una capacidad de regasificación muy superior a la de nuestros socios europeos, y que la ley impida que más el 50% de las importaciones provengan de un único país son, en su opinión, dos de las claves de la fortaleza de nuestro país en este sentido. Aunque también queda recorrido, porque seguimos importando gas ruso.

De hecho, la compra de gas ruso -en el año móvil hasta noviembre de 2025 situaba a Rusia como tercer proveedor, con una cuota superior al 8%- se ha incrementado porque somos, asegura, el puerto de entrada de este tipo de combustible a Europa. "España importaba y reexportaba y muchas veces las empresas que importaban en España para luego reexportar no eran ni siquiera empresas españolas. Estamos hablando de otras empresas europeas que hacían esos transbordos en plantas de gas natural licuado o en puertos españoles y los reportaban hacia otros consumidores en Europa u otros lugares. En la medida en que los transbordos se han limitado por las normativas europeas, eso se ha reducido bastante", detalla. Eso sí, asegura que a España no le afectará especialmente la desconexión total del gas natural ruso que entrará en vigor ya este mismo año en los contratos a corto, y el próximo a largo.

Incremento de la eficiencia energética: "relevante, pero insuficiente"

Solo hay un camino para conseguir reducir nuestro consumo energético sin que impacte en el crecimiento económico, y es incrementar la eficiencia. Es decir, producir lo mismo pero con menos energía, y Carlos Ballesteros, Director General de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Energéticos (ANESE), considera que estamos en el buen camino, gracias especialmente al impulso que ha vivido este sector gracias a los fondos europeos del Plan de Recuperación y a los elevados precios de la energía tras la invasión de Ucrania, que alentaron a la industria a reducir costes incrementando la intensidad energética de sus procesos.

Desde 2019, el incremento anual medio de eficiencia energética se ha situado en el 1,3%, un avance que Ballesteros considera "relevante", aunque también matiza: "de alguna forma es insuficiente para cumplir el ambicioso nivel de exigencia marcado por la nueva directiva, por lo tanto tenemos que acelerar", explica.

La industria ha avanzando a mejor ritmo que las administraciones públicas y el sector residencial... y esos dos son precisamente los principales retos que según Ballesteros tendremos que afrontar en los próximos años. Así que, de los deberes que nos había puesto la Comisión Europea, este es, probablemente, en el que vamos más rezagados.