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El nobel Krasznahorkai: "Si nada cambia con las elecciones, pido a los húngaros que huyan y a vosotros españoles que los acojáis"

László Krasznahorkai, nobel de Literatura 2025, ha dado su primera rueda de prensa en España, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, con críticas a Elon Musk, a China y Putin

Pilisszentivan (Hungary), 09/10/2025.- (FILE) - A photo taken on 11 July 2012 shows Hungarian writer Laszlo Krasznahorkai at his home in Pilisszentivan, 20 kms north of Budapest, Hungary. The Swedish Academy honored Laszlo Krasznahorkai with the 2025 Nobel Prize in Literature for his 'visionary and apocalyptic prose' on 09 October 2025. (Hungría, Suecia) EFE/EPA/Gyula Czimbal HUNGARY OUT / Gyula Czimbal (EFE)

Pilisszentivan (Hungary), 09/10/2025.- (FILE) - A photo taken on 11 July 2012 shows Hungarian writer Laszlo Krasznahorkai at his home in Pilisszentivan, 20 kms north of Budapest, Hungary. The Swedish Academy honored Laszlo Krasznahorkai with the 2025 Nobel Prize in Literature for his 'visionary and apocalyptic prose' on 09 October 2025. (Hungría, Suecia) EFE/EPA/Gyula Czimbal HUNGARY OUT

László Krasznahorkai sabe lo que es vivir épocas convulsas. Nació en la Hungría bajo el dominio de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Quizá por eso su obra se acerca a una exploración de los abismos humanos y la parte más melancólica del alma. Esa capacidad de describir lo triste, lo oscuro y convertirlo en arte. Eso destacaba el jurado del Premio Nobel de Literatura, que se le concedió en octubre de 2025, su "obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte".

Del poder de la literatura y del arte de calidad ha hablado este mediodía en su primera visita fuera de Hungría desde que recibió el premio. Krasznahorkai ha afirmado que ante el panorama mundial, él se sujeta en "la cultura de calidad, en la alta cultura", lo único que nos queda con calidad humana. Una literatura, arte y cultura que reivindica frente "a lo cutre de Hollywood" o a la tecnología de Elon Musk, que algún día podrá elevarnos al espacio, a lo más alto, pero, seguramente, nunca regresaríamos a la Tierra. Sin embargo, el arte nos eleva muy por encima y sí nos devuelve a la Tierra", decía, pidiendo conservar ese arte, esas partituras y literatura.

De la Hungría de su infancia a la Hungría de Orbán

El escritor ha dedicado buena parte de su intervención a recordar su infancia en Hungría. Nació en un país que no ofrecía demasiadas cosas buenas para los que vivían en él, sometidos a lo que ha calificado como un teatro de titiriteros soviéticos. "A finales de los 40 y durante los años 50 era un teatro de títeres del Kremlin. Si la policía te pegaba, era el Kremlin el que te pegaba. De niños, no conocimos otra cosa y pensábamos que no saldríamos de ahí, no éramos capaces de imaginar que se podía vivir de otra manera, todas las mañanas eran la misma mañana, un día tras otro, en una situación de represión que continuó cuando adolescentes, en los años 60 y 70".

No fue hasta cumplidos los 30 cuando el escritor cruzó la frontera por primera vez, "salí al mundo libre, a Austria, y comprobé que el cielo era azul y la hierba verde. No exagero, si digo que no conocíamos esos colores en Hungría. Empezamos a idealizar un mundo libre, que en realidad no era tal, ni en Hungría ni en Austria, lo teníamos idealizado. En Hungría no se podían hacer manifestaciones, pero ni siquiera mencionarlas. Cuando nos dimos cuenta de lo que eran Europa y occidente realmente, fue un choque que no entendíamos".

De esa infancia sumida en la pobreza más absoluta, el nobel recuerda que al menos tenían cultura. "La gente pobre también tiene cultura, la gente miserable (extremadamente pobre) no tiene nada hoy en Hungría. Ni cultura, ni pasado, ni presente ni futuro, se lo han quitado todo. Solo les queda la dignidad, que también les intentan arrebatar", advierte Krasznahorkai.

De joven tenía claro que la única salida era la "revolución radical", como defendía su amigo el cineasta y guionista Béla Tarr, fallecido en enero de este año, y a quien ha dedicado unas palabras. Sin embargo, según se hace mayor, Krasznahorkai tiene una visión más "templada o dual" sobre qué debe hacerse con este mundo y con los que lo gobiernan. "Por una parte, veo que todo es horrible, mirando, por ejemplo, a mi propia propia patria. Y patria es una palabra que ni siquiera puedo pronunciar ya, hoy es un objeto pegajoso y sucio que no quieres tocar. Es una sensación horrible, porque la patria es el sitio donde naciste, donde fuiste feliz de niño, o infeliz, pero es ese sitio al que volver y sentirse en casa. Hoy hay millones de personas que no tienen un hogar, una patria, porque se la han quitado".

¿Saben ustedes a cuántas personas húngaras atacan por criticar la situación de Hungría en el extranjero?, preguntaba el escritor sin pronunciar el nombre del primer ministro Viktor Orbán. "No sé si hay otro país en el mundo como Hungría, que no es formalmente una dictadura, pero donde ocurren estas cosas. Y pueden ocurrir cosas todavía más graves, porque vienen las elecciones en abril y tenemos muchísima esperanza en que va a haber algún tipo de cambio. Pero si no se produce, yo les digo a los húngaros huid, huid, y a vosotros que, por favor, acojáis a los mejores".

Crítico con China, Putin y el poder

László Krasznahorkai ha hablado del "momento convulso" que vive el mundo y ha recordado con una sonrisa que la mismísima Susan Sontag ya le bautizó hace unos años como 'el maestro del apocalipsis'. "Creo que el mundo siempre ha sido convulso, que llevamos tiempo ya viviendo en el apocalipsis porque no es el último momento, no acaba el mundo, es algo continuo, es algo que está sucediendo y no es que tenga que llegar", ha dicho. "El apocalipsis es, realmente, una dinámica de caer y levantarse, caer y levantarse", añadía.

El autor, que tiene buena parte de su obra traducida al castellano por Acantilado (y algunos libros en catalán de la mano de ediciones del Cràter), se ha mostrado crítico con unas instituciones de poder "de las que en realidad no se sabe nada".

"Siempre estamos viviendo un apocalipsis porque siempre ha existido gente mala como Vladimir Putin. Malos que ya podrían haber destruido toda la Tierra y no lo han hecho. Pero es que no sabemos qué está ocurriendo, por ejemplo, en los edificios del Kremlin. Han construido una industria, incluso criminológica, que con informaciones normalmente falsas, no nos dejan ver realmente qué ocurre ahí dentro y qué hacen los políticos. Desde el zar a Stalin e incluso en nuestros días".

Mucha gente intentó quemar la Antigua roma, por ejemplo, Nerón no fue el único. Tampoco Hitler fue un hombre solo, un malvado solitario sin predecesores, descendientes o seguidores. O Mao Tse Tung, ¿cuándos ha habido en la historia de China? Muchísimos. Es una filosofía que se ha formado para embrutecer y engañar a la gente". "Los políticos no dicen nada nunca en sus alocuciones, pero toman decisiones con enormes consecuencias para todos", ha lamentado el escritor, quien ha afirmado que, hoy por hoy, detrás del poder lo único que hay es "ansías de dinero".

 

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