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"Tiene muchas ganas de quedarse ya en su camita": la espera del hijo de una vecina de Grazalema para volver a su casa tras el desalojo

Maite, vecina desalojada, vive el drama de perder el hogar familiar y el núcleo de sus negocios bajo el barro del temporal

"Tiene muchas ganas de quedarse ya en su camita": la espera del hijo de una vecina de Grazalema para volver a su casa tras el desalojo

Madrid

Tras el impacto del temporal que obligó al desalojo de Grazalema, los vecinos regresan estos días a una realidad fingida; una vuelta a casa marcada por los daños materiales que siguen abiertos en las puertas de cada casa. Este retorno a la normalidad es, por ahora, una necesidad para unos comercios locales que han visto su facturación desplomarse: con el turismo paralizado y la logística de suministros aún renqueante, los negocios luchan por no perder la temporada, operando en la incertidumbre de unas ayudas que apenas comienzan a tramitarse.

Para Maite, vecina y comerciante de Grazalema, el desalojo fue un "caos de emociones" marcado por una "incertidumbre y un mal sentir constante". La tragedia golpeó con fuerza el corazón económico de su familia cuando el agua inundó por completo el sótano que servía como "núcleo de las tres empresas" de sus padres: el supermercado, la ferretería y el negocio de licores y mermeladas artesanales.

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En ese espacio de 200 metros cuadrados, el nivel del agua alcanzó los cuatro metros, destruyendo desde ordenadores y motores de cámaras frigoríficas hasta palés enteros de productos que ahora, cubiertos de barro, forman un "tenderete" de pérdidas en la puerta del local.

Más allá del desastre empresarial, la crisis tiene un rostro profundamente personal marcado por el desarraigo de sus dos hijos. Aunque ya tienen permiso para acceder a la vivienda, Maite relata que "aún no hemos podido dormir" en su casa debido a la humedad que ha calado en las paredes, lo que les obliga a seguir refugiados con sus padres.

La normalidad parece una meta lejana mientras limpian los restos del temporal y asumen que gran parte de la vida cotidiana de los pequeños, incluyendo "muchos juguetes" y hasta sus patinetes, se han perdido bajo el lodo del almacén.

El anhelo de retorno se concentra en la figura de su hijo mayor, de seis años, quien al visitar la vivienda tras el desastre no pudo evitar exclamar: "Ay, que te he echado de menos mi casa". Maite ha confesado que el pequeño "tiene muchas ganas de quedarse ya en su camita", un deseo de estabilidad que choca con la realidad de un supermercado que, aunque mantiene las puertas abiertas para trabajar en su recuperación, sigue sin poder recibir clientes mientras espera que el seguro y las instituciones ayuden a reconstruir lo que el agua se llevó.

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