Un arquitecto, sobre las inundaciones en Grazalema: "Lo más impactante era ver cómo salía el agua por los enchufes"
Gonzalo Martín Benavides explica que el taponamiento de los antiguos canales provocó que el agua buscara salida a través de las paredes

Un arquitecto sobre las inundaciones en Grazalema: "Lo más impactante era ver cómo salía el agua por los enchufes"
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Madrid
El municipio de Grazalema comienza a recobrar el pulso tras vivir uno de los episodios meteorológicos más críticos de su historia reciente. El temporal de lluvias torrenciales que azotó la Sierra de Cádiz a finales de enero de 2026 dejó registros de lluvia sin precedentes, provocando graves desprendimientos y obligando al desalojo entero del pueblo ante el riesgo de inestabilidad del terreno. Tras semanas de incertidumbre y una intensa labor de los servicios de emergencia, el Ayuntamiento da por finalizada la fase de emergencia y se centra en la evaluación de daños.
A pesar de la magnitud de la catástrofe, la rápida coordinación entre administraciones evitó daños personales en el municipio que ostenta el récord de pluviosidad en la península. Los datos del temporal son abrumadores: Grazalema ha registrado un acumulado de 2.831 litros por metro cuadrado en lo que va de 2026, alcanzando picos históricos de 512,5 litros en solo 24 horas. Estas cifras, que triplican la media anual de muchas capitales españolas, han obligado a centrar las prioridades en la rehabilitación de los accesos por carretera y en garantizar la seguridad de los taludes que rodean el casco urbano para prevenir futuros incidentes ante la saturación extrema del terreno.
Gonzalo Martín Benavides ha explicado en El Abierto de Hoy por Hoy que lo vivido en Grazalema fue una "surgencia de agua de pronto por sitios donde la gente no sabía por qué", diferenciándolo de otros desastres como la DANA.
Según el arquitecto, la imagen del agua brotando por los enchufes, sumada a los "ruidos, chasquidos y crujidos" que se sintieron antes de la evacuación, fue lo que provocó la alarma y dejó el pueblo desierto. El experto ha subrayado que el agua es un elemento con el que los vecinos conviven "desde que los romanos decidieron ponerse aquí".
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Respecto a la causa técnica, el arquitecto ha indicado que, tras trabajar con geólogos del CSIC, concluyeron que el acuífero bajo el pueblo no llegó a llenarse por completo, pero el régimen de lluvias hizo que los canales naturales de evacuación no soportaran el volumen.
Martín Benavides ha detallado que el agua buscó sus sitios para salir a través de "grietas, fisuras y oquedades", y al no poder ser canalizada, terminó por "desparramarse por todos lados" buscando su propio camino bajo las viviendas.
Tras analizar 234 casas, el voluntario ha afirmado que "las casas sí están preparadas para este agua", rescatando testimonios de mayores que vivieron un episodio similar en el año 63. Martín Benavides ha descubierto que las construcciones antiguas tenían un "sistema de canales que atravesaban los salones" por donde el agua corría y se escuchaba de manera natural.
Finalmente, el arquitecto ha destacado la "sapiencia" de los constructores locales, quienes aplicaron sistemas de losa de cimentación porque "los antiguos ya te decían que mejor una losa para que así no se levantara la casa" ante la presión ascendente del agua.
Como conclusión para el informe que están elaborando, Martín Benavides ha sido tajante al asegurar que todas las reformas futuras deberían hacerse "pensando en cómo construían nuestros abuelos" para recuperar esa capacidad de evacuación natural.





