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Un comisario de la Policía investigado por acoso, a una subordinada: "¿Qué hago? ¿Te pego? ¿Te doy una hostia? A ver si con un ojo morado..."

'El País' publica las grabaciones del caso de Emilio de la Calle, el comisario de la Policía Nacional de la embajada de España en India suspendido por Interior hace menos de un año

El comisario Emilio de la Calle a una subordinada: "¿Qué hago, te pego?

Emilio de la Calle, que era comisario de la Policía Nacional y consejero de Interior de la embajada de España en India, fue suspendido por el Ministerio del Interior hace menos de un año tras la denuncia por delitos de agresión sexual y acoso laboral y sexual, así como lesiones y amenazas, sobre una subordinada en la legación diplomática española en la India, que se habrían producido desde julio de 2024, cuando ella se incorporó al puesto. Ya en marzo, la mujer había dado cuenta a sus superiores.

La querella que se presentó, de la que la SER informó en abril de 2025, narraba todo tipo de episodios que la mujer fue documentando grabando las llamadas y guardando los mensajes que recibía de su superior. Consta además la grabación de una cámara de seguridad de su propio domicilio que habría captado una de esas presuntas agresiones, en este caso, un beso no consentido cuando ella estaba mareada y con los ojos cerrados en el sofá.

"Te dejo como un trozo de carne, osea, te reviento"

Ahora El País hace pública la grabación de uno de esos tensos momentos, en el que el comisario habla en estos términos en la oficina que ambos compartían: "Te dejo como un trozo de carne, osea, te reviento. No quiero, pero ten cuidado, no me vuelvas a tocar más los cojones, porque no creo que seas imbécil, y a veces me da la impresión de que lo eres (...)". El comisario le dice que "sufre un retraso mental" y que use "el dedito del WhatsApp" con sus compañeros: "Soy tu jefe, te lo metes por el culo".

A gritos, el comisario le pregunta que "qué pasa en tu cabeza", le exige que "cambie la puta tontería que tiene en la cabeza". "De casa se viene llorao, meao y cagao... ¿vale? y si no, a la guardería. Esto es la puta Policía. Entendido, ¿guapa?. Esto es la pasma, la policía. Y aquí, tonteriítas las justas", le dice mientras ella llora.

"Soy lerda, venga, dilo, es que soy lerdita"

En otro momento, le dice: "Soy lerda, venga, dilo, es que soy lerdita, soy lerda para lo que quiero, y me ha ido muy bien haciendo de lerda. Me ha ido de puta madre. Pues conmigo no, guapa. Yo te doy una instrucción y tú la sigues".

"Tú no vas a entrar en tu puta vida en ningún sitio que sé quién eres... a mí no me ha procesado en mi puta vida nadie, y hemos tenido enfrentamientos armados, hemos tenido que secuestrar gente para nos diera una información, hemos hecho barbaridades..."

Y llegan las amenazas "¿Pero por qué haces esto? (...) ¿Qué hago? ¿Te pego? ¿Te doy una hostia? A ver si con un ojo morado..."

"Ya me ha dado antes una colleja", dice ella entre lágrimas. "Era cariñosa", dice él.

"Vete a casa, date una ducha y saca el satisfyer"

Su relato en la denuncia es el de una situación asfixiante con epicentro en la oficina que ambos compartían sin más personal alrededor pero que se proyectó en público y delante de terceros. Cuenta que sufrió un marcaje por parte del comisario, que rondaba su casa aunque no le pillase de camino y le mandaba mensajes para hacérselo saber ("cierra la ventana que te entran los monos"), que preguntaba de continuo a otros sobre lo que hacía o dejaba de hacer, que intentaba aislarla metiéndole miedo sobre personas con las que se relacionaba. Que la amenazaba.

El relato se salpica con textuales que él le enviaba ("si yo te digo que no salgas a la calle sola, no salgas") y en los que abundan mensajes de tono sexual ("vete a casa, date una ducha y saca el satisfyer", "¡Coge el satisfyer!") que nada tenían que ver con el ámbito laboral en el que se movían y que a ella le indicaban que la tenía vigilada.

Sin salir de este apartado, detalla referencias de índole sexual como "me da igual verte en bragas" o "ponte escotes para estas fiestas, que tienes un escote muy bonito”, indicación que le daba porque, sostenía, eso a un tío "lo va a aflojar". En paralelo, le hacía conforme dice la querella, todo tipo de insinuaciones, le agarraba por la cintura o le daba abrazos sin consentimiento alguno.

"Te voy a apretar, te va a salir sangre"

En esta línea, añade como hecho un episodio en que ella se mareó en el trabajo y él la acabaría llevando a su casa. Estaba tendida en el sillón, con los ojos cerrados y él se echó sobre ella y la besó en los labios. La querella adjunta la grabación de la cámara de movimiento que la mujer tenía instalada dentro de casa para acreditarlo.

Pero hay más. La querella refería llamadas y mensajes a deshora a su móvil personal, el español, con órdenes directas si ella no contestaba: "Que te vayas al baño con el teléfono, que cagues con el teléfono".

También amenazantes, ya fuese sobre su puesto de trabajo o sobre su persona: "Con esto te voy a apretar, T. Te voy a apretar. Te lo juro. Te va a salir sangre. Te va a salir. No, no, escúchame. Te va a salir sangre”, le dijo en una de las conversaciones cuya grabación se aporta en la querella, impulsada por el bufete Frago y Suárez. "¿Te doy una hostia? Sí, a ver si con un ojo morado...”, "Te dejo, o sea, como un trozo de carne. Te reviento", son otras de las expresiones que ella escuchó al otro lado de la línea de teléfono.

"Un comportamiento inaceptable"

Suma un episodio en una fiesta de Navidad a la que ambos fueron invitados en la Embajada de Hungría. En mitad de un discurso y cuando la mujer estaba hablando en voz baja con otro invitado, el comisario "la agarró del brazo violentamente, la obligó a girar y la apartó de la persona con la que estaba hablando". "Acto seguido, como la tenía sujeta del brazo, la empujó y la dirigió a una zona de la sala apartada para abroncarla. Posteriormente, la hizo salir de la sala para poder seguir reprendiéndole sin que le escuchase nadie", relata la querella.

El cónsul de la Embajada de Hungría escribió a la mujer haciéndole saber que había sido testigo de lo sucedido y le había costado "no decirle cosas malas" a su jefe. Ella contactó de nuevo para preguntarle si podría contar con su testimonio y él firmó una carta relatando con detalle lo que vio y poniéndose a disposición. "Como en Hungría este comportamiento es inaceptable, quise hablar con tu jefe, pero mi colega me contuvo. Con gran remordimiento escribo estas líneas, pues sigo pensando que debería haber intervenido. Cuenta con todo mi apoyo, y si alguien quiere ponerse en contacto conmigo, que me llame", dice el escrito que también se aporta.

 

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