¿A quién vamos a creer?
Bill Clinton, con Donald Trump, el ex príncipe Andrés de Inglaterra y otros potentados, aparece ahora entre los cómplices y usuarios de la red pedófila montada por el magnate Jeffrey Epstein

Barcelona
Bill Clinton, demócrata, fue presidente de los Estados Unidos entre 1993 y 2001. Resultó que mientras trabajaba en el Despacho Oval le gustaba tener a una becaria, Monica Lewinski, bajo el escritorio trabajándole los bajos. Disculpen el trabalenguas.
Cuando se supo, Clinton lo negó. Había pruebas por todos lados. Un Gran Jurado le llamó a declarar y le preguntó por qué había mentido. Intentaré traducir su resbaladiza respuesta:
“Todo depende de cuál sea el significado de “es”. Si “es” significa “es” y nunca ha sido, no es. Eso es una cosa. Si significa no hay, la declaración fue completamente cierta. Ahora bien, si alguien me hubiera preguntado ese día, “¿mantiene usted algún tipo de relación sexual con la señorita Lewinski?”, es decir, planteara la pregunta en presente, habría dicho que no. Y habría sido completamente cierto”.
Bill Clinton, con Donald Trump, el ex príncipe Andrés de Inglaterra y otros potentados, aparece ahora entre los cómplices y usuarios de la red pedófila montada por el magnate Jeffrey Epstein. Clinton aparece en numerosas fotografías con chicas menores de edad, a veces dentro del jacuzzi, a veces fuera. Por lo visto, quien tiene poder no tiene problemas posando para la cámara mientras comete el crimen. ¿A quién va a creer la gente, a sus ojos o al gran prócer?
Esta semana, Clinton tuvo que volver a declarar ante una comisión parlamentaria. Les habló a sus interrogadores sobre los grados de incertidumbre propios de la memoria humana. “Me escucharán a menudo decir que no recuerdo y eso les parecerá insatisfactorio, pero no puedo decir nada sobre lo que no esté completamente seguro”. Acto seguido, proclamó que no hizo nada malo y nunca vio nada sospechoso mientras sobaba a las niñas.
Estaba con el asunto de Clinton cuando he leído, esta mañana, que el rey emérito Juan Carlos, defraudador fiscal y defraudador a secas, se siente victorioso. “Voy a acabar ganando”, dicen que dice. Claro. ¿A quién vamos a creer? ¿A nuestros ojos, o al salvador de la democracia?
Me llamo Enric González. Les deseo un feliz fin de semana, pese al ambiente bélico.




