Internacional

Los falsos argumentos de Trump para justificar el ataque a Irán

Irán no tiene capacidad de construir un arma atómica en breve, ni sus misiles balísticos son tantos ni tan modernos

Explosiones sobre Teherán este 28 de febrero tras el ataque lanzado por EEUU e Israel. / DPA vía Europa Press

El ataque norteamericano contra Irán carece de un fundamento sólido. A día de hoy, las potenciales armas atómicas que Teherán podría fabricar con su uranio enriquecido continúan siendo una hipótesis remota. La propia Agencia Internacional de la Energía Atómica —organismo dependiente de la ONU que hasta hace unos meses supervisaba el programa iraní— sostiene que Irán dispone de uranio, sí, pero ni en cantidad suficiente ni con la capacidad técnica necesaria para producir una bomba nuclear.

Más información

La pregunta, por tanto, es inevitable: ¿qué impulsa a Estados Unidos a lanzar un ataque de esta envergadura, aún más amplio que el de junio pasado contra instalaciones militares y nucleares?

Donald Trump no ha solicitado autorización al Congreso, pese a que la Constitución otorga a la Cámara la facultad exclusiva de declarar la guerra. El presidente ha ido alternando las justificaciones: primero se escudó en un supuesto apoyo al “heroico pueblo iraní” que protesta contra un gobierno dictatorial; después centró su discurso en exigir a Teherán que renuncie a su aspiración de obtener un arma nuclear.

Tras el ataque de junio, Trump llegó a dar por “destruido” el programa nuclear iraní. Una afirmación que la inteligencia estadounidense desmintió a los pocos días y que, a la luz del ataque actual, parece aún menos sostenible.

Más información

Trump no es un profundo conocedor de Irán ni parece tener objetivos estratégicos claros. Para esta nueva escalada se ha apoyado en su aliado Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, tan acostumbrado como él a ignorar el derecho internacional cuando le resulta incómodo.

Ello no significa blanquear al régimen iraní: desde hace 47 años gobierna de forma dictatorial, reprime manifestaciones pacíficas, encarcela disidentes, persigue a minorías religiosas y a la comunidad LGTBI y financia grupos islamistas. Pero denunciar esos abusos no basta para justificar una guerra preventiva.

La defensa de Trump para este operativo —la supuesta reactivación del programa nuclear iraní— tampoco se sostiene. En realidad, Irán ha estado desmantelando parte de las instalaciones dañadas por los ataques de junio y supervisando obras en enclaves que los servicios de inteligencia estadounidenses conocen desde hace décadas. No hay evidencias de que Teherán haya reanudado el enriquecimiento de uranio ni trabajado en un mecanismo de detonación nuclear. Las reservas de uranio enriquecido siguen enterradas bajo los escombros de los bombardeos del año pasado. Construir una bomba en cuestión de días es, sencillamente, imposible.

Más información

Lo que sí posee Irán es un amplio arsenal de misiles balísticos de corto y medio alcance con capacidad para alcanzar Israel y bases estadounidenses en la región. Pero, según las agencias de inteligencia, está aún muy lejos de desarrollar misiles capaces de llegar a territorio estadounidense.

Las prisas del presidente recuerdan a otro episodio: las de George W. Bush en 2003 al justificar la invasión de Irak con la falsa narrativa de que Bagdad había buscado uranio en África para reactivar su programa nuclear. El paralelismo es inevitable.

Preocupación que también se respira en Washington. Esta misma semana, el congresista demócrata Jim Himes, el de mayor rango en el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, afirmó tras reunirse con el secretario de Estado Marco Rubio: “Estoy muy preocupado. Las guerras en Oriente Medio no son buenas ni para los presidentes estadounidenses ni para nuestro país. No hemos escuchado una sola razón convincente que justifique que este sea el momento adecuado para iniciar otra guerra en Oriente Medio”.

Más información

En cuanto a las capacidades reales de Teherán, se estima que dispone de unos 2.000 misiles balísticos de corto y medio alcance, cifra que podría haber aumentado desde los lanzamientos de junio contra Israel y Qatar. Irán ha mejorado además el alcance de sus misiles más potentes —capaces de llegar a Europa Central y Oriental— y negocia con China la compra de varios centenares adicionales. Aun así, son números que no se acercan ni de lejos al arsenal estadounidense, que cuenta con decenas de miles de proyectiles.

Victoria García

En la SER, desde hace casi tres décadas, con...