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'Cuentos' de Carmen Martín Gaite, la extrañeza ante lo cotidiano

La escritora salmantina cultivó el género del cuento durante toda su trayectoria

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Carmen Martín Gaite nació en Salamanca en 1925 y murió en Madrid, en el año 2000. En 1950 conoció a Ignacio Aldecoa, que le introdujo en el círculo literario que acabaría conociéndose como Generación de la Posguerra. Es la autora de las novelas 'Ritmo lento', 'Retahílas', 'El cuarto de atrás', 'Nubosidad variable', 'Caperucita en Manhattan', 'Entre visillos', 'Lo raro es vivir' o 'Fragmentos de interior', y de ensayos como 'El proceso de Macanaz' o 'Usos amorosos del XVIII en España'. Fue la primera mujer en obtener, en 1978, el Premio Nacional de Literatura. Fue premiada también con el Príncipe de Asturias en 1988, o el Premio Nacional de las Letras en 1994.

En este episodio les vamos a contar tres relatos de Carmen Martín Gaite, 'La oficina', escrito en enero de 1954, 'La chica de abajo' escrito en agosto de 1953 y 'Los informes', escrito en enero de 1956, los tres incluidos en ediciones de 'El balneario'. Son tres cuentos extraordinarios, precisos, casi perfectos, emocionantes y tan extraños como cotidianos.

Carmen Martín Gaite huyó de segregar netamente unos géneros de otros. No le persuadía ninguna teoría que abogase por las diferencias sustanciales entre un relato breve y una novela corta o larga, porque ella percibía más continuidad que diferencias; máxime cuando consideramos que el cuento en su acervo no solo era un género literario, sino también un modo de conocimiento, de relación, de estar en el mundo: «el cuento bien contado condiciona y transforma la relación inicial entre quien lo emite y lo recibe», escribe. Y añade, «en un cuento caben menos artificios y es más difícil dar el pego que en una novela; hay que ceñirse limpiamente y de un solo trazo, sin adornos para disimular el temblor del pulso, a la línea que lo contornea, afrontar el riesgo de la concisión, a palo seco. Por eso hay pocos cuentos buenos».

El cuento fue un género decisivo en la formación de Carmen Martín Gaite como escritora y lo cultivó, con mayor o menor intermitencia, a lo largo de toda su singladura literaria. De 1948 data la publicación de su primer relato y de 1997, la del último. El hilo de continuidad de la narrativa breve de Carmen Martín Gaite fue la extrañeza ante lo cotidiano. El cuento respondió a su amor por todo lo inaprensible, por atender a un trozo de vida aparentemente irrelevante y por explorarlo demoradamente. El cuento fue sin duda un formato propicio por su brevedad para recoger, a través de la técnica del apunte impresionista, el tono menor de la existencia, ese material minúsculo, fragmentario y en continua mudanza al que cuadran mal las nociones de principio y final.

Este artículo contiene fragmentos del prólogo de José Teruel a la edición de 'Todos los cuentos' de la editorial Siruela.

 

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