Orgullo friqui
El friquismo, que siempre se había movido en los márgenes de la cultura, ha conseguido conquistar la centralidad
Ignacio Martínez de Pisón: "Orgullo friqui"
Madrid
Que una película como Los pecadores, un bodrio de zombis y casquería, tenga el récord de nominaciones de la historia de los Oscar demuestra que definitivamente el mundo se ha vuelto loco, loco, loco.
El friquismo, que siempre se había movido en los márgenes de la cultura, ha conseguido conquistar la centralidad. Las mamarrachadas tradicionalmente consideradas de serie B están ya a la cabeza de la premier: los spaghetti westerns de Bud Spencer a la altura de Ciudadano Kane y los gamers a la de Eddy Merckx o Pelé, los tebeos manga haciéndole sombra a Shakespeare, el Benidorm Fest eclipsando a Mozart.
¡Ay, si Javier Marías levantara la cabeza y volviera a escribir esos artículos suyos de viejo gruñón!
¡Cuánto disfrutaría criticando las concentraciones de therians que dicen identificarse con animales, las expediciones en busca de pokémons, los festivales de horteras en los que gana el más marciano, los señores talluditos disfrazados de Obi-Wan Kenobis, las despedidas de soltero con penes de plástico en la cabeza, el Día del Orgullo Friqui...!
Todo ello no son sino síntomas de un proceso de infantilización de la sociedad que no tiene vuelta atrás.
Cuando, dentro de dos semanas, se celebre la gala de los Oscar y Los pecadores se lleve un montón de estatuillas, querrá decir que por fin ha llegado el momento Nostradamus. Empecemos a preguntarnos si el ser humano, como especie, merece algo que no sea la extinción.