Subir una moto a la espalda al Aneto: la heroica expedición del 68 que salvó la montaña
La hazaña con la que un grupo de jóvenes evitó que el Aneto se convirtiera en una cima accesible en moto

Subir una moto a la espalda al Aneto: la heroica expedición del 68 que salvó la montaña
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Madrid
Mariano Sala, conocido en Benasque como Mariano del Rabasón, ha muerto esta semana a los 88 años. Su pérdida deja un vacío evidente en la villa, donde durante décadas atendió detrás de la barra del pequeño Rabasón, uno de los locales más emblemáticos para montañeros y vecinos. Pero su historia va mucho más allá del bar. Sala protagonizó una hazaña que cambió para siempre la relación de los Pirineos con el medio ambiente.
En 1968 formó parte de una expedición insólita. Un grupo de jóvenes de Zaragoza y del valle decidió adelantarse para impedir que una caravana de motos alcanzara la cima del Aneto. Aquel ascenso motorizado, patrocinado por Bultaco, estaba ya anunciado y pretendía llevar a ocho o diez motoristas hasta el techo de los Pirineos sobre dos ruedas, algo que hoy suena imposible, pero que entonces estaba a punto de suceder.
El grupo de Mariano decidió actuar. Como recordó José Antonio Ponseti en el programa SER Aventureros, "fue uno de los componentes de la expedición del 68 que evitó que la gente subiera en moto al Aneto". Lo hicieron con un gesto que roza lo legendario: desmontaron una Vespa, cargaron cada pieza a la espalda y, tras más de catorce horas de ascensión, la montaron de nuevo en la cima.
"Subir una moto al Aneto no es ninguna broma", explicó Ponseti en el programa, subrayando el esfuerzo físico y la locura logística de aquella iniciativa. Una vez montada, "los jóvenes posaron con la moto para una fotografía que terminaría circulando por la prensa de la época". Y esa imagen fue decisiva: provocó que se cancelara la expedición motorizada prevista para días después.
Ponseti recordó también la dimensión simbólica de aquella aventura: "eran chavales, pero ya entendían que si no se plantaban, aquello habría abierto la puerta a hacer barbaridades en la montaña". Y añadió: "Mariano siempre contaba que no querían ser héroes; solo querían que el Aneto siguiera siendo una montaña, no una pista de pruebas".
Aquella acción impulsiva se convirtió en uno de los primeros gestos de defensa activa de la montaña en España. "Ellos lo hicieron por preservar el medio ambiente", insistió Ponseti. "Fueron en el 68 los primeros grandes precursores de tomar acción para preservar una historia que os tenéis que imaginar lo que debía ser subir al Aneto". En un tiempo sin regulaciones claras, permitir que motos alcanzaran las cumbres parecía una excentricidad asumida.
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