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El árbol de gran fortaleza que lo resiste todo: así es el Ginkgo biloba

Desde que se introdujo en Europa, en el siglo XVIII, se convirtió en un árbol cultivado en todos los jardines botánicos del continente

Ginkgo Biloba

Ginkgo Biloba

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Madrid

Vamos a hablar de un árbol muy singular. La evolución vegetal es algo fascinante, y entre nosotros siguen vivas especies que aparecieron hace millones de años.

El ginkgo (Ginkgo biloba) es una de las plantas que reciben el nombre de fósil viviente, debido a una genética varada en el tiempo. Peter Crane, botánico que ha consagrado un amplio estudio a esta especie, comenta en uno de sus libros cómo el ginkgo "creció con los dinosaurios, y ha llegado a nosotros casi sin cambios durante 200 millones de años", todo un éxito evolutivo, lo que implica el vigor de su genética.

Procedencia

Proviene del sureste de China, aunque ha sido muy cultivado desde hace milenios en Corea y Japón. Desde que se introdujo en Europa, en el siglo XVIII, se convirtió en un árbol cultivado en todos los jardines botánicos del continente, desde donde se propagó a América, por supuesto.

En Asia tiene una connotación sagrada, por lo que se le ha plantado al pie de sus templos, como en Europa se hace con otros árboles desde tiempos inmemoriales, como tejos (Taxus baccata) y cipreses (Cupressus sempervirens). Gracias a este nexo con lo sacro, el ginkgo pudo extenderse por otras regiones y propagar su genética.

Árbol de gran fortaleza

Quien cultive un ginkgo se sorprenderá de su fuerza. Da igual si crece en una maceta o en tierra, que verá cómo es una planta que no tiene ni plagas ni enfermedades, es una especie todoterreno que lo resiste todo. Es de sobra conocido que el ginkgo fue una de las plantas que primero rebrotaron después de la explosión de la bomba atómica de Hiroshima, en Japón. A la primavera siguiente de la detonación, se vio cómo un ginkgo abrió nuevas yemas de hoja, todo un símbolo de esperanza.

Es una planta que resiste la sequía y el exceso de agua, aunque con uno y otro extremo puede mostrar hojas amarillentas o amarronadas. Pero, en cuanto recupera el equilibrio, el ginkgo brota con fuerza. Y es que, si fue capaz de resistir a la radiación atómica y a ese fuego inhumano, será capaz de aguantar esos fallos en el cultivo.

Tampoco tiene plagas: ni pulgones, ni araña roja, ni cochinillas... Parece como si fuera invisible para todos esos animalillos habituales de los jardines y terrazas.

En casa podemos cultivar un ginkgo en maceta, donde podemos disfrutarlo durante muchos años. Por supuesto, en un tiesto la planta crecerá muchísimo menos que si la plantamos en tierra -donde crecerá hasta más de 15 metros de altura-, pero aun así puede adquirir un par de metros de altura fácilmente.

Es una planta que disfruta del sol directo, cuanto más, mejor, aunque puede crecer en zonas de menor insolación. No es muy demandante en agua, pero le gusta que no le falte y que el sustrato tenga siempre un punto ligero de humedad.

Si cada cierto tiempo le hacemos una poda de raíces en el invierno, un repicado, para mantener su raíz y su parte aérea bajo control y evitar que envejezca demasiado por crecer en un espacio pequeño. Esto se puede realizar cada dos o tres años de manera ideal, aunque he visto ginkgos a los que nunca se les había podado la raíz ni la parte aérea —sus ramas—, y estaban perfectos, gracias a esa fortaleza proverbial de la que venimos hablando.

Hojas en forma de abanico

Uno de los grandes atractivos del ginkgo son sus hojas, con forma de abanico, poco habituales dentro del reino de las plantas. Suelen presentar una escotadura central, una muesca que divide la hoja en dos grandes partes. El alemán Goethe, escritor, científico y mil cosas más, le dedicó un poema precioso a uno de estos árboles que veía en sus paseos por Weimar: ¿Será este árbol extraño algún ser vivo / que un día en dos mitades se dividiera?/ ¿O dos seres que tanto se comprendieron, / que fundirse en un solo ser decidieran?

Otra peculiaridad es que es una especie caduca, y cuando llega el otoño sus hojas se vuelven de color amarillo limón, un dorado intensísimo que ilumina los días nublados otoñales. No solo eso, sino que es famosa su defoliación, ya que puede tirar todas sus hojas en pocas horas, un proceso del que se pueden ver vídeos. En un día frío, te colocas debajo de un gran ginkgo y las hojas te llueven encima, es un fenómeno precioso y único.

Propagación por semilla

La manera más fácil de tener un ginkgo es conseguirlo a través de su semilla. Durante los meses fríos, bajo los ejemplares femeninos de esta planta -ya que sus sexos se desarrollan en ejemplares separados-, se verán sus semillas carnosas, que son conocidas por su carne con aroma putrefacto, del que ya hablamos aquí cuando hicimos los semilleros. En diciembre de 2023 sembramos unas cuantas semillas de ginkgo (Ginkgo biloba). Actualmente tenemos uno de esos ejemplares que germinaron en la terraza, en un gran macetón. Todavía es pequeño, mide unos 40 centímetros de alto, pero apunta buenas maneras, y seguro que este año va a dar un buen estirón.

Así que si vamos bajo uno de estos ginkgos hembra, podremos encontrar algunas de estas semillas caídas. Si no se han deshidratado, se podrán semillar. Así obtuvimos en su día nuestro plantel de pequeños ginkgos.

Ginkgos en los viveros

También se pueden comprar en los viveros profesionales, en diferentes tamaños, aunque en ellos es más fácil encontrar arbolitos de al menos un par de metros de altura, y de mucho más, por supuesto.

Hay algunos cultivares o variedades que son muy interesantes para espacios reducidos, como los ginkgos que tiene formas estrechas o columnares. Un favorito mío es el 'Fastigiata Blagon', con ramas

ascendentes muy pegadas al tronco, lo que hace que origine una columna estrecha de un par de metros de ancho solamente.

Otro muy popular es el 'Mariken', que tiene una copa muy reducida de tan solo un metro y medio de anchura máxima, perfecto para terrazas.

Un ginkgo es un árbol que no puede faltar en ningún jardín, porque aporta una belleza fascinante, a la que se une ese carácter de ser un fósil viviente.

Los japoneses lo pronuncian como yingo o guingo, aunque en Europa es frecuente que la k de su nombre científico tenga sonoridad, y también se le llame guinko.

 

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