Gisèle Pelicot: "Necesito encontrarme con mi exmarido para saber por qué me ha hecho tanto mal. Es tiempo de que la vergüenza cambie de bando"
Aimar Bretos entrevista a la mujer francesa, convertida en icono de la resistencia contra la violencia machista, en 'Hora 25'

El caso de Gisèle Pelicot ha costernado al mundo. Una mañana de noviembre de 2020, la mujer francesa acompañó a su marido a la comisaría. A él le habían pillado unas semanas antes en un supermercado haciéndoles fotos por debajo de la falda a varias mujeres. Al llegar a la comisaría la policía la separó de su marido, al que detuvieron. A ella le explicaron que a raíz del episodio del supermercado la policía había registrado su ordenador y su móvil y habían encontrado vídeos del horror al que ese hombre, su marido la había sometido durante 10 años.
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En 2011, él empezó a drogarla. Le metía la comida dosis salvajes de Lorazepam y Zolpidem, como para dejarla absolutamente inconsciente y la violaba. Él repetidamente la violaba y lo grababa, pero también invitó a unos 80 hombres a que fueran a la casa y violarán a su mujer en la cama del matrimonio sin preservativo. Después de las violaciones él le hacía limpiezas vaginales metiéndole agua. Ella se despertaba empapada, empezó a sospechar también con los dolores que sentía y visitó a una multitud de ginecólogos para intentar entender qué le pasaba.
Gisèle se ha convertido en la imagen de la lucha contra la violencia machista. Publicó sus memorias el pasado 17 de febrero. Su exmarido y agresor, Dominique Pelicot, fue condenado a 20 años de cárcel por violarla y ofrecer a otros hombres a hacerlo mediante sumisión química.
Gisèle pudo esconder su identidad amparándose en su condición de víctima, pero decidió dar la cara y convertirte en un icono mundial del feminismo y contra la violencia machista. Su historia se publica bajo el título Un himno a la vida, donde explica su coraje al querer hacer su juicio público. El lema que "la vergüenza cambie de bando" se ha convertido en un eslogan contra la violencia sexual que sufren a diario las mujeres.
Aimar Bretos ha tenido la oportunidad de entrevistar a Gisèle Pelicot en Hora 25, donde ha podido contado su historia, explicando cómo sigue adelante con orgullo a pesar de las cosas horribles que ha sufrido.
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Las entrevistas de Aimar | Gisèle Pelicot
¿Gisèle Pelicot o Gisèle Guillu? Sé que ha optado por mantener el Pelicot, pero me gustaría que nos explicara por qué, cuando es el apellido de su exmarido y agresor.
Yo quería mantener el nombre de Gisèle Pelicot, no para tener un vínculo con él, sino para mantener esto por mi familia y sobre todo por mis nietos, que vean la cobertura mediática que tiene todo esto. Especialmente durante el juicio, yo lo que quería es que este apellido se mantuviese de manera pública, tal vez de cierta manera para reequilibrar las cosas para mi familia, que es muy importante para mí. He publicado este libro con este nombre.
Este apellido me ha hecho mucho daño, pero para mi familia que sigue teniendo este apellido también es importante que yo lo siga manteniendo, especialmente para mis nietos, porque en la escuela cuando están en el recreo, los niños a veces son terribles entre ellos y mis nietos que están en la escuela ahora mismo me dicen: 'Gracias abuela, porque mis profesores cuando hablan de mí están super orgullosos de tener ese apellido. Creo que hemos olvidado quien era el señor Pelicot y hemos recordado mucho más lo que ha hecho la abuela'.
El libro de sus memorias es muy duro y muy explícito respecto a todo lo que ha sufrido. ¿Ha dudado en algún momento en contar su historia?
Antes que todo este libro es la trayectoria de tres generaciones, tres mujeres. Mi abuela, mi madre y yo a día de hoy, que hemos atravesado el dolor, el duelo, las enfermedades, pero también me han transmitido la alegría de vivir, es una manera de seguir viviendo de ellas, seguir viviendo a través de este libro.
Esto es parte de mi ADN. Ser así también es esta trayectoria de vida, por supuesto, he contado todas las cosas que he vivido desde mi más tierna infancia. Se me ha construido así, es lo que me ha dado muchísima fortaleza y continúa así, me ha ayudado mucho a través del juicio.
Lo de su agresor no eran fogonazos de maldad, no eran brotes. Era un plan, él lo tenía todo muy planificado, cada agresión estaba planificada con antelación. Habla de una maldad humana que nos cuesta entender.
Durante estos 50 años que pasé con el señor Pelicot no hubiese podido imaginarme en ningún momento que fuese hasta este punto. Cuando me revelan los hechos, ese día de noviembre de 2020, hasta entonces nunca hubiese imaginado esa perversión. Cuando yo le conocí era una persona amable, muy preocupada por mí, atenta. Mis amigos incluso me lo decían, mis hijos pensaban que era un padre excepcional. Esto para nosotros fue una deflagración enorme y que nos hizo tambalearse todo lo que habíamos vivido juntos.
¿Una familia se recupera de algo así?
Desde el principio hace falta pensar que esto es una deflagración que nos ha roto todo. A día de hoy todo el mundo ha intentado reconstruirse de la manera que ha podido, cada uno de su manera. Este libro les ha ayudado muchísimo también a entender mi recorrido, cómo he podido aceptar todo yo eso de esta manera, y mis hijos y mis nietos que han leído el libro han podido entender muchas cosas. Esto también ha acercado mucho, nos hemos reencontrado, he pasado tiempo con mi hija. El 8 de marzo, el día de la mujer, vamos a pasar el día juntas.
Esta deflagración no le afecta solo a usted. A usted principalmente, pero tenía fotografías de su hija, de sus nueras. Él agredió sexualmente a su nieto. Iba más allá.
No hemos encontrado fotos de Nathan, por ejemplo. Sí que hemos encontrado de mis nueras y dos fotos. que sí que nos hacen plantearnos preguntas sobre mi hija Caroline. Es un infierno al cual ella ha sido ha condenado. Este sufrimiento para ella es una condena perpetua. Él le ha hecho estas fotografías y Caroline sí que ha denunciado a su padre y espero que ella reciba respuestas y tenga su juicio.
Algunos de los hombres que la violaron a usted con la complicidad de su exmarido eran muy jóvenes. Usted es de 1952. Entre los violadores hay un chaval de 1997.
Cuando descubro la edad de estos chicos desde los años 20 hasta los 70 u 80 que tenían de todas categorías profesionales. Nos hace hacernos preguntas sobre el comportamiento de todas estas personas, cuál es su conciencia, es como que no tienen alma realmente. Durante este juicio ellos hablan de la banalidad de las violaciones porque intentan defenderse de alguna manera, pero hace falta no hacer un amalgama de todos los hombres. Es un reflejo de la sociedad, sí. Es verdad que a través de la sumisión química, porque es de lo que yo puedo hablar, porque es lo que a mí me ha sucedido, sumisión química es un tipo de violencia, es un tipo de dominación masculina, pero no tenemos que amalgamar a todos los hombres y decir que no todos son violadores. Esto lo intento decir en mi libro, hace falta tener en cuenta esto en cuanto a ciertos individuos, yo tengo en mi entorno a hombres maravillosos, chicos jóvenes, señores que también han hecho su reflexiónes sobre este juicio y lo que me ha pasado.
Al mismo tiempo, ¿no aterra pensar que en una zona tan concreta de Francia había tantos hombres dispuestos a hacer algo así?
Por supuesto, es algo que ha sucedido en un pequeño perímetro de la zona, pero este tema es algo universal. No es solamente en mi región, no es solamente en Francia, esto afecta a todos los países, a todos los lados. Todos los días descubrimos casos de violencia sexual a través de la sumisión química, es un tema universal.
Una de las cosas más crueles es que su exmarido la acompañaba a los médicos para intentar encontrar alguna explicación de lo que él le estaba provocando. Él estuvo durante diez años de médico en médico a su lado.
El señor Pelicot no buscaba la solución, él sabía lo que me sucedía. Era yo la que quería ver que me pasaba. Iba a neurólogos, fui a tres, el señor Pelicot me acompañó por supuesto. Pasé por debajo del radar de absolutamente todo el mundo, no se descubrió la sumisión química, nadie se imaginaba que una mujer de mi edad pudiese estar sedada por su marido que me acompañaba. Los ginecólogos, cada vez que yo iba a verles me trataban como una mujer que envejecía, una mujer mayor y era como: 'Oye tienes que aceptar que tu cuerpo está envejeciendo y ya está'.
El señor Pelicot sabía perfectamente lo que yo estaba viviendo, él conocía las respuestas, incluso pasé un escáner y él me acompañó y me decían: 'Oye, todo es normal'. En ese momento yo pensé, puedo tener la misma enfermedad que mi madre, por supuesto, porque no se encontraban otras soluciones, otras respuestas. Empezamos a pensar hacia el principio no qué podía ser, pero en noviembre tuve la respuesta de todas estas dudas que yo tenía que era algo inimaginable.
Viví 10 años de idas y venidas médicas. Ha sido un proceso muy doloroso, son 10 años en los que no pude vivir con calma, no podía conducir, cuando iba en tren tenía miedo de saltarme la parada apropiada. Eso me hizo sentir me hizo sentir muchísima angustia, por eso el neurólogo me dijo que era una persona sumamente ansiosa, porque no sé, yo no sabía lo que me pasaba y estas ausencias mentales me perturbaban, me impedían vivir bien.
Sabe usted que hay muchas personas y muchas mujeres que sin poner en duda su relato, pero se preguntan cómo es posible que durante todo este tiempo usted no tuviera unas alertas físicas o unos desgarros que le permitieran sospechar que algo estaba pasando.
Tenía ciertas señales físicas, fui al ginecólogo, tenía estas ausencias mentales. Pero aún así fui a ver médicos y un neurólogo le dijo a mi hijos que tenía como todas las pruebas de tener Alzheimer que se tenían que preparar al Alzheimer y ellos se prepararon para ello.
Le han dolido estos juicios sociales, esta duda de que es imposible que una mujer durante 10 años no sea consciente de que algo pasaba.
No me ha dolido porque creo que tal vez es una manera de sentirse segura y reasegurarse cuando vives en pareja y decir: 'Oye mi marido no sería capaz de hacerme esto a mí'. Creo que no tengo que justificarme, yo no soy culpable de nada, víctima de nada, yo tengo todos los vídeos que prueban la verdad y las personas que no estaban en el tribunal no han visto los vídeos. Realmente no me duele lo que digan otras personas que digan que esta historia no es verdad o no, es su punto de vista, pero sí yo me di cuenta de que había cosas que no estaban bien entonces no me duele lo que me dicen, hay momento de hacerse preguntas también.
El papel de la policía que no fue nada fácil y que tuvieron que enfrentarse a horas y horas de grabaciones entre arcadas teniendo que visualizar ese contenido que era terrible. ¿Ha podido mantener contacto con esos agentes que descubrieron la verdad de lo que le pasó a usted?
Sí, sin duda. Y les he dado las gracias porque gracias a ellos eh me han salvado la vida y estoy aquí. Me he reencontrado con el vigilante que fue el que detuvo al señor Pelicot en este centro comercial y también el señor Peguette, el teniente que vino a verme y me dijo que durante una serie de semanas no había dormido antes de anunciarme la noticia porque sabía que me iba a destrozar la vida. Sabía que iba a estar totalmente en shock cuando descubriese esas fotos que me iba a enseñar. Ahora mismo no ostenta el mismo cargo porque creo que le ha marcado la vida también.
A usted le impacta el saber que su historia se conoció por casualidad, que podía haber seguido durante mucho tiempo por debajo del radar y que incluso nunca nadie llegara a saber lo que le estaba haciendo.
Sin duda que estas dos personas me han salvado la vida, sino no hubiese podido salir. Es a través del que le denunció y la policía que decidió seguir investigando.
En el libro dice que no sabe incluso si podría haber llegado a matarla en caso de que no se hubiese descubierto esto.
Es una respuesta a la que realmente yo no sé qué hubiese pasado, espero que algo un poco más positivo en mi cabeza que hubiese impedido esto.
Una de las cosas más impactantes del libro también es a raíz de este episodio. En el momento en el que él ya sabe, que la policía se había llevado los el ordenador, el móvil y que iban a detenerlo porque iban a descubrir todo lo que le había hecho. En esas semanas las violaciones van a más. Él en lugar de parar, en lugar de escapar, las violaciones van a más, aprovecha esos últimos momentos que tenía para su fantasía depravada.
Es verdad que el hecho de que hay le hayan sorprendido en el supermercado en septiembre, en ningún momento él piensa en parar estas violaciones. Vuelve a hacerlo en octubre, el 3, el 10 y el 21. Creo que sí, en ese momento él está aprovechando, sabe que van a encontrar la verdad en ese material informático, entonces es como que va hasta el final porque sabe que lo van a detener. Es que es algo aterrador imaginar todo esto a día de hoy.
¿Se enorgullece de haber decidido que el juicio fuera a puerta abierta? ¿Qué quiso decirle al mundo con esa decisión?
Tardé 4 años antes de tomar esa decisión. Quiero decir que cuando uno es víctima, se siente avergonzada, se siente culpable, se siente responsable, se pregunta por qué, por qué ha hecho esto, por qué, qué cosas ha hecho para que le suceda esto malo. Porsupuesto que la vergüenza tiene que cambiar de bando. Esa frase no es mía, es de un juicio del año 2018. Creo que es momento de que la vergüenza cambie de bando, porque si me hubiese encerrado en esa sala de audiencia con todos estos individuos, tal vez no hubiese conocido bien sus caras, sus nombres, sus apellidos y a mí se me hubiese juzgado como culpable o responsable de lo que me sucedió. Yo quería darle la vuelta a la situación, es para ellos la vergüenza, ellos son los culpables y yo soy la víctima. Ellos tienen que sentir la vergüenza, ellos son los responsables. Sempre la víctima piensa que he hecho para merecer esto, pero no, tenemos que no sentir vergüenza. Tenemos que hablar, tenemos que tener confianza en nosotras mismas. Muchas veces la perdemos y hace falta que la reencontremos, eso es super importante. Lo que yo quería hacer, creo que tenemos todas las razones para hacer algo así, es verdad que es distinto para mí porque yo tenía las pruebas, pero aunque no tengamos las pruebas tenemos que intentar arrancar este proceso para que se nos reconozca como víctimas, es importante.
Fue increíble que a pesar de la existencia de estas pruebas, usted durante el juicio tuviera que escuchar barbaridades como al presidente del tribunal preguntándoles a los peritos si sus secreciones vaginales podían ser señal de placer. A pesar de las pruebas que existía de que usted había sido víctima de múltiples violaciones durante 10 años, hubo que escuchar eso por parte de un juez.
Es humillante pensar todas estas preguntas que se le hacen como en contra a las víctimas. Hoy en día puedo levantar la cabeza porque también estuve sumamente bien acompañada por mis abogados y la asociación de víctimas que me acompañó durante los tres meses y medio de juicio. Las cartas que me llegaron de todo el mundo, las mujeres que me vinieron a acompañarme en la puerta del tribunal. Me hicieron sentir sumamente acompañada, no estaba sola, eso me calmó mucho, sobre todo para lo que sucedía dentro de ese tribunal.
Por supuesto que se me humilló, se me habló como si fuese sospechosa exhibicionista, cómplice, culpable... pero a pesar de todas estas violencias violencias verbales a las que me sometieron en este tribunal pude mantener el tipo.
Hablando de las violencias durante el juicio era impactante ver como los acusados que estaban a punto de ser condenados por violación compadreaban entre ellos, había una complicidad entre ellos, invitaban a cervezas en el bar de enfrente y entre risas entre ellos. Los acusados de violación.
Para ellos había que desdramatizar de cierta manera la situación para no reconocer su crimen. Hasta el final ellos pensaban que eran inocentes, porque durante todo el juicio, el presidente y los abogados, especialmente había presunción de inocencia, que es normal, es la ley, lo entendemos, pero a ellos se les ha reconocido como culpables y a mí como víctima. Es una gran victoria para mí, no solo para mí, sino para todas las mujeres que me acompañaron.
Ellos defendían su inocencia, era su estrategia procesal. ¿Pero usted cree que ellos siguen creyendo que son inocentes?. Porque alguno decía es que era inocente y no había dicho nada malo. ¿Usted cree que ellos siguen creyendo que son inocentes?
Creo que cuando hay una violación y cuando hay una intención de violar hay una parte de responsabilidad de su parte, pero también a veces se distancian de lo que han hecho. El resultado está ahí, a ellos los han reconocido culpables, sí o sí. Hay muchas víctimas a día de hoy que se necesita hacer justicia, por supuesto, pero no hay que dejar nada. Las víctimas no somos responsables de nada, ellos sí.
Me ha hablado de los mensajes que le enviaba a gente a la que usted no conocía. ¿Cuál es alguno que tenga con especial cariño, algo especialmente emocionante que le haya hecho llegar una persona que ha visto su sufrimiento, que ha decidido ponerse en contacto con usted?
Todas las cartas me hicieron emocionarme muchísimo, todas se identificaban con mi historia. Este este sufrimiento hacía eco en el suyo, hay algunas que tal vez me han marcado más que otras, pero absolutamente todas para mí eran mensajes de sufrimiento, pero también de apoyo. Porque estaban muy cerca de mí durante todo el juicio y creo que también es importante reconocérselo.
Algo que me ha marcado a mí ha sido el gesto de de empatía y de solidaridad que tuvo usted con la mujer de uno de estos violadores. La mujer, nuevamente la mujer se estaba echando la culpa, se estaba responsabilizando de que su marido hubiese hecho algo así, buscaba en ella la responsabilidad de que su marido hubiese hecho algo así.
Esta chica joven había escuchado que su marido también había venido a violarme, pero por supuesto que ella no era culpable de absolutamente nada ni responsable de nada. Es la responsabilidad del hombre, incluso cuando se vive en pareja. Es un mensaje de de armonía que quiero dar, podemos vivir en armonía a través del respeto al otro.
Usted ha vuelto a a encontrar el amor y está feliz. Y yo le pregunto: ¿Se puede se puede volver a confiar en una pareja, después de haber sido víctima de algo tan traumático por parte de la pareja anterior con la que compartió 50 años?
Sí, por supuesto que se puede volver a confiar, yo no me imaginaba en mi vida volver a enamorarme, pero la vida decidió algo distinto para mí. La persona con la que me encontré también tiene sus valores, tiene los mismos puntos de referencia que yo. A día de hoy la diferencia es que soy más vigilante, sé lo que hago, si me levanto por la mañana, sé lo que he hecho por la noche. Si no me acuerdo, consultaría a un médico. Hace 10 años no lo hubiese sabido, esa es la diferencia. También oponerme a esta puerta cerrada del juicio, poner en duda todas estas cosas, también se habla mucho de la sumisión química, la agresión sexual en el matrimonio, es importante hablar de ello.
Algo que que me cuesta mucho entender y por favor no hay juicio, solo hay ganas de entender, es que usted después de todo lo que le hizo su exmarido haya vuelto a la cárcel a llevarle. ropa y que incluso no descarté ir a encontrarse con él. ¿Cómo se explica? Necesito entender algo así.
Creo que soy una persona humana. Y cuando a él se le arresta, yo llevé la ropa poco después de la revelación de los hechos, yo todavía estaba en estado de shock y los llevé con mi hijo Florián porque él también me acompañaba. Él se fue a la prisión casi sin sus nada, sin sus posesiones, entonces creo que es un poco normal el habérselo llevado. El hecho de que le quiera ver, le quiera visitar, es porque a través de todo este juicio, tres meses y medio, nunca me dirigía a él, siempre me dirigía al presidente del tribunal y necesito encontrarme con él para buscar respuestas. Decirle: ¿por qué nos has hecho tanto mal? ¿Por qué nos has traicionado? por qué le has hecho esto a tus hijos?
Espero obtener estas respuestas que no he podido obtener hasta ahora durante el juicio. También es una manera de decir: yo hoy soy mucho más fuerte. Él está en una posición más de debilidad, entonces no vamos a tener la misma función, la misma versión. No vamos a ser las mismas personas que hemos estado frecuentando tantísimos años, la huella que él ha dejado en mí. Sí hay cierta huella de la sumisión química, pero solo eso.
Señora Pelicot, es usted muy valiente
No, valiente no, pero tengo mucha fuerza. Esa fuerza siempre me ha acompañado desde mi más tierna infancia.




