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El día en que el presidente del Inter terminó financiando la primera película de Gonzalo Suárez

La ayuda inesperada de Angelo Moratti abrió a Suárez las puertas de un debut cinematográfico que en España nadie quiso respaldar

Madrid

A finales de los años cincuenta, Gonzalo Suárez dejó atrás su vida en España y se marchó a París en busca de aventuras. Allí conoció a Helene Girard, la mujer con la que comparte vida desde hace 66 años. Con ella se instaló en Barcelona en 1958, donde empezó a trabajar en una editorial mientras se abría camino en la escritura.

Su vida dio un vuelco cuando apareció en escena Elenio Herrera, el legendario entrenador del Inter de Milán, que acababa de convertirse en pareja de su madre. Herrera, impresionado por su inteligencia y su forma de analizar las historias, lo contrató como analista de la Liga italiana. Aquel trabajo le enseñó una forma distinta de mirar: observar lo invisible, anticiparse al movimiento. "Elenio Herrera me enseñó a fijarme en el hueco donde puede suceder algo; siempre repetía: 'No mires dónde está el balón'", recordaba Suárez. Aquella idea —buscar el espacio donde está a punto de pasar algo— acabaría impregnando toda su obra.

En 1968 decidió dirigir su primera película, empujado también por la frustración con Vicente Aranda durante el proyecto de Fata Morgana, que ambos iban a codirigir y del que finalmente fue apartado. Suárez estaba decidido a filmar "como fuera", pero carecía de apoyos en una industria española reacia a financiar propuestas arriesgadas.

Y entonces ocurrió lo insólito: Angelo Moratti, presidente del Inter de Milán, aceptó financiar su primer largometraje. Suárez lo conocía por su labor como analista en el club, y aquella relación profesional bastó para despertar la confianza del empresario. De ese vínculo inesperado nació la posibilidad de rodar Ditirambo.

La película, vanguardista y experimental, abrió un camino que continuó con El extraño caso del doctor Fausto y Aoom, aunque su falta de éxito comercial terminó agotando la paciencia —y el bolsillo— del propio Moratti. "Después se acabó el dinero y yo me encontré queriendo seguir haciendo cine", resumió Suárez, consciente de que aquel apoyo excepcional no podía durar para siempre.

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George Kennedy, Gonzalo Suárez y ‘Solo los ángeles tienen alas’

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Aun así, aquel impulso inicial fue decisivo. Su carrera nació gracias al respaldo de un presidente del Inter que supo ver talento donde la industria española no quiso mirar.

 

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