Xavier Vidal-Folch, sobre la fragata 'Cristóbal Colón': "No a la guerra, pero sí a la defensa armada de las víctimas de la guerra"
Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre la fragata que España enviará a Chipre tras el ataque contra una base británica

Xavier Vidal-Folch, sobre la fragata 'Cristóbal Colón': "No a la guerra, pero sí a la defensa armada de las víctimas de la guerra"
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Madrid
La fragata española Cristóbal Colón en Chipre es un símbolo. De muchas cosas, pero sobre todo de una: que el conflicto en Irán tiene dos vertientes distintas, aunque a veces se pueden confundir, o tropezarse mutuamente. Y ambas están sujetas al derecho internacional, y reguladas por su máxima expresión, la Carta (fundacional) de Naciones Unidas, así como muchas resoluciones de su Consejo de Seguridad y su Asamblea general.
Una es la guerra de agresión contra otro país. Está del todo prohibida. Simplemente, es ilegal. Esto es, el agresor debe ser reconducido, incluso por la fuerza, preferentemente por orden del Consejo de Seguridad, aunque en este caso eso resulte imposible, porque de los incumplidores, uno, EEUU, tiene poder de veto en esa instancia. Y el otro, Israel, es la criatura mimada de Washington.
La otra vertiente es la legítima defensa, con las armas, frente al agresor. Está autorizada, pero para ello es básico que la acción emprendida sea en respuesta, no en provocación, al otro. Y también que sea proporcional, advertida a tiempo, desarrollada según las normas previstas (pues incluso para hacer la guerra lo civilizado es cumplir determinadas normas) y mejor bendecida por la propia ONU o algún otro cuerpo multilateral.
Esta es la acción armada que han desarrollado hasta ahora Francia y el Reino Unido. Y a la que acuden también Holanda, España y otros países europeos. Se emprende en respuesta a una agresión: de misiles iraníes; a petición de algún país damnificado: como es el Gobierno de Chipre, donde fueron atacadas las bases británicas; y en un marco multilateral, la OTAN. La fragata iba acompañando al gran portaviones francés Charles de Gaulle en una misión atlántica de fuerzas europeas dentro de la alianza; y se ha trasladado al sur en el mismo grupo o convoy naval.
No hay nada más opuesto entre agredir y que te agredan. Quien no entienda una diferencia tan básica no es que no pueda captarla, es que no distingue el blanco del negro. España puede y debe mantener su oposición radical, pero en términos correctos, al imperialismo violento de Washington y Tel Aviv. Pero eso no le impide ejercer su deber de solidaridad con los países europeos amenazados. Criticar la acción de los agresores es la otra cara de la moneda de jugársela en favor de las víctimas. Sencillo, aunque en la práctica un día pueda complicarse: “No a la guerra”, pero sí a la defensa armada de las víctimas de la guerra.

Xavier Vidal-Folch
Periodista de 'EL PAÍS' donde firma columnas y colaborador habitual de la Cadena SER, donde publica...




