José Carlos Ruiz, filósofo: "La retórica, cuando es honesta, no manipula sino que da forma a la confusión que tenemos dentro"
El filósofo reflexiona en 'La Ventana' sobre la importancia de la oratoria

"La retórica, cuando es honesta, no manipula sino que da forma a la confusión que tenemos dentro"
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Madrid
El filósofo griego Aristóteles sostenía que un buen orador debe reunir tres elementos: logos, ethos y pathos. El logos es la palabra y el razonamiento; el ethos, la credibilidad de quien habla; y el pathos, la capacidad de movilizar las emociones del público. Más de dos mil años después, esta lógica sigue vigente y cobra incluso mayor importancia en un tiempo marcado por la inmediatez y por discursos que, a menudo, resultan vacíos.
Esta concepción de lo que sostiene una buena capacidad de oratoria ha vuelto al debate público tras la viralización de un discurso del actor Kevin Spacey, quien afirmaba que "una vez se hacen las acusaciones, los hechos no importan". La frase evidencia una realidad incómoda: cuando algo se comunica de forma eficaz, ese mensaje perdura en la percepción colectiva, sea cierto o no. Y abre, a su vez, una pregunta igualmente incómoda: ¿por qué tuvieron más alcance las noticias sobre las acusaciones de agresión sexual contra él que las de su posterior exoneración?
"La retórica, cuando es honesta, no manipula, sino que da forma a las cosas confusas que tenemos dentro", explica el filósofo José Carlos Ruiz en la Ventana de la cadena SER. Y es que, como individuos, deberíamos aspirar a tres cosas: saber hablar correctamente, ser escuchados y tener la capacidad de mantener la atención de un público. "La palabra, bien utilizada, tiene la capacidad de transmitir las ideas comunes de un modo bello", asegura Ruiz, antes de añadir: "La oratoria lo que hace, de algún modo, es ordenar el mundo".
Todo ello conecta con la cuestión que Carles Francino planteaba hoy en "La Ventana": hay personas que hablan muy bien y tienen poco que decir, y otras que saben mucho pero no logran expresarlo. Ante este dilema, el filósofo responde que "hay que ordenar bien el pensamiento y saber canalizarlo hacia el exterior". Y sentencia: "La elocuencia sin pensamiento dura lo que dura el aplauso, por lo que toda elocuencia debe ir acompañada de sabiduría y conocimiento".

Ya lo explicaba también Cicerón en De oratore: "Hay que instruir deleitando". Por eso, desde hace años, se impulsan actividades de oratoria en los colegios para que los alumnos aprendan a hablar en público. "Depende de cómo se enfoque, esto puede ser muy constructivo o puede ser una fábrica de cretinos", afirma Ruiz. Pero también considera que, cuando se enseña bien, es un ejercicio bellísimo. Un ejemplo es el Torneo Provincial de Debate Educativo, que este año ha galardonado a la joven Itzíar Dueñas Dos Santos, estudiante de 4º de la ESO en el IES Ángel Saavedra, como mejor oradora.




