Emmanuel Carrère: “Creo que a mi madre no le habría encantado que cuente su vida conyugal pero no creo que se hubiese opuesto a que cuente su muerte”
El escritor francés publica en español 'Koljós', donde narra su pequeña historia familiar en medio de la gran Historia de Europa

Koljós: la pequeña historia familiar de Emmanuel Carrère en medio de la gran Historia europea
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Madrid
Para narrar al exterior a veces hay que mirar lo que hay en el interior, aquellos caminos que nos han construido como personajes de nuestras propias vidas. Por eso Emmanuel Carrère une en ‘Koljós’, su último libro, la Historia de Europa y su historia familiar, cuya genealogía es casi tan grande como aquellos contenidos que se enseñan en la Academia. Hijo de una madre siempre a la luz pública y de un padre que en las sombras la admiraba infinitamente, el escritor francés hace un retrato lleno de claroscuros sobre la relación de sus padres que se entrelaza con el éxodo a Francia de quienes huyeron tras la Revolución rusa.
Este libro comienza por el final, en el funeral de Estado de Hélène Carrère d’Encausse, historiadora y Secretario Perpetuo de la Academia Francesa (en masculino, porque odiaba el lenguaje inclusivo). Con trompetas y discursos del presidente Emmanuel Macron, Carrère d’Encausse fue despedida públicamente con los más altos estándares que se pueden otorgar a quien deja este mundo habiendo trabajado por la cultura francesa. Pero para Emmanuel Carrère, esa despedida no fue la que le hizo querer reescribir su historia familiar, sino el proceso de muerte en sí mismo. En 2023, diez días antes de morir en la unidad de cuidados paliativos Jeanne-Garnier de París, la madre del autor le anunció que tenía un cáncer terminal. “No quería fastidiaros las vacaciones, pero creo que está bien que lo sepas”, dijo a su hijo con tranquilidad. Sabía que su final llegaba y quería irse bien.
Carrère encontró algo “muy bello, magnifico incluso, en esa muerte”. Morir a los 94 años, habiendo nacido apátrida y siendo desde muy temprana edad un faro para la cultura francesa, que además intentó tender puentes entre Europa y Rusia, era algo que para el autor merecía ser narrado. No sintió ningún pudor ni culpabilidad cuando el cuerpo le pidió tomar notas o grabar una anécdota de un viaje por Asia Central que su madre siempre narraba para así inmortalizarla. “Creo que a mi madre no le habría encantado que cuente su vida conyugal pero no creo en modo alguno que se hubiese opuesto a que cuente su muerte”, reflexiona el autor.
Para Carrère, lo que más le ha conmovido durante el proceso de escritura no ha sido narrar a su madre, sino a su padre. El otro gran personaje, Louis Carrère d’Encausse, fue un vendedor de seguros cuya figura era “fantasmagórica” para Emmanuel y sus hermanas. Era un padre amoroso, pero del que el escritor casi no conoció en detalle tantos aspectos de su vida al no ser una figura conocida, y con quien además perdió la oportunidad de preguntarle sobre ella, pues falleció cinco meses después que su esposa. Loulou, como le llamaban quienes tenían relativa cercanía con él, se encargó de ordenar archivos sobre la familia de su esposa, que sirvieron a su hijo para escribir este libro, a quien su escritura le permitió adquirir hacia su padre “una envergadura que yo no le había concedido en vida y que ni él mismo se había concedido”.
Aunque es un libro de duelos, donde el autor narra la relación conyugal donde también hubo daños y falta de entendimiento provenientes de ambas partes, Carrère dice que sus retratos están hechos desde el amor y la admiración. "Y mis padres eran lo suficientemente inteligentes como para entender que un retrato se hace con luces y sombras, y que, si uno elimina las sombras, las luces en cierta forma languidecen, no hay contraste”, aunque reconoce que quizás se dice esto a sí mismo para calmarse.
Rusia, una cuestión de familia
El otro eje en el que se mueve la narración de Koljós es Rusia, el lugar que primero como imperio, luego como Unión Soviética y ahora como república siempre ha estado presente en la vida de Carrère. Por sus orígenes maternos, por su literatura y por los trabajos que después ha realizado con libros como Limonov, Una novela rusa (por la que ya tuvo desavenencias con su madre al hablar de su abuelo colaboracionista con los nazis) o el documental Retorno a Kotelnitch, Rusia es "una cuestión de familia” para los Carrère. Pero Hélène, quien siempre confió y difundió que Vladimir Putin era un hombre “que atiende a razones, consciente de los riesgos, que nunca jamás se embarcaría en acciones irreflexivas” y pensó que Ucrania no sería invadida, se equivocó. Murió con la guerra como telón de fondo en Europa.
Carrère intentó durante un periodo de su carrera mantenerse lejos de Rusia, pues era el territorio en el que su madre era la experta y no quería repetir su esfera de conocimiento, pero la vida acabó llevándole de vuelta. “A partir del momento en el que Rusia mostró de forma muy espectacular una ambición imperialista que existe desde hace mucho tiempo, el hecho de que Georgia y Ucrania eran países colonizados en cierta forma por una potencia colonizadora me saltó a la vista”, dice el escritor. A partir de eso, comenzó a viajar con más frecuencia a Ucrania para entender la guerra. También a Georgia, pues, aunque sus orígenes también se encontraban en ese país, donde su prima Salomé Zurabichvili fue presidenta, nunca había estado allí. Visitar esos países que se llamaban satélite le ha permitido entender cómo Rusia ha apisonado ella misma su historia para unificar su relato de cara al mundo.
"Los europeos tenemos curiosidad por Rusia, nos da un poco de miedo, pero tenemos curiosidad. Pero lo que muestra la guerra en Ucrania es la profunda detestación hacia Europa que emana de Rusia”, reflexiona el escritor, para quien incluso la forma en la que entiende la literatura rusa ha cambiado. Fiodor Dostoievski, quien fue durante mucho tiempo su autor preferido, también comenzó a leerlo con otros ojos. Para Carrère, el autor de Crimen y castigo "encarna realmente lo que el alma rusa tiene de fascinante pero también —por utilizar una palabra realmente violenta— de repugnante".
Trump, paradigma de lo increíble
Las primeras historias que Emmanuel Carrère publicó eran de ficción, como ‘El bigote’ o ‘Una semana en la nieve’, pero rápidamente comenzó a escribir lo que la realidad le dictaba. Carrère siente que el presidente Donald Trump es completamente un personaje que podría haber salido de una novela del escritor de ciencia ficción Philip K. Dick, de quien escribió una biografía. "Sinceramente, no podíamos haber imaginado que llegaría un fenómeno como Trump, es decir, alguien así, creo que es una situación totalmente inédita en la historia; alguien que tiene un poder mundial, porque tiranos más o menos locos, extraños, bizarros, a escala de país ha habido muchos, pero a escala mundial, nunca se ha visto”.
"Los últimos meses de mis padres, o el abismo temporal que me separa del niño que fui en los años sesenta, desbordado de alegría cuando su madre le sonreía desde los escalones de cerámica azul de la piscina de Cazères-sur-Garonne, todo eso, por muy insignificante que sea, no carece de importancia”, escribe Carrère. Por eso, aunque también en sus reportajes pueden conocerse las complejidades de quienes combaten en Ucrania, la lucha de los georgianos para que la influencia putinista cese en su país, Europa puede hallarse en las vidas particulares de una familia como esta.
Y, aunque lo quieran, los Carrère no pueden alejarse de Rusia. Fueron acurrucados en ella de alguna forma. Por eso el libro alude al nombre de las granjas soviéticas trabajadas comunalmente, que era la forma en la que Hélène llamaba a Emmanuel y a sus hermanas para acostarse juntos cuando su padre salía de viaje. “Hacer koljós” en el lenguaje que crearon como familia podía traducirse como juntarse y abrazarse para saberse juntos, eternizados por el papel.

Fernanda Fernández
Redactora y productora en 'A vivir que son dos días' desde 2022. Produjo 'Segunda Acepción' y ha colaborado...




