Cuando una entrada cuesta más que un mes de Netflix: qué hacen en Europa para frenar el declive de los cines
Las salas europeas encaran una nueva etapa de incertidumbre marcada por la caída de público y el cambio en los hábitos de consumo audiovisual

El estado de salud de las salas de cine en Europa
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Madrid
Con la llegada de los premios Oscar, La Ventana ha puesto el foco en el estado de salud de las salas de cine en Europa, un sector que no termina de recuperarse del golpe de la pandemia y que afronta un año marcado por la caída de espectadores, la subida de precios y la competencia feroz de las plataformas. En España, sin ir más lejos, la asistencia cayó un 8% en 2025, una tendencia que se repite en la mayor parte del continente. Para entender el panorama, el programa conectó con los corresponsales de la SER en Noruega, Alemania y Francia, que coincidieron en un mismo diagnóstico: "cada vez vamos menos al cine".
Noruega: un público fiel que no libra al sector del agotamiento
El país sumó el último año más de ocho millones de visitas, lo que equivale a una visita y media por habitante, todavía por debajo de los niveles previos a la pandemia. Aunque el cine sigue siendo la actividad cultural más popular, el desgaste es evidente: el 60% de los trabajadores del cine quiere cambiar de sector.
La red de salas se sostiene en buena medida con apoyo público; como resumió el corresponsal David Fergar: "muchas de las salas son de propiedad municipal y se mantienen con fondos públicos aunque den pérdidas, por ser una actividad cultural muy popular".
Alemania: entradas caras, plataformas al alza y cines que cierran
La situación en Alemania es parecida, con un descenso sostenido de la asistencia. "Cada vez vamos menos al cine", señalaba Carmen Viñas, recordando que una entrada cuesta entre 11 y 15 euros, más que un mes de suscripción a la mayoría de plataformas. La comparación no favorece a las salas, que ven cómo los espectadores migran progresivamente hacia el consumo doméstico.
El impacto se nota sobre todo en las salas pequeñas y de barrio, que continúan cerrando. Aun así, en algunas ciudades están surgiendo cines boutique que ofrecen una experiencia más sofisticada: "desde tablas de queso a platos más elaborados". Un modelo llamativo, pero que no resuelve el problema de fondo: ‘No hay más espectadores. Hay menos’, resumió la corresponsal.
Francia: el mayor mercado europeo también acusa la caída
Francia sigue siendo el gran gigante del cine europeo, con más de 181 millones de entradas vendidas cada año. Pero ni siquiera allí la tendencia es positiva. En 2025, la venta de entradas bajó un 13% y la recaudación se quedó en 1.160 millones de euros.
Los precios tampoco ayudan: "15 euros es la normal", explicó la corresponsal Lucía Riera, y las proyecciones especiales pueden alcanzar los 20 o 22 euros. Aun así, el país mantiene una sólida estructura cultural: abundan las tarjetas de varios pases, los planes mensuales y los descuentos ofrecidos por empresas. El cine, además, sigue muy protegido por las instituciones públicas y conserva una oferta diversa que incluye reposiciones, ciclos y estrenos en versión original. "Si quieres una doblada, la tienes que buscar en un horario concreto", explicó la corresponsal desde París.
Entre los casos más llamativos de este año, la corresponsal recordó el cierre del histórico cine Miramar en París, uno de los ejemplos de cómo incluso salas emblemáticas están sucumbiendo a la presión del mercado.
Un diagnóstico compartido: recuperación insuficiente y nuevas dudas
Aunque cada país presenta particularidades —el apoyo municipal en Noruega, los cines boutique en Alemania, la protección cultural en Francia—, todos describen un mismo fenómeno: la recuperación tras la pandemia ha sido parcial, los precios han subido, las plataformas han cambiado los hábitos y las salas no logran atraer al público como antes.




