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Eduardo Casanova: "El VIH no entiende de ideologías. Una persona de ultraderecha también puede tener VIH y me preocupa porque va a sufrir"

El actor y director presenta en el Festival de Málaga 'Sidosa', el documental con Jordi Évole en el que explica por qué necesitaba decir públicamente que tiene VIH y cómo eso puede ayudar a cambiar el relato del estigma

Eduardo Casanova, durante la presentación de la serie 'Silencio' (Photo by Borja B. Hojas/Getty Images) / Borja B. Hojas

Málaga

A Eduardo Casanova le diagnosticaron VIH con solo 17 años. El actor interpretaba por aquel entonces a Fidel en la serie 'Aída', un personaje rompedor que visibilizaba con pluma su libertad sexual. Hoy el también director y artista bromea sobre cómo vivió aquella época en la que ocultaba su enfermedad mientras decía ante millones de espectadores, 'Soy gay y compro vaselina por Ebay'. Esa es una de las bromas dentro del documental 'Sidosa' que sirve para marcar el tono de este trabajo junto al periodista Jordi Évole. Una. mirada empática, luminosa y también divertida a cómo superar el miedo, la culpa y el estigma de las personas con VIH.

Según el propio Casanova, en España solo ha habido dos grandes momentos en los que la enfermedad ha estado en el debate público. En los años 80 para contar las muertes de tantas personas en nuestro país, y ahora, cuando hay proyectos artísticos y culturales que plantean cambiar la narrativa con respecto al VIH. Una de esas películas ha sido 'Romería', de Carla Simón, y la otra es este documental, además del trabajo de Eduardo Casanova en la serie 'Silencio' y la trama de su personaje en la película de 'Aída y vuelta'. "Son necesarios proyectores culturales y artísticos de todo tipo, no solo películas, para hablar de esto porque pone el debate en el centro. En España hay avances clínicos gigantes, pero también necesito que se acabe con el estigma y el odio a las personas con VIH", confiesa el actor a la Cadena SER durante el Festival de Málaga, lugar que acoge hoy la proyección de 'Sidosa'.

Casanova lleva hablando casi cinco años con Jordi Évole para encontrar la forma y la fórmula de contar su experiencia públicamente. De ahí que el documental sea más un acompañamiento entre amigos que una entrevista entre un periodista y un invitado. Ambos se apoyan, se abrazan, se ríen y van visitando a expertos, médicos y amigos para trazar un relato mayor de por qué esta enfermedad permanece en la oscuridad. "Somos la nueva pareja extraña del cine español. Vivimos en un momento de burbujas que cada vez se conectan menos, y nosotros demostramos que las burbujas y los planetas se puedan conectar y entender. Me he divertido mucho ver cómo Edu Casanova se toma la enfermedad, se ríe de ella y además se ríe de todos los que le han odiado", responde Évole.

Casanova cuenta en el documental cómo se enteró de su diagnóstico siendo menor de edad, cómo se lo contó a algún amigo como Paco León buscando apoyo, y éste se echó a llorar, y cómo aún mucha gente no lo sabía. Y es capaz de hacer todo eso desde el humor, la emoción y también un enfoque didáctico para desterrar de una vez el miedo y el odio a las personas con VIH. "Muchas veces el odio respecto al VIH viene de la desinformación, y tampoco le podemos pedir a la gente que esté informada cuando no hay una salud sexual coherente y efectiva. Yo me he encontrado con muchas personas con miedo, y ese miedo les hacía odiar, pero en cuanto te informas quizás dejas de ser idiota y dejas de odiar. Lo más importante es decir no a la ignorancia, y el lujo es poder hacer esto riéndonos, con humor", expresa.

No solo es importante rebatir todos esos falsos mitos sobre el VIH, sino también impulsar un cambio en el relato a nivel institucional y político. Decía la directora francesa Julia Ducournau, cuya película 'Alpha' también trata el tema, que en los 80 se instauró la culpa de forma deliberada para decirle a los hijos de la liberación sexual que ahora ellos iban a pasar miedo. Ahí están las campañas de Margaret Tatcher o la inacción de Ronald Reagan incluso con su amigo Rock Hudson. No ha habido apenas personalidades públicas que den un paso al frente para visibilizar que se puede convivir con la enfermedad y hacer una vida normal. Además del actor, solo se supo de Freddie Mercury tras su muerte y de una estrella del baloncesto como Magic Johnson.

"Habéis sido malos, por tanto, que tengáis el sida o VIH es lo que os merecéis porque habéis estado en los márgenes de la sociedad haciendo locuras como es drogarse o tener relaciones homosexuales, y ahora os jodéis. Ese es el pensamiento que hay que combatir porque, aunque nos parezca desterrado, hay mucha gente que sigue pensando en el ‘algo habréis hecho’ con esta enfermedad. Me parece injusto, insultante y cruel", apunta Jordi Évole sobre la importancia de desmentir ese relato y crear uno nuevo.

Igualmente Eduardo Casanova recuerda que el VIH no es una cuestión de identidades sexuales, clase sociales o género, es algo transversal que nos puede afectar a todos. "El VIH no entiende de ideología. Una persona de un partido de ultraderecha también puede tener VIH y a mí me preocupa también la vida de esa persona porque va a sufrir. Hay que entender que el VIH atraviesa a todo el mundo más allá de cualquier ideología u orientación sexual. Todos merecemos tener una vida digna", reivindica.

En 'Sidosa' también se permiten experimentar con el cine dentro del cine. Ante una personalidad tan arrolladora como la de Eduardo Casanova, los directores del documental, Màrius Sánchez y Lluís Galter, incluyen el propio rodaje del cortometraje 'La peste rosa', una obra en la que el propio actor y director confronta su miedo al color rojo sin renunciar a su universo rosa. Un universo estético que hoy, tras hacer pública su enfermedad, también ayuda a releer su obra y sus obsesiones con personajes en los márgenes e incapacitados para hablar y ser besados, como esa Ana Polvorosa con un culo en la boca en 'Pieles'.

Tanto a Casanova como a Évole tampoco se les olvida la importancia del lenguaje y resignificar las palabras para cambiar el imaginario. En un tiempo donde se retuercen las expresiones con eufemismos que justifican la violencia y la represión, también es importante hacer el camino inverso. Y eso es justo lo que hacen con el insulto 'sidosa'. "Es un nombre reivindicativo. Es un nombre para decirle a todos los que han insultado diciendo 'sidosa' a Edu Casanova o gente con VIH que son unos idiotas y que ahora se van a enterar de lo que es bueno. Es un golpe encima de la mesa para decir, sí, sidosa, ¿y qué? Lo que era un insulto ahora se convierte en una reivindicación, y eso es importante con el momento que vive este país, ante un aparente retroceso e involución, es importante decir que no, que la tendencia no va para atrás, que seguimos adelante", concluye el periodista.

'Sidosa', que se estrenará en cines el próximo 23 de abril, trae luz y humor a una representación social y audiovisual que solo ha perpetuado el estigma. Bromean Évole y Casanova con que nadie espere una segunda parte de 'Philadelphia', ellos apuestan por la empatía, los cuidados y el amor, también con un precioso final en el que Ana Belén interpreta un tema escrito por el propio actor. Nos hacen falta estas historias porque, como registran estudios que se citan en el propio documental, solo el 11% de las personas con VIH lo hacen público, son visibles. Entre un 15 y un 17% no se lo dicen a nadie durante su vida, es decir, viven en esa cárcel interior y en esa soledad una enfermedad que hoy día tiene tratamiento y no es causa de muerte.

José M. Romero

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