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Flores blancas para que tu jardín huela a primavera

Hoy vamos a repasar algunas de estas flores que tienen algún tipo de fragancia, y especialmente nos detendremos en las que tienen flores blancas

Flores blancas para que tu jardín huela a primavera

Madrid

Con la llegada de la primavera, llegan las flores, y muchas de ellas lucen unos colores irresistibles para atraer a todos los animales polinizadores. Se ponen sus mejores galas para avisarles que tienen alimento para ellos, en forma de polen y de néctar. A veces, solo van a ofrecer el polen, que también es un alimento muy energético; ese es el caso de las amapolas (Papaver rhoeas), por ejemplo, que son muy ricas en un polen violáceo, pero no producen néctar.

Pero, además de estos colores, de estas señales de aviso para los polinizadores, muchas especies de plantas se acompañan de unos perfumes sofisticados para atraerlos con aún mayor intensidad. Hoy vamos a repasar algunas de estas flores que tienen algún tipo de fragancia, y especialmente nos detendremos en las que tienen flores blancas.

Los aromas de las flores blancas que vuelven por primavera

El azahar

Quizás sea una de las primeras flores blancas con buen aroma que nos vienen a la cabeza, sin duda. El azahar es la flor que tienen muchos de los cítricos que cultivamos en España: naranjos, limoneros, pomelos, cidros, mandarinos... Todas estas flores suelen tener como base cinco pétalos de textura algo carnosa, con una forma de estrella muy bella.

Un día ya comentamos de dónde proviene la palabra «azahar», según el Diccionario de la Lengua Española. Significa alto tan sencillo como «flores», por una derivación del árabe clásico. Nosotros tenemos en la terraza dos cítricos que producen este azahar: el kumquat (Citrus japonica ‘Nagami’) y el naranjo trébol (Citrus trifoliata). Este último todavía está muy chiquitín, habrá que esperar un poco más de tiempo a que crezca, porque ha cumplido solo dos años y puede que todavía sea pronto para que florezca.

El aroma de azahar es dulce y suave, pero tiene una intensidad muy especial que flota en el aire. Tiene un recuerdo a jazmín, que será otra de las plantas de las que hablemos hoy. Justamente ahora empezarán a florecer muchos de estos cítricos, cuya temporada de floración se alarga hasta el verano, dependiendo de la región y de la especie de cítrico. Nuestro kumquat, por ejemplo, comienza a florecer entre la última semana de mayo y la primera de junio, así que todavía le quedan unos meses.

Azahar chino

Hay otra planta de flores blancas aromáticas que me gusta mucho, y que hace un guiño al azahar de los cítricos. Se llama azahar chino, y se corresponde con la especie Pittosporum tobira. No pertenece a la familia de los naranjos y limoneros, sino que está enclavado en la familia de las pitosporáceas. Aún así, cuando florece a finales de primavera abre unas pequeñas flores blancas que tienen la misma base aromática que las de los cítricos. Yo siempre recuerdo que, cuando empiezan a florecer los pitosporos, ya encarábamos la recta final del curso escolar.

El jazmín

Quizás el jazmín sea, junto con el azahar, las dos flores blancas aromáticas más reconocidas en muchas regiones de España. El jazmín no es una sola especie, sino que encontramos varias muy habituales todas: Jasminum officinale, Jasminum grandiflorum, Jasminum polyanthum... Este último, al contrario que las otras dos especies —que florecen continuamente en época cálida—, florece una sola vez al año, en el entorno de mayo, para no volver a hacerlo hasta el año siguiente.

En Almería, en su alcazaba, descubrí hace un tiempo el jazmín mandarino (Jasminum simplicifolium subsp. australiense), un jazmín con unos seis pétalos alargados, maravilloso también, aunque menos frecuente.

Jazmín estrella

Nosotros tenemos en la terraza dos jazmines, si bien uno no es un verdadero jazmín, aunque se llame jazmín estrella. Este es el Trachelospermum jasminoides, una planta trepadora frecuentísima por todos lados, de hojas verde oscuro brillante y gruesas, que seguro que los oyentes han visto en algún momento. Florece entre mayo y junio, y la planta entera se vuelve blanca casi por completo, de la enorme cantidad de pequeñas estrellas blancas que produce. Como los jazmines verdaderos, este jazmín estrella tiene un perfume fuerte e intenso, dulcísimo. Aunque he de decir que me he encontrado a muchas personas que este aroma no les gusta, y más bien les repele, por su intensidad.

La gardenia

Este arbusto es otro de los perfumes más reconocibles en cuanto a flores blancas con algún tipo de fragancia. Todavía tengo pendiente traer una gardenia a la terraza, porque no nos puede faltar, algo que ya hablé con Àngels en el pasado, y que esta primavera puede que venga a vivir una con nosotros. El nombre científico de quizás su especie más cultivada ya lo dice todo: Gardenia jasminoides, el mismo apellido que tiene nuestro jazmín estrella, Trachelospermum jasminoides. Este apelativo significa «como el jazmín», y en ambos casos hace referencia tanto a su perfume como a su color blanco, similares a los del jazmín verdadero.

El perfume de la gardenia es quizás aún más intenso que el de los jazmines, puede que por contar también con unas flores de mayor tamaño, de pétalos que se enroscan sobre sí mismo, en una mezcla entre la forma del jazmín y de las rosas. A esta planta, como a otras de flor blanca, les ocurre que, a medida que la flor envejece, adquiere unos tonos crema, antes de marchitarse y caer.

La rosa

Dentro de las rosas hay muchísimas blancas muy perfumadas. Una de mis favoritas es una rosa antigua, que se cultiva desde tiempos inmemoriales, se cree que al menos desde antes del siglo XV: la rosa alba (Rosa × alba). Hay varios cultivares de esta rosa, con más o menos pétalos, pero todos ellos con ese perfume inconfundible de la rosa, que tiene toques a té negro, a jazmín muy suave, a rosa, a fin de cuentas. Son unas esencias tan sutiles y complejas que entran por la nariz pero que acaban enamorando a quien las huele.

Otras flores muy aromáticas

Enumero otras flores blancas perfumadas imprescindibles en el jardín y en la terraza, a riesgo de dejarme otras más fuera: los alhelíes blancos (Matthiola incana), las trompetas de las brugmansias (Brugmansia spp.), de nuestras mielarias (Lobularia maritima) en la terraza, de la cala (Zantedeschia aethiopica) y su ligero perfume entre dulce y ácido, y, por supuesto —ahora que estamos en época de floración de plantas bulbosas—, del narciso (Narcissus cv.) y del jacinto (Hyacinthus orientalis cv.).

Y, aunque no apreciemos estos perfumes, siempre nos quedará la belleza de la flor, por sus colores o por su tacto también.

Eduardo Barba

Eduardo Barba Gómez es jardinero, investigador...