El Frankenstein que un actor rechazó por no ser "lo suficientemente sexy"… y que luego lamentaría
No solo renunció a un personaje que se convertiría en uno de los más influyentes del cine de terror, sino que abrió la puerta a su mayor rival artístico

El actor que dijo ‘no’ al papel que marcaría para siempre el cine de terror.
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Madrid
El estreno de La novia, la nueva película dirigida por Maggie Gyllenhaal que reinterpreta con libertad el clásico La novia de Frankenstein, y la reciente versión firmada por Guillermo del Toro, han devuelto a la actualidad uno de los monstruos más fascinantes del cine. Un personaje nacido hace más de dos siglos de la imaginación de Mary Shelley, moldeado por la Universal en los años treinta y reinterpretado en decenas de películas hasta convertirse en un icono cultural. Pero la historia de su llegada al cine podría haber sido muy distinta.
El primer nombre que Universal barajó para interpretar al monstruo en 1931 fue el de Bela Lugosi. Acababa de convertirse en una estrella de culto tras el éxito de Drácula, y los estudios pensaron que su presencia sería garantía de taquilla. Pero Lugosi no lo vio claro. "Después de hacer Drácula, los estudios me ofrecieron hacer Frankenstein, pero yo lo rechacé. El papel no era muy sexy que digamos", recordaría años después. Temía que el maquillaje hiciera imposible reconocerle y que su aura de seducción vampírica, recién adquirida, se diluyera bajo capas de látex.
Ese error tuvo consecuencias. Lugosi no solo renunció a un personaje que se convertiría en uno de los más influyentes del cine de terror, sino que abrió la puerta a su mayor rival artístico. Porque aquel papel, el que él rechazó por no ser "atractivo", terminaría lanzando la carrera del actor que se convertiría en su némesis cinematográfica: Boris Karloff.
En aquel momento, Karloff no era nadie. Un actor secundario que encadenaba papeles invisible para el gran público. Su destino cambió cuando James Whale, director del filme, se lo encontró por casualidad en el comedor del estudio. Aquel rostro afilado, casi cadavérico y su mirada penetrante llamó su atención. El maquillaje del legendario Jack Pierce terminó de dar forma al mito: la frente abultada, las cicatrices, los pernos en el cuello, los párpados pesados cubiertos de cera para restar viveza a la mirada.
El éxito del filme fue inmediato. El público gritaba, salía corriendo de las salas, se tapaba los ojos mientras escuchaba el famoso '¡Está vivo!¡. La cinta definió la iconografía del monstruo durante generaciones y convirtió a Karloff en una estrella internacional.
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Paco Rabal, Frankenstein y ‘El temible burlón’
Desde entonces, el personaje ha resucitado una y otra vez: en adaptaciones fieles como la de Kenneth Branagh, en experimentos como los de la Hammer, en parodias como El jovencito Frankenstein, en animación, en ciencia ficción, en revisiones posmodernas e incluso en ficciones de serie B que bordeaban lo absurdo.




