Se supone que este es el nuevo orden del mundo: siempre al borde de que pase algo peor
Las nuevas reglas se parecen mucho a las viejas. Si Europa no puede guardar el orden para oponerse a ellas, conviene guardar al menos la memoria
Madrid
Hubo un genocidio, y no ha pasado nada. Netanyahu sigue en el mismo sitio e impulsa una guerra junto con Trump, que ya dijo que si no le daban el Nobel no se sentía obligado a pensar en la paz. Ha pensado en la guerra, que iba a ser para unos días y luego para unas semanas y luego iba a durar lo que hiciera falta mientras, a la vez, la daba casi por terminada. Se supone que este es el nuevo orden del mundo: siempre al borde que de pase algo peor.
Europa ya no puede ser guardiana del viejo orden mundial, dijo de pronto Ursula von der Leyen, quizá creyendo -creyendo en serio- que Europa había guardado ese orden cuando ella misma fue al campo de golf de Trump a firmar con él el acuerdo comercial. O que lo había guardado frente a un genocidio que se practicó ante los ojos del mundo. Y no ha pasado nada.
El nuevo orden mundial: la impunidad, la ley del más fuerte y la certeza de que los planes de guerra no cambian ni con los muertos ni con los desplazados. Solo cambian si sube mucho el petróleo. Las nuevas reglas, se parecen mucho a las viejas. Si Europa no puede guardar el orden para oponerse a ellas, conviene guardar al menos la memoria.





